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¿Qué es el ‘Phubbing’?

Todos hemos pasado por ese momento en que sostenemos una animada conversación con una persona que nos importa, y de pronto esta desvía los ojos hacia su celular (...).

  • Carla Guelfenbein

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Hasta hace un par de semanas no había oído nunca hablar de ‘phubbing’. Tal vez usted tampoco. Sin embargo, le aseguro que ha sido cientos de veces, por un lado, víctima de él, y, por el otro, perpetrador. ‘Phubbing’ es el acto de atender más al celular que a la persona que tenemos al frente.

Estoy segura de que todos hemos pasado por ese momento en que sostenemos una animada conversación con una persona que nos importa, y de pronto esta desvía los ojos hacia su celular e inicia un diálogo paralelo con ese ser invisible que ha interrumpido desde la pantalla. O al revés, somos nosotros que de pronto vemos encenderse la lucecita del WattsApp y entusiasmados cogemos el celular para atenderlo.

Es una pequeña y rápida acción, “sin importancia”, que pretendemos pase casi inadvertida, pero que sin embargo, como puntualiza la sicóloga de Stanford Emma Seppälä, “interrumpe de forma dramática la interacción real de persona a persona”. También se ha demostrado que el ‘phubbing’ afecta la salud mental, pues cuando nuestro interlocutor coge el teléfono y desatiende nuestra presencia nos sentimos ignorados, aislados, y en muchos casos puede llegar a generar una verdadera baja de autoestima.

Pero, ¿qué hay detrás del ‘phubbing’? ¿Por qué nos vemos impelidos a no estar plenamente presentes y necesitamos introducir una segunda o tercera realidad al instante que estamos viviendo, aun cuando lo estemos pasando bien y ese instante sea para nosotros importante? Se me ocurren varias razones. La primera es la más obvia: quien así actúa está con los tiempos.

El ‘multitasking’ es un signo de modernidad, de juventud, de flexibilidad mental, de eficiencia. Nadie quiere quedarse atrás. La completa rendición al momento presente es para los viejos, para aquellos que se quedaron con la idea de que solo existe lo que se puede ver y tocar. También, y esto se deriva de lo anterior, el ‘phubbing’ es una forma de darnos importancia. Atender plenamente a tu interlocutor es una señal de que no tienes otro mundo que te aguarda allá afuera, impaciente porque vuelvas a él.

Nuestro aparatito representa las mil oportunidades emocionales, laborales, panoramas y citas que claman por nosotros, por nuestra apreciada presencia. Si estamos allí con alguien, le estamos dando más de lo que le otorgamos a quienes nos aguardan tras la pantalla del celular, pero “por favor, no nos pidan que lo demos todo. No están los tiempos para eso”. La tercera razón que se me ocurre es también muy obvia, sin embargo es impresionante cómo hasta las mujeres y hombres más azuzados caemos en ella.

La presencia de nuestro aparatito es una señal de descompromiso. Pero lo interesante es que no necesariamente es la señal que queremos enviar. Muchas veces lo que buscamos es todo lo contrario, pero usamos la pantallita como escudo para no poner en evidencia nuestros sentimientos y correr el riesgo de ser rechazados. Estoy, pero no estoy; te deseo, pero no te deseo; te quiero, pero no lo suficiente como para que seas el único foco de mi atención.

Y por último, este ir y venir de la realidad tangible a la virtual nos permite ocultar nuestra ineptitud, de modo que tal vez nuestro interlocutor, el que está frente a nosotros, ese que quizás aguarda de nosotros un mínimo signo de emoción -mientras nosotros aguardamos lo mismo- salga por la puerta hacia la calle, con la mirada puesta en su divino celular, frustrado, igual que nosotros, y no lo volvamos a ver nunca más.

Esos son los peligros del ‘phubbing’. Mientras intentamos atrapar en nuestra pantallita todas las oportunidades que nos ‘ofrece’ la vida, esta pasa por nuestro lado sin siquiera habernos visto.