Moda

Cuando los modistos jugaban a ser modelos

Kenzo sobre un elefante, Jean-Paul Gaultier vestido de papa y Vivienne Westwood encarnando a una cortesana junto a un hombre desnudo son algunas de las extraordinarias imágenes que Jean-Marie Périer plasmó a lo largo de diez años, cuando los grandes creadores de moda se prestaban al juego de reírse de sí mismos. La galería parisina Photo 12 exhibió recientemente estas fotos.

  • Florencia Sañudo

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A principios de los años 90 el fotógrafo Jean-Marie Périer regresó a Francia tras vivir diez años en Los Ángeles, durante los que se había dedicado a dirigir comerciales. Veinte años antes había abandonado su cámara de fotos para dedicarse al cine, a pesar de que gracias a esta había obtenido fama y fortuna como uno de los más prolíficos fotógrafos de la industria de la música popular.

En efecto, todos las estrellas musicales de entonces habían posado ante su lente: los Beatles (en incontables ocasiones), los Rolling Stones, James Brown, Miles Davis, Ella Fitzgerald, Bob Dylan, Marianne Faithfull y, por supuesto, todos los cantantes de la ola pop francesa de los años 60: Sylvie Vartan, Francoise Hardy, Johnny Hallyday y Jaques Dutronc, entre otros, muchos de los cuales se convirtieron en sus amigos. También fue el autor de fotografías míticas como la de Alain Delon utilizada recientemente para promocionar el perfume Eau Sauvage de Dior.

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Jean Paul Gaultier en París, septiembre de 1994.

En todo caso, Périer comenzaba a aburrirse en Estados Unidos cuando recibió la propuesta de su hermana Anne-Marie, entonces directora del semanario francés Elle, para regresar a París y fotografiar a los creadores de moda, propuesta que aceptó de inmediato. “Para la redacción yo era un poco demasiado ‘rock’ y no suficientemente ‘moda’, pero tuve la suerte de encontrarme en la misma situación que en los años 60, es decir con una total libertad de medios e imaginación”. Además, la coyuntura lo ayudó: “Los que habían sido rock stars en mi época eran entonces padres de familia y los modistos habían ocupado su lugar, con toda su fantasía, talento y los medios para inventar su vida”, explica Périer al sitio Culturebox.

Périer admite que entonces “no sabía nada de moda”, pero en sus fotos de los creadores aplicó la misma filosofía que lo había hecho célebre en los 60, es decir, una puesta en escena insólita y original. Por ejemplo, para fotografiar a Kenzo no tuvo mejor idea que hacerlo montar sobre un elefante en su estudio. “Disponíamos de medios increíbles que nos permitían, por ejemplo, alquilar un elefante. Una vez estuvo el paquidermo en el estudio, puse a sus amigos y miembros de su equipo a un lado, como si le estuvieran rindiendo homenaje”. Périer afirma que para él “lo divertido era poder hacer fotos que no tuvieran nada que ver con la realidad, ya que lo que siempre me interesó fue hacer soñar”, como explicó a la cadena de noticias Franceinfo.

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Karl Lagerfeld en Hamburgo, 1995.

Y, como difícilmente sucedería hoy en día, los diseñadores se prestaban a todas las excentricidades: Yohji Yamamoto de karateca, Sonia Rykiel de revolucionaria sobre una montaña de adoquines, Vivienne Westwood de cortesana junto a un fauno, Karl Lagerfeld bajo la nieve, Stella McCartney dormitando en un sillón, Christian Lacroix a los pies de Carla Bruni, Thierry Mugler como superhéroe vestido de cuero junto a Jerry Hall o Jean Paul Gaultier encarnando a un papa meditativo, con una cinta roja contra el sida en su sotana… Durante casi diez años todo el who is who de la moda posó para él. “¡Nos divertíamos todo el tiempo!”, confiaba recientemente.

De esa época le quedan algunos recuerdos imborrables, particularmente de las sesiones con Jean Paul Gaultier, que siempre se entusiasmaba cuando le proponían un disfraz, como “buen hombre de espectáculo que es”. “Creo que la idea de encarnar a un papa fue suya, así como la idea de ponerse la cinta roja contra el sida. Nada de lo que hacía me asombraba porque era y es un tipo de muchísimo humor que sabe divertirse. A mí me gusta la gente que sabe que lo que hacemos no es una cosa ‘seria’”, confió a Franceinfo.

Yves Saint Laurent, a quien conoció en los 60, era también uno de sus ‘modelos’ favoritos, pero por otros motivos. Périer recuerda con especial cariño la sesión que realizó con él en octubre de 1995. “Para esa foto instalé un gran telón rojo, quería que diera la impresión de estar diciendo adiós. De hecho, creo que fue su última sesión. No creo que haya hecho otras, ya entonces estaba harto…”. Trece años después, en mayo de 2008, se encontró por casualidad con él en un restaurante parisino y Saint Laurent le pidió una copia de esa foto. Obviamente, Périer le hizo llegar un tiraje al día siguiente. El 1º de junio YSL falleció, y ese mismo día el fotógrafo recibió un enorme ramo de flores con una tarjeta del modisto con unas palabras de agradecimiento. “Fue como un mensaje de ultratumba, puede imaginarse mi emoción. Ese ramo lo guardé hasta la última hoja, hasta el último pétalo”, dice.

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Vivienne Westwood en el Museo de la Wallace Collection, Londres, septiembre de 1994.

También evoca con cariño a John Galliano, “un muchacho extremadamente educado, muy incómodo por no saber hablar francés, para nada exuberante”, y a Karl Lagerfeld, a quien si bien fotografió muchas veces solo mostró una imagen, frente a su casa en Hamburgo, pues consideró que, luego de los enormes esfuerzos que él hizo para recuperar su línea, habría sido una falta de respeto exhibir las fotos de cuando le sobraban kilos.

De su período como fotógrafo en el mundo de la moda Périer eligió veinticinco imágenes que se exhibieron hasta el 12 de mayo en la galería parisina Photo 12, en la exposición que tituló “Fashion Galaxy”. Detrás de cada una de ellas hay una historia. Quizás la más graciosa es la que acompaña la foto de Vivienne Westwood. “Teníamos cita en un museo y ella no había prevenido a nadie que su novio de la época posaría desnudo a su lado. Cuando se apareció en traje de Adán, el director del museo, muy british, ni siquiera pestañeó… ¡como si fuera la cosa más natural del mundo!”, recordó en la entrevista en Culturebox.

A sus 78 años, Jean-Marie Périer habla de su período de fotógrafo con entusiasmo y una pizca de nostalgia. “En esa época se trabajaba de una manera totalmente diferente, por lo pronto ninguno de los sujetos, por más célebres que fueran, se preocupaba demasiado por su imagen. Jamás ninguno me pidió ver una foto antes de publicación. Y se los podía contactar directamente por teléfono.

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Kenzo montado en un elefante, París 1992.

Hoy están rodeados de encargados de relaciones públicas, todo el tiempo conectados al celular, es insoportable”. Tampoco puede “tragar” a los fotógrafos que se toman demasiado en serio y dan largas explicaciones sobre sus motivaciones. “Cállate y saca la foto”, ese es su consejo. Recientemente, en su gira promocional por los medios franceses, en la emisión de TV “Le Quotidien” le preguntaron cuál era para él la definición de una buena foto. Périer contestó sin dudar: “Una foto que aparece publicada”. Una respuesta que lo retrata de cuerpo entero.

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Yves Saint Laurent en octubre de 1995.