Columnas

Oiga, señora

Puede que esté narrando el momento exacto que firma mi paso a una nueva etapa, como ocurrió hace 10 años el día que conté la cantidad de productos de belleza que había en el botiquín de mi baño.

  • Carolina Pulido

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Encontré una columna que escribí, en este mismo y prestigioso medio, hace exactamente 10 años. Hablaba de la edad. Yo estaba a punto de cumplir 35 y me preguntaba en qué momento había dejado de ser joven. Y me dio como ternura. Tenía las primeras arrugas y afirmaba, muy convincente, que me daba lo mismo tener un cuerpo más viejo y que mi paso de la juventud a la adultez más tenía que ver con el acomodo, con el repentino protagonismo del factor plata en mi vida y la baja en el ranking de otros factores como ‘sueños’ o ‘poesía’. O peor aun, ‘magia’. Jajaja, esto último lo acabo de inventar. Creo que me burlo de mí misma. Otra cita para el bronce: “Ahora me molesta el ruido de los vecinos y, lo que es peor, valoro la estabilidad y la seguridad económica”. Siento tanta ternura.

Es curioso que esa columna se haya aparecido justo ahora, cuando estoy a pocos meses de los 45 y cuando me he descubierto bastante inquieta frente a la palabra señora. No es nada nuevo, hace 10 años ya me decían así en el supermercado. Lo novedoso es esto: tres días atrás, también en el supermercado, una mujer un poco menor que yo, que no era cajera ni promotora sino una clienta con su hijo en el carrito, me señoreó. Mi cara de desconcierto debe haber sido evidente porque se anduvo como asustando. Y yo, ofendiendo.

Es muy ridículo pero genuino: me ofendí. Y puede que esté narrando el momento exacto que firma mi paso a una nueva etapa, como ocurrió hace 10 años el día que conté la cantidad de productos de belleza que había en el botiquín de mi baño. La cantidad de productos que posees habla de tu edad aun más que tu misma piel, decía la columna. “¿Cuántos productos de belleza considera usted imprescindibles? ¿Más de cinco? Entonces usted ya no es joven”. Jajaja. ¿Será que el producto viene a llenar el vacío dejado por la sensación de inmortalidad de los 20 años? ¿Habrá alguien que de verdad crea que va a parecer más joven si usa más o mejores cremas?

A mi edad una se conforma con estar bien hidratada. Sabemos que nada hará que el trasero vuelva al lugar que un día ocupó (excepto que viniera un hada madrina o que repentinamente descubriéramos que amamos hacer ejercicio todos los días de nuestra vida) y comprenderlo, de alguna forma, es liberador. Por fin aceptas tu cuerpo. Queda solo aceptar que eres una señora. ¿Será posible? Digo, yo me siento internamente joven. Igual de joven que a los 35, incluso, y la palabra señora tiene una carga tan negativa. Señora es como vieja de mierda. Para mí, las señoras tienen el poto gordo. Eso es así y la culpa nuevamente es del patriarcado (otra palabra con carga negativa “que es mejor no usar porque… feminazi y todo eso).

El problema de la palabra señora es que también existe señorita. Ahí está la madre del cordero, y para variar es una molestia exclusivamente femenina. Propongo eliminarla. La palabra, y con ella, la molestia. Porque a estas alturas a quién puede importarle si estás casada o no, para ir al origen del término, y aunque a alguien le importara, es asunto tuyo. Con dos opciones basta: señor y señorita. Me niego a ser doña Tremebunda. Yayita forever.