Moda

Moda y catolicismo

La última muestra del Costume Institute del Museo Metropolitano en Nueva York -una de las más esperadas del año- es la más ambiciosa que ha hecho hasta ahora y puede que también sea la más controvertida. “Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination” explora los lazos entre el catolicismo y la moda, y la influencia de esta religión en el proceso creativo de diseñadores como Balenciaga, Dolce & Gabbana, Valentino y Versace.

  • Florencia Sañudo

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Fotos: gentileza ©Metropolitan Museum of Art

Todos los años en mayo, cuando la primavera comienza a afirmarse en Nueva York, el mundo de la moda se agita con impaciencia, pues es cuando comienza la exposición anual del Costume Institute en el Museo Metropolitano. A la gala que la precede -siempre el primer lunes del mes-, en la que los invitados deben vestirse según el tema de la muestra, asiste lo más granado del mundo del espectáculo y de la moda. La exposición de este año, “Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination” (Cuerpos celestiales: moda e imaginación católica), es la más ambiciosa hasta la fecha por la cantidad, calidad y origen de las piezas exhibidas y quizás la más controvertida, debido a la propuesta de mirar a una de las religiones con más fieles en el mundo como fuente de inspiración en el diseño de ropa.

Vestido de noche de Madame Grès, 1969.
Vestido de noche de Madame Grès, 1969.

La muestra presenta 150 prendas de alta costura que reflejan la imaginería del arte católico, ya sean cruces, escenas bíblicas o formas monásticas. No es casual que la mayoría de los autores de estos magníficos vestidos, como Elsa Schiaparelli, John Galliano, Riccardo Tisci, Christian Lacroix, Coco Chanel, Jeanne Lanvin o Jean Paul Gaultier, se criaran rodeados de estas imágenes inherentes al catolicismo.

Coco Chanel, por ejemplo, creció en un orfanato católico y su ‘petite robe noire’ con cuello blanco recuerda decididamente el uniforme que usó en su infancia y adolescencia. La imaginería católica la acompañó a lo largo de su carrera y se evidencia también en su frecuente uso de la cruz bizantina en sus piezas de bisutería. Más recientemente, los mosaicos dorados bizantinos y venecianos de la catedral Monreale de Sicilia inspiraron a Domenico Dolce y Stefano Gabbana para su magnífica colección otoño/invierno 2013, y la basílica San Vitale de Ravena fue la fuente de inspiración de Gianni Versace para su colección otoño 1997, que sería su última.

Modelo de la colección O/I 2013, Dolce & Gabbana.
Modelo de la colección O/I 2013, Dolce & Gabbana.

“Como curador siempre me interesé en lo que existe detrás del acto y del impulso creativo -dijo Andrew Bolton en la presentación oficial de la muestra en Roma realizada en noviembre-, y siempre me impactó la manera en que la religión, el catolicismo en particular, aportó a estos diseñadores una riqueza de imaginación, una tradición del relato y una cierta visión del mundo”.

Conjunto de noche John Galliano para Dior Alta Costura O/I 2000-2001.
Conjunto de noche John Galliano para Dior Alta Costura O/I 2000-2001.

Influencias monásticas

La exposición se extiende a lo largo de veinticinco galerías y se divide entre el museo de 5ª Avenida y el Met Cloisters, el museo medieval al norte de Manhattan. Una parte de las prendas de alta costura se exhibe en las galerías de arte bizantino y medieval, acompañadas de obras de arte de la colección del museo. Allí se exploran las facetas más suntuosas de la imaginería de la Iglesia. Un reluciente vestido de noche de Versace con una cruz desde el escote hasta el dobladillo se expone junto a una cruz procesional del siglo XI; la cobertura de una biblia del siglo XVII acompaña un vestido de Valentino con un llamativo motivo de Jardín del Edén; un conjunto en brocado dorado de Dolce & Gabbana se exhibe junto a un fragmento de piso de mosaico bizantino del siglo VI.

 Vestido de noche de Jeanne Lanvin, 1939.
Vestido de noche de Jeanne Lanvin, 1939.

La contraposición de moda y arte medieval permite conectar la expresión con su fuente de inspiración. “Algunas de las prendas se relacionan directamente con el arte expuesto en las galerías, y a través de yuxtaposiciones creamos diálogos entre moda y obras de arte religiosas medievales y renacentistas”, explica Bolton.

Otra parte de las prendas, la que se expone en el museo medieval del Cloisters, explora la faceta más austera del catolicismo. Aquí los dorados bizantinos dan lugar a la severidad de las órdenes monásticas como lo evidencian modelos como un vestido de novia de Balenciaga de 1967 (“una proeza de la ingeniería”, según Bolton) o un vestido de noche de Madame Grès que recuerda claramente una túnica franciscana. “Moda y religión siempre han estado en correlación, inspirándose e influyéndose mutuamente. Si bien esta relación ha sido complicada, ha dado vida a algunas de las creaciones más originales e innovativas de la moda”, afirma Bolton.

Conjunto de Viktor & Rolf, O/I 1999-2000.
Conjunto de Viktor & Rolf, O/I 1999-2000.

Sin embargo, si algo puede reprochársele a la curaduría de la muestra es que su definición de la moda es casi exclusivamente europea. A excepción de la cubano-americana Isabel Toledo no hay otro diseñador latinoamericano presente. Y resulta difícil creer que no haya habido otro en un continente eminentemente católico que se haya inspirado en la iconografía cristiana.

Tesoros del Vaticano

A fin de no herir susceptibilidades, se prestó particular atención a no reunir moda y objetos vaticanos en las mismas salas. Las obras de arte eclesiásticas provenientes de la sacristía de la Capilla Sixtina -vestimentas papales, accesorios, anillos y tiaras- se exhiben en el Anna Wintour Costume Center, en el museo propiamente dicho.

Aun así, el debate se perfila, pues hay quienes reprochan a la muestra el romantizar el lujo eclesiástico justamente cuando el papa Francisco, quien renunció a las opulentas vestimentas litúrgicas, trata de alejar a la Iglesia de esta imagen. Pero independientemente de la convicción del Papa, las autoridades vaticanas no solo terminaron cediendo a la insistente solicitud del curador sino que se entusiasmaron con el proyecto.

Cruz de relicario, Italia, s.XIV.
Cruz de relicario, Italia, s.XIV.

Bolton y su equipo comenzaron sus conversaciones con el Vaticano en 2015 y desde entonces viajaron a Roma ocho veces. “Cada vez que íbamos, entrábamos más y más en el santuario interior. En la Capilla Sixtina hay una pequeña puerta que da a una serie de salas consecutivas. Creo que a medida que tenían más confianza en nosotros o se interesaban más en la exposición, más puertas se abrían -literalmente-, hasta llegar a la última sala donde estaban guardadas las tiaras papales, los anillos, las joyas”, recuerda.

Los tesoros incluyen una asombrosa tiara compuesta de tres coronas cubierta con 18.000 diamantes, regalo de la reina Isabel II de España al papa Pío IX; una mitra muy alta y pesada, obsequio de Mussolini al papa Pío XI en conmemoración de la firma de los Pactos de Letrán en 1929; una capa bordada en hilos de oro de Benedicto XV (1914-1922) y hasta un par de slippers rojos de Juan Pablo II.

Biblia inglesa de 1607.
Biblia inglesa de 1607.

Greg Burke, director del servicio de prensa de la Santa Sede, confió al New York Times: “La Iglesia Católica Romana ha producido y promocionado hermosas obras de arte durante siglos, a través de la pintura y de la arquitectura. Esta es otra manera de compartir algo de esa belleza que rara vez se ve”. El cardenal Gianfranco Ravasi, ministro de cultura de facto del Vaticano, quien escribió la introducción del catálogo de la exposición, no duda en afirmar que “desde las primeras páginas de la Biblia, Dios entra en escena como el creador pero también como sastre, diseñando las vestimentas de Adán y Eva. Dios se preocupa de vestir sus criaturas y esto representa la génesis del significado de la ropa”. Quizás una ligera extrapolación, pero suena bonita… y adecuada.

Moda Vaticana

A partir de la segunda mitad del siglo XX se produjeron numerosas reformas en la vestimenta vaticana. El papa Pío XII ordenó cortar por la mitad las colas de 2,7 m de los cardenales, haciendo inútil la presencia de lacayos. Respondiendo al espíritu del Concilio Vaticano II, Pablo VI se deshizo de la tiara papal, redujo la altura de la mitra y dejó de dar anillos con zafiros a los nuevos cardenales. Francisco, el actual Papa, abandonó los zapatos rojos y cambió la cadena y cruz de oro por una de plata.

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