Moda

Los 60 bajo el ojo de Peter Knapp

Pareciera ser que no nos cansamos nunca de los años 60, y así lo prueba la exposición que propone la Cité de la Mode et du Design de París, que rinde homenaje al fotógrafo Peter Knapp, una de las estrellas de la década, con más de cien de sus fotos, muchas de ellas inéditas.

  • Florencia Sañudo

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Peter Knapp pertenece a esa generación de fotógrafos que, junto a David Bailey, Terence Donovan, Guy Bourdin o Sarah Moon, aportó desparpajo e insolencia a la manera de mostrar la moda. Las fotos de Knapp, reunidas en la muestra de la Cité de la Mode et du Design son un claro ejemplo de esa nueva actitud que invadió las revistas y la publicidad en las décadas de los 60 y 70: modelos corriendo por la calle, posando en la playa, flotando en el espacio, divirtiéndose frente a la cámara; una mano dentro de un zapato de plexiglás; un rostro semiescondido bajo una melena a la garçonne.

Hoy en día esta nueva estética no nos sorprende. Pero para comprender su fuerza y su dimensión es necesario ubicarse en el momento en que aparecieron por primera vez. Entonces no sólo eran originales sino revolucionarias, ¡la moda nunca había sido representada así!

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Para DIM, año 1960.

La década en que todo cambió

Corría 1951 cuando el suizo Peter Knapp llegó a París. Tenía 20 años y tras haber estudiado artes aplicadas en Zúrich venía empapado de los principios de la Bauhaus, la corriente gráfica alemana de principios del siglo XX que había absorbido durante sus estudios. Todo indicaba que seguiría en el camino de la arquitectura o el diseño, como hubiera sido lógico; sin embargo, rápidamente se encontró trabajando para la prensa.

En efecto, ya desde el principio de su carrera se encaminó hacia el mundo editorial, trabajando para la revista femenina Le Nouveau Femina, para las Galeries Lafayette, para la muy tradicional editorial Gallimard y para la publicación literaria Nouvelle Revue Française, cuyo logo, aún en uso, rediseñó.

Pero su pasión más profunda era la pintura, en particular el estilo abstracto que practicaba con convicción. Convencido de que en Estados Unidos podría vender sus telas partió para Nueva York; sin embargo, allí su carrera no despegaría como él esperaba. “Eran los principios del pop art -confiaba al diario Le Monde-, la pintura abstracta no marchaba”. Un día, a fines de 1959, recibía un llamado desde París que cambiaría su vida. Era Hélène Lazareff, directora del semanario femenino Elle, que ella había fundado quince años antes, para proponerle la dirección artística. Su misión: ‘desempolvar’ la moda francesa.

Por cierto, a principios de la década del 60 en las páginas de las revistas todavía reinaban la alta costura tradicional y sus códigos, aun si estos ya estaban desconectados del público joven, deseoso de cambios radicales.

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Para Marie Claire, febrero 1972.

Yo mismo, al principio de mi carrera, tenía una tendencia a ser serio. No hay que olvidar que soy suizo. Pero, no sé por qué, de repente me sentí propulsado por una desfachatez increíble. Quise deshacerlo todo. Tomé jóvenes diseñadores y los impulsé a inventar, a atreverse, a moverse constantemente…”, comentaba al semanario Le Nouvel Obs.

Así, bajo su dirección artística todo cambió. Los títulos, la tipografía, pero sobre todo las fotos que realizaba él mismo o encargaba a otros fotógrafos, especialmente a sus colegas anglosajones, cuyo trabajo, más atrevido, admiraba.

Bajo su dirección, adiós a guantes y sombreros así como a las poses consabidas y las escenografías repetidas: Knapp sacaba las modelos a la calle, a la playa, a lugares exóticos o a los más banales. Las modelos ni siquiera eran profesionales, sino chicas descubiertas en la calle, “chicas felices a quienes este asunto de la moda les divertía con locura. La idea era mostrar la ropa en movimiento y por eso las hacíamos caminar, correr, subir, bajar, saltar”, dice.

Y en esa época, aclara, un flash tardaba 25 segundos en recargarse. “Todo era extremadamente lento. Reflejar el movimiento en esas condiciones ¡era un delirio!”.

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Pat Cleveland y Donna Jordan, 1972.

“Los fotógrafos no somos Rembrandt”

En los años 70 sus fotos, que publicaron Vogue, Stern o The Sunday Times, canalizaban libertad y ligereza, y su nombre se estableció junto a los de monstruos sagrados como Richard Avedon, William Klein o David Bailey. Pero si Knapp obtuvo un reconocimiento gracias a la fotografía de moda este no fue su único medio de expresión. Su visión se extendió a su trabajo como diseñador gráfico, pintor y cineasta, particularmente en la factura de cortos para la emisión “Dim Dam Dom”, dedicada al público femenino, que revolucionó el panorama de la TV francesa.

Hoy, a sus 87 años, Peter Knapp se dedica al dibujo y saca fotos con su iPad. “Pero si excedo diez a doce tomas me aburro. Cuando algo me inspira, lo ataco, y si veo que no estoy proponiendo algo nuevo, paso a otra cosa. Hago lo que decía Man Ray: “Cuando el tema es para pintar, pinto. Cuando es para dibujar, dibujo. Cuando es para fotografiar, fotografío”, decía al Nouvel Obs.

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Para Elle, Saintes Marie de la Mer, 1960.

Knapp no siente ninguna nostalgia por esa época. “Todas estas fotografías parecen estar muy lejos”, dice, y si bien mantiene una afición por estas imágenes pop, está muy al corriente de lo que pasa hoy en día en la moda y observa con humor que “hoy una imagen de moda perfecta es Kate Moss en pantuflas comprando puerros. Y ¿por qué no?”, comentaba a Le Monde. Por supuesto le alegra que su trabajo reciba elogios, pero dice: “No debemos exagerar. Los fotógrafos hacemos artes aplicadas, nada más. No somos Rembrandt”.

La calle en la calle

Como una prolongación de la exposición de la Cité, las fotos de Peter Knapp se exhiben también en el gran terraplén de la Gare de Lyon, la bulliciosa estación de trenes parisina. Los viajeros y transeúntes pueden apreciar una treintena de imágenes del fotógrafo tomadas en la calle, en los años 60. La calle se convierte así a la vez en tema y en marco, una idea que divierte enormemente a su autor.

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Para Vogue, Rita Scherrer, París 1967.
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Para The Sunday Times, Nicole de Lamargé, Pierre Cardin, 1966.