Entrevistas

La otra mujer fantástica

El 2014, cuando Daniela Vega no imaginaba lo que vendría en los próximos años, cuando aún podía caminar tranquila por el barrio Bellas Artes, justamente allí, conoció a Ana López. Bastó un almuerzo para que, además de su gran amiga, se transformara en su diseñadora, la mujer detrás de su impecable look clásico y quien ha estado con ella desde el principio durante todo este proceso, y sin pedir nada a cambio.

  • Patricia Morales

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Es lunes a las 9 a.m. y la actriz Daniela Vega sale de su departamento con anteojos oscuros, un sombrero y un pañuelo desechable que deja en evidencia su estado de salud. “Me siento pésimo”, es lo primero que dice al subir al móvil que la llevaría a la producción de fotos para esta entrevista.

Los últimos meses, desde que “Una mujer fantástica” ganó el Oscar por “Mejor película extranjera”, donde ella es la protagonista, la agenda de Daniela ha estado sobrepasada de invitaciones a eventos, sesiones de fotos, viajes y otros compromisos que, dice, le están pasando la cuenta.

Ya en el estudio fotográfico Daniela se sienta frente al espejo sin interactuar mucho con nadie. El productor le presenta algunas referencias y ella se mantiene seria y distante. Pero todo cambia cuando llega Ana López, su diseñadora y amiga. En ese momento aparece la primera sonrisa de Daniela y su actitud corporal comienza a demostrar comodidad y confianza.

Son amigas hace 4 años, mucho antes de que Daniela fuera tan conocida como es ahora. En ese tiempo pasaban largas horas juntas. Iban a comprar a la Vega, se juntaban en cafés y participaban de marchas por la diversidad sexual. Fueron justo los años en que la carrera de Daniela comenzaba a despegar y Ana fue parte de cada decisión y quien la ayudó a prepararse para la exposición internacional que vendría.

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¿Cómo se conocieron?
DV: Nos conocimos el 2014, ella vivía en el barrio Bellas Artes y yo trabajaba en una peluquería cerca. Todos los días veía pasar ese cuerpo hermoso, con unos abrigos increíbles y yo decía “qué ganas de conocerla, saber qué hace”.
AL: ¡A mí me pasaba lo mismo! La miraba y pensaba “qué ganas de vestir a esa mujer, me encantaría, se vería elegante, increíble”, pero como me miraba con cara de pesada, entonces no me atrevía a acercarme…
DV: Es que yo soy ‘pesá’.
AL: Un día nos encontramos en un evento y ahí nos saludamos por primera vez. En ese momento ya éramos ‘amigas’ de Facebook, así que al día siguiente le escribí y le dije que si algún día quería que la vistiera, me avisara. ¡Me contestó altiro! Al día siguiente nos juntamos a almorzar y después de ese almuerzo éramos las mejores amigas, para siempre.

Entonces, Daniela, no eres tan pesada…
AL: ¡Es brava!
DV: Es que a mí no me interesa caerles mal a las personas, yo creo que hay gente que me quiere y yo quiero a alguna gente, y con esa gente obviamente soy simpática y cariñosa.

Fueron varias las razones de la sinergia inmediata entre estas dos mujeres. “Justo en ese momento las dos veníamos aporreadas y adoloridas del corazón”, cuenta Ana, que hace poco se había separado de su exmarido, con quien estuvo más de veinte años. “La Dani también estaba recién terminada, ambas nos encontrábamos en ese momento en que uno se atreve a salir otra vez sola, que no es fácil, así que fuimos un gran apoyo”, recuerda.

DV: ¿Te acuerdas cuando te mostré ‘Artaserse’?
AL: Sííí, me hiciste pedazos.
DV: Es que es impresionante.

Ambas fanáticas de la ópera, pasaron largas tardes pasando las penas, escuchando esta música y conversando. “Es muy linda la amistad que hemos construido; ella me ha enseñado mucho, de muchas cosas, y yo de todo lo que sé. Nos hemos repartido conocimiento”, cuenta Ana.

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De Bellas Artes a Europa

Lo primero que Ana diseñó para Daniela fue una falda con estampado frutal que usó en el Festival de Cine de Juiz da Fora, en Brasil, el 2015, y que el año siguiente llevó también al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en Cuba. Pero la primera alfombra roja ‘grande’ para la que tuvieron que prepararse fue en el Festival Internacional de Cine de Berlín 2017.

¿Cómo fue ese proceso?
AL: Trabajé un poco imaginándome lo que podía pasarle a la Dani. Yo no tenía idea de cómo iban a ser sus panoramas, en qué mundo se iba a mover, porque igual tengo amigos que han estado en ese festival, pero como parte del equipo de trabajo de las películas no se mueven en los ambientes en los que se mueve la Dani, con actrices, alfombras rojas, cenas…

¿Y qué llevaron?
AL: Armamos 16 tenidas para seis días.
DV: Es que al principio eran seis días, pero me quedé dos semanas.
AL: Sí, la llamó el director del festival y le pidió que se quedara, que no se preocupara de los pasajes ni nada. ¡La trataron como reina!

¿Qué hicieron los ocho días restantes?
AL: Hablábamos todos los días. Ella me preguntaba cómo combinar algunas cosas, yo tengo superbuena memoria visual, así que a la distancia íbamos armando nuevas opciones.

¿Cuánto tiempo se prepararon?
AL: Trabajamos con tiempo porque, si bien no sabíamos exactamente lo que iba a pasar, presentíamos que sería una ocasión importante, así que muchas de las cosas que llevó fueron ‘por si acaso’.
DV: Además que yo estaba con diez kilos menos, entonces me quedaban cosas del clóset de la Ana.

¿Te complican esos diez kilos?
DV: Subir o bajar de peso no es un problema para mí en una alfombra roja, tal vez puede ser un problema para un personaje, pero nunca voy a querer estar más flaca por verme bien en un vestido. Siento que el desafío de un diseñador es trabajar sobre un cuerpo, y ese cuerpo tiene características, y por eso me gusta trabajar con la Ana, porque ella siempre sabe, gorda o flaca, cómo sacarle partido a mi cuerpo.

¿Cuál era el desafío en Berlín? ¿Qué imagen querían mostrar?
DV: Es que primero tienes que ver el contexto de la invitación, porque si es una alfombra roja chica, para qué te vas a poner un vestido con cola; si es una alfombra roja grande, pueden ser más opciones. Depende de lo que sea.

Sí, pero siempre hay una línea.
DV: Sí, siempre con mis perlas.
AL: Elegante siempre.

¿Y femenina?
DV: Me gusta verme cómoda. Siento que la femineidad pasa por un tema de actitud más que de ropa; yo he hecho personajes de hombre y no dejo de ser mujer por eso. Lo que pasa con la Ana es que ella sabe muy bien cómo vestirme, cómo ocupar mi cintura, cómo hacer que mi espalda se vea armónica, cómo manejar mi altura. Sabe también qué telas y estampados usar. Los estampados son complicados en un cuerpo grande como el mío, ella sabe cómo hacerlo. Su trabajo es muy artístico.

En esa oportunidad ¿buscaron apoyo de otros diseñadores o marcas?
AL: Lo hicimos, pero no funcionó en un comienzo. Tratamos de hablar con algunos pero no nos pescaron mucho.
DV: ¡Ahora no tengo tiempo para nadie más! (ríen).

Pero fuera de bromas ¿te molestó eso?
DV: No, es que es coherente también. O sea, en ese minuto la única que había ido a Berlín era la Pali García (la actriz). La película ha abierto el panorama cinematográfico en todo el mundo. ¿Cuántos festivales de cine en el mundo habían tenido presencia chilena antes de esto? Entonces, más que interés o que no pescaran, no había mucho conocimiento sobre este circuito de alfombras rojas. Ese es el punto, no me siento enojada, siento que cada uno está en la suya, y la Ana es mi amiga además de mi diseñadora, entonces hay una relación diferente. Además que cada diseñador está en su derecho de decidir si trabajar con gente o no. Hay diseñadores que les gusta trabajar con modelos talla 0, y yo soy talla 20, entonces no es algo que me lo tome a la personal.
AL: Además que los diseñadores chilenos sobreviven, no es tan fácil como llegar y pedir un vestido, no siempre tienen telas, tienen que invertir para comprarlas y luego se quedan con el vestido hecho a medida de alguien y no siempre lo pueden vender. Yo tengo guardada una cantidad de telas que he ido comprando en el transcurso de los años, que cuando las veo las compro sin pensar en cómo las voy a pagar. Pero de ahí ha salido mucho del trabajo que he hecho para la Dani. Eran telas maravillosas que tenía guardadas.

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La ropa, símbolo de identidad

Desde su infancia Daniela tuvo devoción por la ropa, las joyas y los zapatos. Se metía escondida al clóset de su abuela, se probaba sus zapatos y soñaba con usar sus vestidos. Ya adolescente y en su proceso de transición fue un elemento clave. “Lo interesante de la ropa es que te permite encontrar una identidad. Además, en mi caso fue parte de una estrategia para que mi familia entendiera que iba a ‘transicionar’.

Me empecé a vestir como gótica porque es una estética ambigua. Usaba charol, vuelos, corsés y maquillaje. Me permitía estar cómoda. El proceso duró aproximadamente tres años y al final de ese tiempo, de a poco, empecé a sacar algunas cosas, quedándome con lo más femenino, hasta armar mi imagen actual”, cuenta.

Dejando una prenda en cada paradero, como alguna vez lo describiste
DV: Claro, esa analogía habla de una transición, porque no hay nadie que se haya muerto. Yo nunca he hablado en tercera persona de mí. Sigo siendo la misma persona.

¿Y cómo es hoy tu relación con la ropa?
DV: Hay días que me importa mucho y otros que no tanto. Finalmente es un juego para mí.
AL: Bueno, igual siempre la ropa es un entretenimiento, uno se disfraza. Un día soy X personaje, y te la compras y te crees ese personaje del que te vestiste.

¿Cuál es el personaje que actualmente representa Daniela Vega?
DV: Lo que más me importa es no verme como todo el mundo, me gusta ser yo misma, aunque me vea más grande o más vieja con mis perlas, me da lo mismo.

Las perlas son lo tuyo…
DV: En realidad amo las joyas. No tengo casa porque tengo joyas. He comprado muchas, y en 45 millones de cuotas, pero da lo mismo, son algo que atesoro como los libros, los cuadros, o los abrigos que me ha hecho la Ana. He estado con gente muy importante, una vez Angelina Jolie (que me tiene mucha buena porque tiene un hijo trans) me preguntó por el abrigo de la Ana (uno gris que perdí en NY), y lo mismo me ha pasado con tanta otra gente. Como la famosa falda de frutas o el abrigo barroco dorado, muy famoso. Yo he estado al lado de actrices vestidas de Armani Privé y yo voy de Ana López, y me preguntan por los vestidos que hace ella. Eso a mí me hace sentir bien, porque no necesito nada más que alguien que tenga la voluntad de hacer algo lindo.