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¿De dónde vienen las ideas?

La inspiración parece ser un momento excepcional en el que se abren las puertas de nuestra percepción, un instante de lucidez glorioso, un estado particular de la mente.

  • Carla Guelfenbein

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La inspiración suele compararse con los unicornios. Algunos dicen haberla visto y otros dicen ni siquiera haberla olido. Pero la inspiración, la musa, el arrebato, está en el mundo desde que el ser humano existe. La inspiración parece ser un momento excepcional en el que se abren las puertas de nuestra percepción, un instante de lucidez glorioso, un estado particular de la mente.

Es efímera, esquiva, viene cuando no se la llama, y no está cuando se la necesita. No solo eso, también tiene un aspecto inconsciente que más vale no intentar apresar. Hay una fábula que expresa bien este carácter inconsciente y autónomo del impulso creativo.

Una cucaracha malintencionada le dice a un ciempiés:
-Es increíble la gracia con que mueves tus cien pies, ¿me podrías explicar cómo lo haces?
-Es muy fácil, mueves las cincuenta patas del costado derecho hacia adelante mientras que en sincronía mueves las cincuenta restantes del costado izquierdo hacia atrás, y luego al revés.

La cucaracha malévola le pide que por favor le haga una demostración de tan complicado mecanismo. Y el ciempiés no pudo moverse nunca más. La creatividad es alumbrada por una gracia ciega, que si intentas atrapar, se deshace. ‘La cucaracha’ no son solo los otros, sino también nosotros mismos, cuando intentamos con nuestras ideas demostrar cuán inteligentes somos, cuán únicos, cuán originales y ‘profundos’, cuando, en suma, no nos conectamos con la verdadera fuente de nuestra creación, que es por naturaleza profunda y brillante.

Pero, a pesar de ser la creatividad un soplo huidizo, hay ciertas actitudes que ayudan a cultivarla. Una de ellas, y tal vez la más recurrente como respuesta entre las personas creativas, es el ser capaz de mirar las cosas que hemos visto siempre desde otro lugar. Es lo que han hecho los grandes creadores y artistas, como Newton, Edison, Picasso, Joyce, etc… Un ejemplo reciente es el de la guionista de “Frozen” -la película animada más exitosa de todos los tiempos- cuando se preguntó si en lugar de que la protagonista fuera una malvada reina de las nieves, como en la historia original, no podría ser una reina con quien la vida hubiera sido cruel.

Una reina sufrida y atormentada. No solo se permitió mirar la clásica historia desde otro lugar, sino también escuchó y respetó sus propias dudas. La duda es parte intrínseca de la creatividad. Hay dos tipos de dudas, por supuesto, unas que paralizan, y que son las dudas con respecto a nuestra capacidad, a uno mismo, y las dudas con respecto a nuestras ideas. Estas últimas te energizan, te empujan a experimentar, a intentarlo.

Las dudas de uno mismo son inevitables, pero parte del proceso de crear es acallarlas y seguir adelante. El miedo al fracaso es también parte constitutiva de la creatividad. Pero lo que diferencia al creador del que no lo es, es que el creador, a pesar del miedo, lo intenta. Lo intenta una y otra vez, porque su miedo a no intentarlo es más grande que el miedo al fracaso. El creador sabe que al final nos arrepentimos más por aquello que no hicimos, que no intentamos ni arriesgamos, que por nuestros actos.

Otro elemento fundamental en la creación es estar ahí para ella. Si no estás atento cuando la musa toca tu puerta, pasará de largo. Esto significa crear un espacio donde las ideas puedan asentarse y florecer. Para mí, como he dicho antes, ese espacio es el silencio. Pero para otros puede ser lo contrario, su arena puede ser rodearse de gente y estar en contacto constante con el mundo. Cada uno tiene su propia arena, pero es fundamental encontrarla y sobre todo protegerla. Con uñas y dientes si es necesario. Solo entonces podremos ver el unicornio.