Moda

El plástico, una controvertida tendencia

Aunque en temporadas pasadas el acrílico o PVC ha tenido exitosos encuentros con el mundo fashion, este año se han vuelto a encontrar y se han convertido en un dúo inseparable; pero esta vez, eso sí, la tendencia ha sido mirada con más recelo. El empoderamiento de un sector que camina hacia una moda más sostenible -y que no ve con buenos ojos el uso de este material, que hoy es el principal contaminante de los océanos- no ha sido tan complaciente, convirtiéndose en una moda que para ciertos grupos sí incomoda.

  • Alejandra Villalobos

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Era la década de los 60 y diseñadores como André Courregès, Pierre Cardin y Paco Rabanne revolucionaban la industria con diseños elaborados con PVC. La estética moderna y futurista fue aplaudida y el uso de este material significó un progreso en la moda. Hoy, luego de intermitentes apariciones, algunas más exitosas que otras, el plástico vuelve a subirse a las pasarelas y es una de las tendencias ‘it’ de esta temporada, aunque esta vez no con tantos aplausos.

Karl Lagerfeld fue el primero en incluirlo en su colección SS 18, convirtiéndolo en el nuevo aliado del lujo. Sombreros de ala media y corte cuadrado, botines con puntera, bucaneras, guantes, gabardinas y hasta coleteros se enfundaron en la versión más transparente del PVC, combinándose con el clásico tweed multicolor de la firma francesa.

 

 

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Balmain fue otra de las firmas que recurrieron a este material para cubrir trenchs, zapatos de tacón y media caña, e incluso pantalones. Miu Miu, Calvin Klein, Tory Burch, Kenzo y Emilio Pucci fueron solo algunas de las firmas que también apostaron por el PVC.

En el street style la tendencia no demoró en llegar, y la ‘plasticmanía’ ya invadió el clóset completo; eso sí hay un accesorio que se ha vuelto especialmente viral: la cartera. Céline transformó una bolsa plástica en un verdadero objeto de deseo y lujo al estampar su nombre en negro (su precio es la mejor prueba: US$ 590, unos 350 mil pesos chilenos). Una tendencia que echa por tierra el misterioso mundo interno de las carteras, para dejar en total evidencia lo que se lleva en el interior.

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La otra cara de la moneda

En plena época de transformación hacia un mundo más sostenible, donde diversas marcas están apostando por una moda más ética y sustentable, era lógico que surgieran miradas más críticas frente a esta tendencia. “Luego de ver las recientes pasarelas, pensarías que el plástico es la nueva gran esperanza (…) De hecho, ha sido descrito como una “estética fresca” por las marcas en cuestión, pero dado que el plástico que hemos creado todavía existe en formas no edificables, la idea de crear más para usar en nuevas aplicaciones me parece más tonto que fresco”, escribía la periodista británica Lucy Siegle, experta en moda sustentable y ética, en una columna para el periódico inglés The Guardian.

Laura Novik, jefa del programa de diseño estratégico de las colecciones UC y activista del diseño sustentable desde la plataforma Raíz Diseño, no solo comparte la visión de Lucy, sino que va más allá.

“Seamos claros, no todos son sensibles a temas medioambientales ni sociales, sí existe una preocupación concreta vinculada a la supervivencia, pero en tanto y en cuanto esa supervivencia no esté puesta en jaque en el tiempo inmediato de las personas, el medioambiente no será percibido como un gran tema. Lo que las casas de moda están mostrando ahora da cuenta de que todas sus palabras y conceptos, en líneas generales, se las lleva el viento, y que suelen ser bastante doble estándar. Algunos, incluso, lo han planteado como una forma de llamar la atención, como un efecto superretorcido para alertar sobre este material (…) Estoy un poco cansada de las marcas con cierta ironía. La ironía muchas veces esconde verdadero desprecio por lo contingente; te cubre de temas que no te quieres hacer cargo, o que no puedes hacerte cargo, finalmente porque son empresas que necesitan lucrar. Y creo que los temas de sustentabilidad para las marcas de lujo, en general, son banderas que toman siempre y cuando les sean útiles”, dice.

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Life in plastic ¿is fantastic?

En 1997 un grupo pop danés llamado Aqua lanzó una pegajosa canción llamada Barby Girl que afirmaba “life in plastic is fantastic”, una frase que, surgida esta tendencia, se ha acuñado en cientos de publicaciones. “El plástico es visto como un producto versátil e indispensable; divertido y fantástico, y no digo que no lo sea, de hecho en una época significó progreso, pero hoy en día es una perversión”, dice Laura.

Pero ¿por qué se demoniza tanto este material? En un artículo del periódico The Guardian explican que desde la década de los 50 se han producido 8,3 mil millones de toneladas de plástico. Y aunque hoy existe un sistema de reciclaje, el ritmo y la fuga al medioambiente son tales que para el año 2050 en los océanos habrá más plástico que peces.

En el artículo también sostienen que de todos los residuos plásticos generados entre 1950 y 2015, solo el 9% fue reciclado, un 12% incinerado y un 79% acumulado en vertederos o en el medioambiente. En ese sentido, Laura cree que el gran debate en la moda está en la llamada libertad creativa.

“Es cierto que un diseñador, un artista o cualquier sujeto creativo tiene libertad para crear, para experimentar distintas formas, explorar diferentes materiales, porque al fin y al cabo de eso se trata la moda. Pero ahí surge mi debate interno, ¿hasta dónde la libertad creativa?, ¿hasta dónde los estados debiesen legislar o directamente prohibir ciertas cosas? Aunque si pensamos así, la mayoría de la moda que consumimos en términos ambientales estaría prohibida.

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La moda como tal, la manera de producir diseño, de desarrollarlo en el mercado y consumirlo es absolutamente contaminante, y no solo el plástico”, comenta Laura, pero también asegura que no es la misión de la moda mejorar el planeta.

“La moda es un negocio, hay que partir de esa base; es todo un sistema de economía el que no se hace cargo de este problema (…) y lamentablemente estos temas no se tratan porque la variable medioambiente significa un costo. Pero lo cierto es que la variable medioambiente es más tiempo de vida para el planeta tal y como lo conocemos, y para la humanidad. Pero como la ecuación no pasa por ahí, tampoco es un tema de agenda política”, dice.

Para Laura el problema hoy es que estamos todos inmersos en una cultura de la conveniencia, de la comodidad, “y lo que estamos viendo como ‘confort’ es la sociedad occidental de consumo masivo, y ese es el modelo que está mal. Por eso hoy en día se está tratando de generar un espacio de reflexión que apunta a una nueva ‘economía circular’, y creo que ese es el punto fundamental. Y es fundamental que la moda se sume a esa conversación, al igual que todas las industrias y áreas. Y por nuestro lado, como consumidores, también. ¡Nosotros podemos hacer revoluciones!”.

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Los del ‘otro’ lado

Aunque la industria de la llamada ‘moda ética’ cada vez ha tomado más fuerza, todavía el peso de esas marcas en el negocio no es tan grande, por lo que se hace difícil medirlos como agentes de cambio real. En lujo, el factor medioambiente todavía es bastante indiferente. Stella McCartney es una de las pocas diseñadoras comprometidas con causas medioambientales, de hecho el año pasado lanzó en colaboración con Adidas y Parley for the Ocean, compañía reconocida mundialmente por su trabajo con plásticos y desechos marinos, unas zapatillas realizadas ciento por ciento de PVC reciclado de las costas, y también una mochila.

“La moda es una industria que tiene un impacto significativo en la salud del planeta y en su sistema de soporte vital: los océanos. Nuestro objetivo siempre ha sido desafiarnos y preguntarnos continuamente cómo podemos mejorar. Queremos ser responsables de lo que hacemos y la forma en que lo hacemos. Y tenemos que comenzar por alguna parte. Esta asociación con Parley es otro capítulo de nuestro viaje”, dijo la diseñadora.

En el retail el panorama tampoco es muy distinto. H&M es quizás una de las pocas marcas del ‘fast fashion’ que han dado señales de un compromiso profundo con el medioambiente. De hecho, tienen una línea sostenible llamada Conscious, en la que utilizan material orgánico y reciclado, incluido el plástico.

“Uno de los propósitos de esta colección es enseñarle a la gente lo atractiva que puede ser la moda sostenible”, explicaba el pasado año Ann-Sofie Johansson, directora creativa de la firma sueca, al periódico Huffintong Post, luego del lanzamiento de un vestido fabricado con Bionic Yarn, un tejido hecho a partir de todo tipo de plásticos. Este año, en la última colección Conscious Exclusive, también se utilizó plástico reciclado para crear un nuevo material sustentable llamado ECONYL®, una fibra compuesta 100% de nailon y redes de pesca.

“Nuestra meta es que en 2040 el ciento por ciento de la ropa que produzcamos no tenga un impacto negativo en el medioambiente”, comentó Marcela Siri, gerente de comunicaciones y sostenibilidad para Chile.

En nuestro país también encontramos marcas que han optado por reciclar este material para crear prendas o accesorios. Karün, por ejemplo, lanzó el año pasado una línea de anteojos fabricados totalmente con redes de pesca recicladas.La Joya Plástica es otro emprendimiento que trabaja con bolsas de PVC para crear aros, anillos y collares. “Nuestra motivación es darle una vuelta a un material que es desecho para hacer un objeto de valor, lindo y que tenga un sentido sustentable”, dice una de sus socias, Pía Álvarez.