Moda

Pulsera

La pulsera, citada en numerosos pasajes de la Biblia, simboliza los actos virtuosos inspirados en la obediencia a la voluntad divina.

  • Pía Montalva

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Accesorio indumentario en forma de aro que rodea el brazo a la altura de la muñeca. Puede ser usado como elemento identificatorio, de alerta médica, de pertenencia a un grupo que comparte creencias o causas benéficas, como amuleto y con fines meramente decorativos. Es elaborado artesanal o industrialmente, en múltiples materiales: piedra, hueso, cerámica, cuero, metal, madera, tela, fibras textiles, cristal, plástico, acrílico, silicona, entre otros.

Origen. Es posible que adornos equivalentes a collares, brazaletes y pulseras emergieran en las primeras etapas de la humanidad, mucho antes del empleo y fabricación de la vestimenta. Por lo general se trata de elementos funerarios muy rudimentarios confeccionados con conchas marinas, guijarros, vértebras de peces o dientes de animales perforados e hilados.

Alrededor del 2500 a. C. las mujeres sumerias llevan tres o seis pulseras de perlas para completar sus largas túnicas de lana con flecos en el ruedo. Un mileno después el accesorio -que incluye ahora una roseta en la zona anterior- ha sido incorporado por los hombres. Hacia el 1500 a.C., en Egipto, las pulseras, marcadas por una fuerte dimensión simbólica, constituyen un privilegio de la élite gobernante.

Combinan redecillas de perlas, oro esmaltado e incrustaciones de piedras semipreciosas, siguiendo la línea del collar estilo pechera y los grandes pendientes. En Grecia representan la vanidad femenina, a pesar de que no existen distinciones de sexo asociadas a su adopción. Destacan por la multiplicidad de técnicas desplegadas en su manufactura: repujado, granulado, cincelado y filigrana. Para los romanos, en cambio, refieren al valor militar.

Tendencia. Luego de un largo período en el que las mangas largas y ajustadas del vestido femenino tornan impopulares las pulseras, estas reaparecen en Venecia, a fines del siglo XVI. Las nobles citadinas acostumbran utilizar dos ejemplares iguales, en oro y piedras preciosas, uno en cada muñeca. Desde el XIX dicho complemento comienza a ser considerado un componente autónomo, esencial para la construcción de la apariencia femenina. Su diseño se vincula estrechamente a las estéticas dominantes. A lo largo del siglo XX distintas casas de moda y destacadas joyerías incursionan en este rubro creando emblemáticas versiones que perduran hasta hoy.

En la década de los 30, Hermès lanza dos de sus clásicas pulseras: el modelo Chaîne d’ancre, en plata, y el modelo Collier de chien, en cuero con tachas de metal.

Para el otoño del 2018, la pulsera adquiere un inesperado protagonismo de la mano de firmas como Dior, Chloé, Alexander McQueen, Altuzarra, Giambattista Valli, Marni, Gucci y Tom Ford.