Entrevistas

Cindy Wen: joven y emprendedora

A los siete años utilizó ropa vieja y creó prendas para sus peluches, las que luego vendió en su edificio. A los 16 formó su marca, ‘Radélica’, elaboró sus primeras poleras y aprovechó las redes sociales para venderlas. Ahora con 18, su ropa hace ruido en Instagram y se prepara para su mayor aventura: estudiar fashion business en Milán.

  • Kevin Cortés

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“Me voy con la convicción de que volveré para hacer algo increíble”, dice Cindy Wen, una joven chilena de ascendencia oriental -madre china y papá taiwanés- amante del medioambiente y de la moda y que con 18 años tiene su marca de ropa, Radélica. Su emprendimiento partió en 2016 a través de Instagram y en poco tiempo transformó su living en showrooms. Hoy cuenta con más de 7.500 seguidores y bajo un único lema –el reciclaje de ropa– transforma y actualiza prendas de la calle Bandera.

El nombre Radélica mezcla dos conceptos que le gusta ver en moda y a los que apuesta con sus prendas: lo radical y lo psicodélico. Se autodenominó así por un proyecto escolar que generó meses antes que su marca. “Un día leí que la segunda industria que más contamina es la textil, quedé impactada y me pregunté ‘¿qué es lo que puedo hacer?’. Finalmente decidí informar, así que elegí dicha problemática para hacer una monografía que tenía que presentar en el colegio, la que debía considerar un producto y, como no quería seguir contaminando con papeles o pósteres, hice un Tumblr que llamé Radélica”, explica.

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Su gusto por la moda más que casual es familiar. Sus abuelos y padres son dueños de dos tiendas -con diversas sucursales en Chile- y en cada viaje que realizaba su madre -la encargada de comprar la ropa de muestra en otros países- Cindy pedía acompañarla. Pero no fue hasta que cumplió 15 años -y por su manejo del inglés- que viajó a Estados Unidos, donde conoció más de la industria y se encantó con la variedad de prendas.

En Chile existen alrededor de 2 millones de microemprendedores, cuya edad promedio es de 33 años. ¿Cómo es que una persona tan joven se entusiasma a partir en este rubro? Estaba paseando por SoHo, Nueva York, y vi una polera customizada en una vitrina; entré, miré la etiqueta y además el precio. ¡Carísima!, decía que era 100% reciclada. En ese minuto yo ya sabía lo mucho que la industria contamina y pensé en cómo esa prenda disminuía la cifra. Salí de la tienda y dije ‘yo puedo hacer esto’.

Cindy pasó el resto del viaje con la idea de diseñar y crear. Cuando por fin llegó a Santiago lista para concretar su propósito surgió un problema: las vacaciones se habían acabado. “Deberes son deberes”, recuerda, así que tuvo que esperar hasta salir del colegio: “Cuando terminé el semestre me fui corriendo al centro porque me dijeron que en Rosas podía conseguir lo que necesitaba”.

Al llegar a su casa con las argollas y cintas fue a buscar las poleras que había comprado y comenzó a cortarlas sin éxito; “Tomé la primera y me equivoqué porque la corte por ambos lados”. Al volver a intentarlo se percató de que las camisetas que usaba eran nuevas, por lo que no estaba reutilizando ropa sino que solo customizando. “Me pregunté ‘qué estoy haciendo’, no podía cortar prendas nuevas, por eso empecé a buscar lugares para comprar ropa usada y llegué a Bandera. Ese día me traje muchas y las hice todas con el mismo estilo y a mano, porque eso refleja el trabajo personalizado que quiero lograr con mi marca”, cuenta.

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¿Y cómo son las prendas Radélica? Cada modelo es único. No hago dos veces una polera, chaqueta o pantalón, porque no puedo y porque me gusta la exclusividad. Pese a que son poco tradicionales son usables y cómodas. No hay un color base en mi línea, me gusta jugar con materiales brillantes y texturas como parches y mallas. Son oversize, para que las puedan usar todas mis clientas.

Para Cindy, Radélica no es solo una marca de ropa, por lo que a través de sus post manifiesta arte, ecología y opinión: “En Instagram yo fomento mucho el movimiento feminista, la igualdad de género, temáticas LGTBI; no todo es ropa, también existen los viajes, el arte, la cultura, política”.

Su talento trascendió las redes sociales y llegó a la sucursal chilena de la tienda de zapatos argentina Sofía de Grecia. “Fui a Taconeras y estaba la dueña, me acerqué y le conté que tenía una marca de ropa. Me pidió que se la mostrara y luego de ver fotos me dice que las quiere todas para su local. No me di cuenta cuando estaba posteando: ahora estamos en Sofía de Grecia”.

Además al salir de cuarto medio y producto de su proyecto ecológico y Radélica fue premiada con una de las máximas distinciones -premio a la creatividad- del Santiago College. Pese a sus triunfos y a la acomodada vida que dice le han dado sus padres, ella quiere más: “Expandirse y vivir la vida real”. Por esto, y motivada con hacer crecer Radélica, se irá a Milán a estudiar fashion business.

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Pero ¿por qué no estudiar diseño de modas? Tuve el dilema entre design y business, pero con Radélica aprendí que hay más que diseñar y quiero meterme en el lado B de la industria, en lo que tiene que ver con la inversión y distribución de recursos.

Sus últimos meses en Chile los aprovechará para potenciar su página web radelica.com, lanzar la colección otoño-invierno -que está preparada- y apoyar en marketing la tienda de sus padres.

Si bien la nueva alumna del Instituto Marangoni quiere enfocarse ciento por ciento en sus estudios para volver a Chile y expandirse al público masculino e instalar su tienda, llegando a Milán -en septiembre- lo primero que comprará será una máquina de coser. “Me gustaría seguir con esto allá, o sea está lleno de ropa usada, ¿por qué no?, ¿por qué no seguir en Italia? Al final Radélica soy yo, la hago yo y se va conmigo.