Columnas

Adiós para siempre, Facebook

Somos niños de jardín infantil frente a una maquinaria que resultó ser mucho más siniestra de lo que jamás imaginamos.

  • Carolina Pulido

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Te lo has preguntado cientos de veces: ¿no sería más feliz si cierro esta maldita red social de una vez por todas? Lo pensaste esa tarde de un mal día de invierno cuando fuiste a Facebook para pasar el rato y te encontraste de nuevo con esas personas de vacaciones eternas y piel bronceada. Y te dieron ganas de escribir una pesadez pero por supuesto te reprimiste, porque incluso tú eres capaz de detectar cómo la envidia se cuela por tus poros.

Días después volviste a preguntarte qué hacías metida ahí, en medio de posteos mal redactados e infectados de manipulación política, de mentiras, de odio. Y cuando viste, como todos los días, las muchas fotos borrosas de los hijos de tu prima, los manifiestos acerca de la actualidad del hermano de tu amiga, los memes irrespetuosos de ese amigo de infancia que una vez sumaste a Facebook después de una fiesta.

Debería cerrar esta estupidez, te dijiste, pero no lo hiciste. Lo mismo que hace un par de años, cuando leíste un artículo acerca de los peligros de la red social para los niños y adolescentes.

¿Por qué sigues ahí? Cada día hay más evidencia de que Facebook nos hace infelices. Un par de estudios realizados por dos universidades alemanas descubrieron que una de cada tres personas tuvo una experiencia negativa cuando visitaron el sitio y que a menudo se quedaron “sintiéndose solitarios, frustrados o enojados”. La adicción a Facebook es tan mala que incluso sus creadores quieren que le dediques menos tiempo. El mismo Mark Zuckerberg lo ha escrito un par de veces.

Claro, hay buenos momentos: el video tierno de un perro que se hace amigo de un chancho, el chiste que te sacó carcajadas, el coqueteo con un tipo que conociste. Y también hay un morbo que se satisface al mirar la vida de los otros y un ego que se nutre de exhibicionismo y pulgares empinados.

Pero nada de lo anterior es suficientemente bueno si entramos en el área más oscura de este mundo virtual: nos están espiando, y saben cómo manipularnos. Como en The Truman Show, nos han hecho creer que este universo es perfecto, pero todo está controlado desde algún lugar y con fines mucho más perversos.

Lo que antes era una sospecha hoy es una certeza: Facebook nos miente, tal y como revela el último escándalo. La consultora Cambridge Analytica, contratada por el equipo de campaña de Donald Trump durante las presidenciales de 2016, consiguió los perfiles de más de 50 millones de votantes en EE.UU. para intentar influenciar su voto en favor del ahora Presidente. Facebook supo desde agosto de ese mismo año que algo iba mal, que se habían incumplido sus términos de uso más sagrados. Y no solo no hizo nada al respecto sino que además lo ocultó.

Básicamente, además de hacernos infelices, el invento de Zuckerberg está totalmente fuera de control y no tenemos idea de lo que pueden hacer con nuestra información personal. En realidad, ese es el gran problema, que no tenemos idea. Somos niños de jardín infantil frente a una maquinaria que resultó ser mucho más siniestra de lo que jamás imaginamos. Pero una cosa es clara, la confianza en la red social es irrecuperable a estas alturas.

De hecho, la campaña #deletefacebook no para de viralizarse invitando a todo el mundo a eliminar su cuenta de la red social. Sin perfil en Facebook la compañía no puede cruzar tus datos con los de WhatsApp, firma que Zuckerberg y los suyos también compraron hace unos años.

Así que no hay que pensar mucho qué es lo más sensato que puedes hacer a continuación, justo antes de plantearte una nueva pregunta, mucho más edificante: qué hacer con todo ese tiempo que de pronto se liberará en tu agenda.