Moda

Charles James y Norman Norell: dos modistos americanos, dos destinos

Ambos fueron los grandes maestros de la moda norteamericana y vistieron a las mujeres más elegantes de su época. Norman Norell fue el primer diseñador estadounidense en emplear las técnicas de alta costura parisina, y los modelos de Charles James, inmaculadas piezas de ingeniería, eran admirados por el mismísimo Cristóbal Balenciaga.

  • Florencia Sañudo

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Imposible pensar dos personalidades más diferentes. Charles James, aristócrata, snob, extravagante, colérico, pésimo administrador; Norman Norell, sistemático, discreto, sencillo, sagaz para los negocios. Pero en algo -lo más importante- coincidían: ambos eran virtuosos y obsesivos perfeccionistas que amaban su profesión por sobre todas las cosas y que dieron a la moda norteamericana sus letras de nobleza. Dos libros que salen simultáneamente recorren sus vidas y carreras: “Charles James, portrait of an unreasonable man” y “Norell, master of the american fashion”, ambos publicados por Rizzoli.

Charles James (1906-1978)

Si bien es conocido como modisto americano, en realidad Charles James nació en Inglaterra. Su padre era militar; su madre, Louise Enders, provenía de una rica familia de Chicago. Su pasión por el arte lo encaminó hacia la moda y con apenas 19 años abría una tienda de sombreros en Chicago bajo el nombre de Charles Boucheron, pues su padre, quien desaprobaba su vocación, le había prohibido usar su apellido.

Pero sus orígenes privilegiados le permitieron relacionarse desde su más joven edad con los miembros de la alta sociedad y el jet set de ambos lados del Atlántico, y durante cuarenta años fue íntimo de los más influyentes íconos culturales y sociales de su época como Cecil Beaton, Elizabeth Arden, Christian Dior, Salvador Dalí, o las millonarias Millicent Rogers y Austine Hearst, quienes también fueron sus musas.

Su tienda de sombreros fue un éxito, pero rápidamente James dejó Chicago por Nueva York antes de trasladarse a Londres, donde creó su firma bajo su propio nombre. Su primer encargo fue el vestido de novia de Barbara Beaton, la hermana de su amigo Cecil, para ‘la boda del año’, en 1934. Más adelante se estableció en París, cuya primera colección, en 1937, incluía una chaqueta acolchonada que Dalí describió como “la primera escultura blanda”. En París conoció a Chanel, Poiret y Balenciaga y se hizo amigo de Elsa Schiaparelli y del decorador Etienne de Beaumont, quien le abrió las puertas del beau monde.

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Charles James probando uno de sus modelos. Vogue, 1948, foto Cecil Beaton.

De vuelta en Nueva York, Elizabeth Arden le ofreció diseñar ropa bajo su marca, pero ambos tenían muy fuertes personalidades y la asociación no prosperó más que dos años, hasta 1944. Ella se quedó sin diseñador, pero él continuó creando para las ricas socialites que lo inundaban de pedidos, y algunas como Millicent Rogers, quien encargaba sus modelos favoritos en todos los colores.

“Charles James trajo a América un nivel de lujo que no se había visto antes”, comentaría Babs Simpson, del Vogue americano. Hasta Christian Dior admitió que James había sido una fuente de inspiración para su “New Look”, mientras que Cristóbal Balenciaga afirmaba que James era “el más grande modisto del mundo”.

Detallismo nocivo

Como otros célebres modistos, Paul Poiret, Madeleine Vionnet o Cristóbal Balenciaga, James introdujo innovaciones en el moldeado de las prendas que transformaron totalmente su construcción. Asimismo inventó cortes legendarios como el del vestido-cisne, el traje pagoda o la manga Louis Philippe, pero debido a su perfeccionismo artístico cada creación le llevaba años de trabajo y de pruebas hasta lograr el efecto deseado.

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Kenneth Pool Collection ©2017 Mark Fowler

Por esta razón su obra es muy reducida: apenas entre 250 y 300 diseños en tres décadas. Si estos establecieron su influencia como modisto, nunca fueron suficientes para llevar adelante una maison comercialmente viable. James era un artista y no un hombre de negocios, y abrumado por sus deudas, en 1958 decidió retirarse.

Cuatro años antes había contraído matrimonio con Nancy Gregory (un gesto inesperado, ya que era notoriamente homosexual), quien le dio dos hijos, pero el matrimonio no sobrevivió mucho. Tras su divorcio, también en 1958, no volvió a diseñar. En los 70, un intento de trabajar como ‘consultor de ingeniería de moda’ para Halston -quien había sido su protegido y estaba en el auge de su carrera- fracasó estrepitosamente.

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Libro publicado por Rizzoli.

Entonces, gracias a la generosidad de un amigo vivía en el hotel Chelsea, célebre por albergar a músicos, escritores y artistas. Si bien era un sitio mítico, estaba muy lejos del lujo al que estaba acostumbrado. Solo y amargado, James pasaba su tiempo manteniendo peleas imaginarias contra todos aquellos que lo habían ‘traicionado’ (nunca perdonó a Halston el haberse apropiado de algunas de sus creaciones).

En los primeros días del otoño de 1978, debilitado por el uso de drogas y la mala alimentación, cayó enfermo y fue llevado en ambulancia al hospital, donde falleció en la madrugada del 23 de septiembre, consecuencia de pulmonía y arteriosclerosis. Irónicamente, luego de su muerte Charles James fue objeto de muchas exposiciones.

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Libro publicado por Rizzoli.

Norman Norell (1900-1972)

Norman Norell fue un verdadero pionero de la industria de la moda americana: el primero en poner su nombre en una etiqueta, el primero en crear una fragancia (su exitosísima Norell) y el primerísimo en crear prendas con la misma calidad que la alta costura parisina. Sus desfiles eran considerados un must y sus innovaciones técnicas hacían escuela.

A lo largo de su carrera de casi cincuenta años hizo infinitas versiones de su elegante y ponible vestido en lana, femenino y refinado, para el día o la noche, un best seller. Norell también originó la idea de usar elementos de la ropa sport para la noche: cárdigan, suéteres de cuello alto, pantalones y tank tops que combinaba con faldas de organdí, lentejuelas y seda. En 1960 creó un verdadero tsunami con sus faldas-pantalón, y con su traje negro con corbata se adelantó a Yves Saint Laurent en casi una década.

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Traje de falda-pantalón, otoño 1960.

Norman David Levinson (su nombre profesional es una síntesis de su nombre y apellido) nació el 20 de abril de 1900 en Noblesville, Indiana. Su padre tenía una mercería, en la que él debía seguir sus pasos, pero apenas terminó la secundaria viajó a Nueva York para estudiar diseño e ilustración, su verdadera pasión.

Allí comenzó su carrera como vestuarista para las películas mudas de la Paramount, pero cuando la industria cinematográfica se trasladó a California, él encontró empleo junto a Hattie Carnegie, dueña de una marca muy célebre en su época. Entonces solía viajar a Europa con Carnegie para comprar los modelos de alta costura parisina que luego deshacía, aprendiendo así todos los secretos de su construcción.

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Dibujo de Cecil Beaton del sitio de trabajo de James en Elizabeth Arden, antes de su ruptura. Vogue, diciembre 15 1944.

Más adelante aplicaría todos sus conocimientos junto a Anthony Traina, un fabricante mayorista que le propuso asociarse. En las negociaciones, este le ofreció un mayor salario si su nombre no aparecía en la etiqueta o uno menor si aparecía. Norell eligió la visibilidad y en 1941 Traina-Norell lanzaba su primera colección.

En poco tiempo las colecciones de la marca se convirtieron, según el New York Times, “en un símbolo de estatus para la mujeres americanas” y las creaciones del joven modisto alcanzaron un prestigio que igualaba las marcas parisinas.

Poco después, en 1943, recibía el primer premio de los críticos de moda, conocido luego como el premio Coty, que volvería a ganar en 1951, así como el premio Hall of Fame en 1956, el año que diseñó el vestido de boda de Marilyn Monroe con Arthur Miller. Marilyn era una de sus muchas clientas célebres, así como Jacqueline Kennedy, Babe Paley, Lady Bird Johnson y actrices como Lauren Bacall o Doris Day, que lucían su ropa en su vida privada y en sus filmes.

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Gloria Swanson en “Zaza”, película para la que Norell hizo el vestuario en 1923.

Luego de que Traina se retiró en 1960, Norell pudo al fin crear su primera colección personal. Ahí presentó sus revolucionaria falda-pantalón, destinada, según él, “a hacer la vida más fácil a las mujeres”. Tal fue su éxito (hasta París las copió) que Norell ofrecía su molde original a los imitadores para evitar copias de inferior calidad. Otra gran revolución de Norell fue la creación de su perfume, en 1968.

La anécdota cuenta que Charles Revson, fundador de Revlon, le preguntó a su esposa Lyn (ávida coleccionista de Norells) qué quería para Navidad, y ella respondió “un perfume para Norman”. Así él fue el primer diseñador americano con su propia fragancia (su versión aggiornada sigue en venta), lo que por primera vez le dio una total independencia económica.

En los años 70 Norell gozaba de un enorme éxito y la directora de la escuela de diseño Parsons, donde él había enseñado durante veinte años, propuso montar una exposición para honrar sus cincuenta años de carrera. Pero cuando la muestra debía inaugurarse en el Museo Metropolitano de Nueva York, Norell sufrió una hemorragia cerebral y falleció diez días más tarde.

Sin duda, las vidas de estos hombres fueron muy diferentes. Pero ambos contribuyeron a dar su independencia a la moda americana, liberándola de la ‘dictadura’ parisina y abriendo el camino para otros creadores all american como Geoffrey Beene, James Galanos, Halston, Calvin Klein y Ralph Lauren.

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Doris Day en la película “That Touch of Mink”, 1962.