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Alexander McQueen, la reconquista de Sarah Burton

El espíritu indómito y rebelde de McQueen cobra vida en la última presentación de su principal colaboradora, heredera y custodia del cetro del rey de la moda inglesa.

  • Mariano Toledo

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Liberación, recuperación, restitución, redención, reconquista... son algunos de los sinónimos que podrían definir el impacto de la última colección Fall 2018 de Sarah Burton para Alexander McQueen.

El espíritu indómito y rebelde de McQueen cobra vida en la última presentación de su principal colaboradora, heredera y custodia del cetro del rey de la moda inglesa.

Lo más importante recobrado, según mi óptica, es una mayor definición en las formas, más contundencia en las proporciones de las prendas, cierto rigor masculino (muy McQueen), el gusto por el lujo y las ideas extraordinarias.

Burton rescata símbolos clásicos de la marca: corsé y accesorios de cuero, perfecta sastrería de inspiración militar, imágenes de mariposas, insectos y pájaros, las estampas espejadas, y una femineidad no apta para tímidas. La rigurosidad y el vigor con que vuelven a ser tratados estos temas reviven el ADN de este mítico nombre.

Look 1. Perfección. El esmoquin adquiere nuevas proporciones, no pierde definición ni silueta. La cintura marcada como los hombros. Faldón desmontable y forro en color rojo al igual que los bordes de la cartera.

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Look 2. ¿El cuerpo repleto de escarabajos? Sí, y engarzados en piedras y brillantes de los más hermosos colores, sobre una base de tul transparente. Una faja de cuero moldea perfectamente la cintura y las caderas. El resultado es ¡extraordinario!

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Look 3. Conjunto de capa + vestido, íntegramente bordados en diferentes tipos de lentejuelas, redondas en la capa y puntiagudas en la falda para una maravillosa recreación del majestuoso escarabajo ‘Goliathus Regius’.

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Look 4. Una de mis piezas favoritas. Esmoquin, con enorme pieza de satén rojo incrustado en el torso como un corsé y en la espalda resuelto como un moño gigante, con lazos en forma de cola. Los grilletes de strass en los tobillos, rebeldía indeleble.

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Look 5. Las plumas, otra de las obsesiones de Lee McQueen. Chorrean desde los hombros del vestido, partiendo del color púrpura y diluyéndose en miles de delgadas hebras de flecos de seda, en tonos pastel lavados. Obra de arte de la costura.

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Look 6. El ala de una mariposa se adapta al cuerpo en este vestido con un solo hombro. Translúcida, de sus orgánicos dibujos bordados se desprenden líneas de flecos, livianos y ondulantes.

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