La Comensala

Tío Tomate

Nos atrajo la amplitud del espacio, un gran patio interior de esas antiguas casas del barrio, ambientado con madera en techos y piso, pilares de fierro, paredes que parecieran de adobe en tonos tierra, ladrillos y baldosas; una buena mezcla entre rusticidad y calidez.

  • Pilar Hurtado

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Con mi familia, niños y suegra incluida quisimos almorzar una pizza un sábado. Recordé que el cocinero Juan Manuel Pena abrió La Argentina Pizzería en barrio Italia, y hacia allá enfilamos. Como el lugar es pequeño y estaba muy concurrido, nos sentamos en un local vecino, Tío Tomate, donde había mucho espacio.

Este es el tercer local de esta pizzería que cuenta con uno en la playa Cachagua y otro en Paseo El Mañío, que comentamos en esta columna hace un buen tiempo. Aparte del hambre a esa hora -eran como las 3 p.m.-, nos atrajo la amplitud del espacio, un gran patio interior de esas antiguas casas del barrio, ambientado con madera en techos y piso, pilares de fierro, paredes que parecieran de adobe en tonos tierra, ladrillos y baldosas; una buena mezcla entre rusticidad y calidez.

En el techo, ventiladores y también lámparas de fierro hechas al parecer con la parte de arriba de viejos balones de gas. Hay un amplio sector para fumadores, y las mesas y sillas también son de madera y fierro. Las pizzas son de masa ultradelgada, 32 cm de diámetro y vienen con harto queso y varias opciones.

Nosotros probamos tres, que alcanzaron perfecto para 7 personas entre grandes y chicos. Nos atendió un garzón supereficiente que se las batió bien atendiendo varias otras mesas, ya que seguía llegando gente. Es que el barrio está muy entretenido y luego de caminarlo, muchos eligen terminar el paseo con un almuerzo tardío.

Las pizzas que probamos fueron la Tremenda, con tocino, cebolla y salsa BBQ, que les encantó a mis hijos adolescentes, amantes de esta salsa. También la pizza Del Peral, con infalible combinación de peras asadas, queso azul y rúcula, y la Del Bosque, que la carta describe como mezcla de champiñones, queso parmesano, ricota y aceite de trufa.

En todas las pizzas, masa muy delgadita, casi imperceptible. En la última, el aceite de trufa se sentía poquito, dijo mi madre, fanática de este producto. Las pizzas salieron muy rápido de la cocina, pero luego se entrampó un poco el servicio.

Terminamos con postres: dos chocolatísimos, volcán de chocolate tibio con centro líquido y helado, bastante bueno, y un regular cheesecake de yogur, con base muy dura y relleno demasiado firme. Con todo, nos pareció un buen lugar para ir en grupo y no quedar en la ruina.

Nota 6.1

Consumo: todo lo descrito + 2 bebidas, 2 jugos, 1 copa vino, 1 sangría y 3 cafés: $55.800.