La Comensala

Osaka

Precioso lugar ambientado en tonos tierra y materiales nobles, mesas de madera sin mantel, sillas del mismo material, tapices beige, servilletas de género. La atención es muy amable y sincronizada.

  • Pilar Hurtado

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Largos meses hubo que esperar para la reapertura de este restaurante nikkei, liderado por el chef Ciro Watanabe. Invité a mi madre a almorzar. Fines de febrero, poco público y, en las mesas contiguas, señoras comentando la elogiosa crítica aparecida en un medio de la competencia, y probando lo mismo que el columnista pidió. Me alegró sentir que lo que hacemos quienes escribimos de comidas sí tiene eco. Pero vamos a lo nuestro.

Osaka, precioso lugar ambientado en tonos tierra y materiales nobles, mesas de madera sin mantel, sillas del mismo material, tapices beige, servilletas de género. La atención es muy amable y sincronizada. La carta se pasea por productos diversos, como el mundo marino, pato, chancho y vacuno, pero lo entretenido es cómo se combinan en los platos.

Nosotras probamos el tiradito tako al olivo, pulpo en tajaditas con salsa de aceitunas amargas, un toque de palta y de ají encurtido, presentado bellamente y con un pulpo a punto, pero donde la aceituna era potente (aunque me encanta).

Luego optamos por pedir distintos nigiri (dos porciones por plato), y este fue nuestro ranking de favoritos: sake foie -salmón curado con un trocito de foie gras increíble por su mezcla de sabores y la calidad de la materia prima-, hotate truffle -ostión a la trufa, explosión de mar y tierra-, gyutan -de lengua, textura que se deshace en la boca- y el buta -papada de chancho, grasita que también se desintegra en la boca-.

Una fiesta estos nigiri, como para probarlos todos. Pero estuvo genial parar ahí y pedir los passion shrimp tempura, camarones con una delgada capa de batido apenas crocante, servidos con una salsa perfectamente equilibrada de maracuyá y ají, que ensamblaba de maravillas con los camarones; nos encantó.

El postre fue el cierre perfecto : compartimos el miso chokoreto, una marquise de chocolate con pisco, sorbete de frambuesas, unos trocitos de cabritas que aportan textura y una salsa con un toque salado que parecía haber sido disparada sobre el plato con una pistola, otra belleza de presentación. Terminamos con un rico café y un alfajorcito y la plenitud que se siente tras una buena comida.

Consumo: todo lo descrito + 1 agua mineral: $54.500.

Nota: 7