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El futuro sostenible de la protección solar

En el Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología, CEDENNA, se está desarrollando un filtro solar a partir de extractos de especies nativas, como el clavel de la Antártica, capaces de proteger la piel de los rayos ultravioleta. Pese a que se trabaja a partir de recursos naturales, no provoca un impacto en el medioambiente gracias al trabajo in vitro que se realiza en laboratorios. El resultado es un producto que no es tóxico ni deja residuos contaminantes, y que una vez patentado podría revolucionar la industria.

  • Andrea Hartung

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Científicos y dermatólogos por igual buscan constantemente soluciones para frenar el daño que puede provocar el sol en nuestra piel y, como suele suceder, una vez más las respuestas aparecieron en el lugar menos pensado.

En el CEDENNA (Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología), ubicado en la Universidad de Santiago pero integrado por expertos multidisciplinarios de una docena de universidades, buscan soluciones a problemas cotidianos, teniendo como base el uso de nanopartículas (partículas microscópicas).

Uno de los avances que están desarrollando y que en un futuro cercano podría tener un impacto en la industria de la fotoprotección es el cultivo in vitro de plantas traídas desde la Antártica. Todos los años un equipo liderado por el decano de la Facultad de Química y Biología de la Universidad, Dr. Gustavo Zúñiga, viaja a esta zona para, entre otras cosas, recolectar especies que luego serán reproducidas y guardadas in vitro para estudiar y desarrollar esta novedosa forma de cuidar la piel de los rayos ultravioleta.

Hablamos específicamente del clavel antártico, una de las dos flores que crecen en la Antártica y que se caracteriza por tener moléculas resistentes a los efectos del cambio climático, sobre todo a la radiación UV. Fue a partir de esta planta que se aislaron moléculas que actúan filtrando los rayos del sol, lo que permite generar un filtro solar natural.

“Estudiamos durante un tiempo el efecto de la radiación UV en las plantas de la Antártica porque en los últimos años había conciencia de que el agujero en la capa de ozono había crecido en esa zona. Al estudiarlas nos dimos cuenta de que pese a la exposición no tenían ningún síntoma de daño, pues tenían mecanismos que les permitían defenderse”, explica el doctor Zúñiga. Y continúa: “Así llegamos a moléculas que si las poníamos en presencia de radiación UV eran capaces de absorberla”.

Los científicos se dieron cuenta de que, a diferencia de la mayoría de las moléculas que ayudan a la protección solar, estas son capaces de absorber todo el rango de radiación dañina. “La mayoría usa moléculas que son difíciles de absorber, que te dejan la piel blanca, y eso es algo que se está controlando, pues podría generar un efecto dañino. Estos productos, en cambio, son naturales, no tienen químicos y ofrecen una protección eficiente para que la piel no se dañe con el sol”, explica.

Además, las moléculas del clavel antártico contienen antioxidantes que, además de bloquear el paso de rayos UV, regeneran la zona dañada por el sol.

El hecho de cultivar las especies en sistema in vitro, dentro de máquinas similares a frigoríficos gigantes con variables controladas, no solo ayuda a que el resultado sea siempre el mismo (las plantas no quedan expuestas a los cambios de temperatura, por ejemplo), sino que además juega un importante rol en la sostenibilidad del proyecto. “La herramienta que utilizamos asegura que provocaremos cero impacto en los recursos con los que trabajamos”, afirma Zúñiga.

Por otro lado, las plantas se mantienen libres de contaminantes, pues no absorben metales pesados con los que de otra forma estarían en contacto y, al crecer en frascos pequeños, como de colados para bebés, se pueden producir miles en un laboratorio pequeño.

Actualmente este proyecto está a la espera de una respuesta a la solicitud de patente, lo que puede demorar varios meses, o incluso años. Pero Zúñiga es optimista: “Desde el momento en que sabemos cómo producir, sabemos todo, es un sistema escalable, por lo que en cualquier momento podemos empezar a crear el producto final, ya sea asociados a un laboratorio que se dedique al rubro o entregando la tecnología”.

Otras aplicaciones…

Además de tener una potente capacidad fotoprotectora y antioxidante, las plantas de la Antártica con las que trabaja el CEDENNA tienen efectos antibacteriales y antifúngicos. Uno de los usos que los científicos les dieron a estas propiedades fue la creación de un aromatizador potente que incluso se podría usar en centros de atención de salud para reducir significativamente los niveles de infecciones intrahospitalarias.