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Gorra

En su reciente Colección Otoño 2018, la uruguaya avecindada en Nueva York Gabriela Hearst combina gorras de jinete en azul, gris, burdeos y rosa con clásicos trajes pantalón, abrigos y vestidos

  • Pía Montalva

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Accesorio indumentario que cubre parte de la cabeza y que a diferencia del sombrero es flexible y carece de alas. Se compone de una base semiesférica, más o menos regular, dependiendo del sistema empleado en su confección (fragmentos cosidos o moldeado con calor) y de una visera emplazada en el frente cuyas proporciones varían según sus funciones específicas. Algunos modelos agregan un fuelle recto o triangular, entre el casco y la visera, para reforzar la estructura y otorgarles rigidez. Estas cualidades se potencian según los materiales utilizados: fieltro, lana, lino, algodón, paja, cuero, gamuza, entre otros.

Tendencia. Una primera manifestación de moda femenina asociada a la gorra tiene lugar alrededor de 1810. Las elegantes llevan un diseño en seda color tostado, cuya superficie va completamente cubierta de cordoncillo al tono. Sin embargo, aquí el casco propiamente tal se ajusta perfectamente a la cabeza. Años después, hacia fines de los 50’, en pleno auge de las líneas geométricas estructuradas, Cristóbal Balenciaga desarrolla una variante en cuero y otra en raso beige. En ambas creaciones la visera asoma discretamente a modo de borde. Lo relevante es el rosetón frontal, resultante del plegado del cuero o de una cinta sobrepuesta, respectivamente.

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Origen. Las primeras gorras o casquetes remiten a la Inglaterra de mediados del siglo XVI. Son de lana roja o café y suman una visera muy angosta -dividida en dos partes superpuestas a los lados-, que rodea todo el contorno de la cabeza. Trescientos años más tarde, una nueva versión identifica a los marineros europeos. Se fabrica en lana azul oscura o negra, a partir de cuatro elementos: una corona circular, una banda rectangular responsable de la altura y profundidad, otra mucho más angosta, y una visera adosada a esta última.

Por lo general en la segunda banda se ubican los detalles decorativos que distinguen esta clase de gorra (dos filas de cordoncillo sujetas a cada costado mediante un botón dorado con ancla y en ocasiones una huincha de seda labrada o de pasamanería, bordeando las orillas). Paralelamente, dicha indumentaria emerge como un emblema de las clases trabajadoras urbanas. En los albores del siglo XX, deviene en un elemento indispensable para la práctica de los deportes y comienza a ser adoptada también por las mujeres.

A mediados de los 60 la tendencia propone gorras estilo gavroche, grandes y holgadas, provistas de una importante visera y elaboradas en telas escocesas, terciopelo, cotelé, cuero y vinilo.

Desde fines de los 80 la gorra de béisbol se transforma en un signo distintivo de la cultura juvenil ligada a la estética rap.