La Comensala

La Tasca de Altamar

La atención aquí es destacable desde el comienzo; son solo mujeres, y al menos la señora que nos atendió daba la impresión de estar allí hace tiempo y conocer bien la carta que le vende al cliente.

  • Pilar Hurtado

Compartir vía email

Tengo muy buenos recuerdos de este restaurante de pescados y mariscos, al que fui varias veces con mis padres, y he vuelto a lo largo del tiempo. Es que ya son más de 35 años los que lleva La Tasca, y hace un par de años las hijas de los dueños, la familia Oettinger, se hicieron cargo del local.

Hoy tiene una terraza techada y con ventiladores para el calor, donde nos sentamos con mi amiga Ale, luego de mirar dentro, donde la ambientación basada en la madera -como un barco sobrio, con mascarón de proa y todo- hace que se vea un poco oscuro. Ya en la terraza elegimos una botella de sauvignon blanco -los precios son bastante razonables- y al rato la garzona trajo una cubeta con hielo y el vino.

La atención aquí es destacable desde el comienzo; son solo mujeres, y al menos la señora que nos atendió daba la impresión de estar allí hace tiempo y conocer bien la carta que le vende al cliente. Hay una cierta familiaridad amable en el estilo de servicio de La Tasca, informal y grata.

Fuimos antes de que se levantara la veda del erizo -recuerden siempre que, si queremos seguir teniendo nuestros maravillosos mariscos, es imprescindible respetar las vedas-, por lo que no pudimos disfrutarlos. Sí probamos unos camarones de río, disponibles en pocos lugares de Santiago, con sus salsas para untar, babero especial mediante para poder comer a destajo y sin mancharse este auténtico banquete (en La Tasca también se pueden encontrar langostas y centollas, según disponibilidad).

Pedimos además unos picorocos al vapor, tibios, que no me parecieron tan grandes como los últimos que probé aquí hace un tiempo, pero cumplían como para sacarse el antojo. Los ostiones a la parmesana, que pedimos de puro chanchas -a todos nos pasa- estaban carnositos pero para mi gusto con mucho queso. Cerramos con una porción de torta manjar nuez que estaba deliciosa.

Una de las cosas que me gustan de este lugar es que propicia las conversaciones distendidas y relajadas, destacando siempre la frescura de sus productos y la grata atención; un clásico marino en Santiago.

Consumo: todo lo descrito + 1 café y 1 copa de vino: $52.000.

Nota: 6,4