Moda

Juan, el daltónico: El diseñador chileno que revaloró los tocados

Cansado de los estereotipos que impone la industria de la moda y de no poder explotar toda su creatividad desde la arquitectura, decidió incursionar en un rubro olvidado y poco desarrollado en Chile: sombrerería y creación de tocados. Así empezó a crear piezas cargadas de fantasía y arte dramático. Con ellas encantó a los diseñadores Sebastián Hasta Nunca y Sr. González, y llegó a la pasarela de Mercedes- Benz Fashion Week Chile.

  • Kevin Cortés

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Los tocados se han transformado a lo largo de la historia y su uso se ha prolongado en el tiempo. Pero en Chile el panorama parece ser distinto ya que la industria de la moda, más que reinventar esta pieza icónica, limitó su utilización y confección a un solo nicho: accesorios para novias. Juan Cabezas (26), un seguidor de Alexander McQueen y del trabajo que hacía con Philip Treacy, representa la excepción a esta tendencia.

Tras egresar, el joven puso en pausa su carrera de arquitectura y explotó su lado artístico llevando la realización de los tocados a un nivel conceptual extremo. El daltónico, como se autodenomina (producto de su incapacidad para ver algunos colores), si bien se define como “tímido y tradicional”, en sus producciones refleja lo opuesto: excentricidad, espectáculo, maximalismo, fantasía y drama.

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Juan, son muchos los jóvenes que día a día se inician en la moda, específicamente en el diseño de vestuario, ¿por qué decidiste crear tocados y no seguir con la línea tradicional? Por dos razones, la primera es que si bien la industria de la moda estandariza la belleza, es decir hay que cumplir una estatura y un peso para ser considerado en ella, los tocados no tienen ninguna limitación; mis sombreros, incluso los más conceptuales y de desfile, pueden ser usados donde sea, cuando sea y por cualquier persona. La segunda es que los sombreros y tocados no son una prenda normal. Uno no se puede poner un tocado siempre, es ‘efemérico’ y culturalmente se ha hecho en base a eso: cuando el Papa se convierte en Papa, le cambian el solideo; cuando al rey lo nombran, le ponen una corona, y en el momento que invisten a las enfermeras, usan la cofia.

Y no ves como un impedimento el que los tocados, a diferencia de Reino Unido, no sean un básico en el look y sean usados solamente para ocasiones especiales. Yo no apunto a que mis cosas se usen en el día a día, ni que sean para Santiago año 2018. Lo que yo hago son reinterpretaciones del siglo XVIII. De hecho se podría leer que mi trabajo es historicista y poco atingente al 2018. Me encantaría que la gente se atreviera a usar más cosas como las que hago yo, pero no es el caso y tampoco pretendo cambiarlo. Yo prefiero que vean mi trabajo como un objeto de arte más que como una tendencia. Creo que mi mayor virtud es esa diferencia: excluirme y estar en el límite de la moda y el arte.

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Si la industria de la moda es en buena parte negocio y tú elegiste el lado artístico, ¿qué pasa con el tema monetario? Ese siempre es ‘el gran pero’. Yo no vivo de esto y sé que nunca lo voy a hacer, lo tengo clarísimo. Pero como esto partió de una inquietud personal y así se mantiene, lo monetario no es importante. Ahora me ha ido bien, he tenido varios ingresos por esto, pero estoy consciente de que una vez que pase el éxito tendré que buscar un trabajo, y lo voy a hacer. Lo que no haré es dejar de diseñar en pro de mis propias convicciones. El dinero no es un pero que me quiera poner. Yo voy a dar todo de mí para no dejar de diseñar nunca. Ofrecer cosas es mi mayor tarea como diseñador.

¿En qué momento comenzaron a hacerse conocidos tus diseños? Partí hace dos años posteando mis tocados en Instagram. En eso Sebastián Hasta Nunca me habla porque lo contacté para que me hiciera un pantalón, me tomó las medidas y me dijo: “¡Qué extraño lo que haces tú! Yo tengo una colección que presentaré a fin de año, ¿te gustaría hacerme un sombrero?”. Le dije que no sabía coser, pero que lo podía hacer en papel. Así fue como, experimentando en papel maché, hice un sombrero japonés que luego forré en cáñamo y que funcionó muy bien en la colección del diseñador.

Además de tu trabajo con Sebastián participaste acompañando a otros diseñadores… Sí, hay dos colaboraciones importantes y que terminaron en la pasarela del Mercedes-Benz Fashion Week en 2016. Es maravilloso cuando uno y su objeto de arte, de diseño, está en eventos. La primera participación fue con la marca Pas Denom, quienes me contactaron para que yo hiciera lo mío; darle más énfasis a las colecciones. En la última versión participé con la marca Sr. González, para el que hice un trabajo en acrílico y quedé muy conforme.

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Partiste utilizando un material muy poco convencional (el papel en el diseño) y ahora nombraste otro que tampoco es muy usado, ¿siempre es así? Yo no me limito con los materiales, porque en arquitectura aprendí que la búsqueda de estos es parte del proceso creativo. A la hora de crear mis piezas las plumas son mis favoritas, desde chico las amo, es más, mientras algunos se creían superhéroes, yo me creía pájaro, y tengo dibujos donde todos en mi familia eran pájaros. También trabajo en papel porque siento que está poco valorado, al igual que el alambre, de hecho todas las bases de mis tocados son de alambre. Últimamente he descubierto el acrílico y en él vuelco el lado de arquitecto que tengo. Apuesto por las cosas no tan pulcras, porque al final ninguna pluma es igual a la otra; el papel se arruga o se mancha y me gusta eso, que tenga quiebres, que no sea todo tan perfecto.

Tu alteración visual se transformó en el nombre de tu marca, pero ¿ser daltónico ha influido a la hora de crear? Sí, si te fijas en la gama de colores con los que trabajo es apagada: negro, rojo, colores pasteles. Tengo muchos problemas para ver colores fríos. Frente a esto lo que hago es sustituir el color y trabajar con texturas, la textura es para mí como el color. Yo sé con qué involucrarme, no me limito cuando me piden color, me limitaría si es extremadamente complejo, pero no creo que ocurra, porque lo que yo hago ya es avasallador.