Moda

Charles Frederick Worth, el inventor de la alta costura

Nada más esencialmente francés que la alta costura. Sin embargo, el creador del concepto, Charles Frederick Worth, fue un inglés, quien al hacerlo contribuyó a que París -su ciudad de adopción- fuera la capital mundial de la moda.

  • Florencia Sañudo

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Antes de Jeanne Lanvin o Jean Patou, mucho antes de Christian Dior o Cristóbal Balenciaga, un hombre encarnaba la esencia misma de la alta costura parisina y del buen gusto francés: Charles Frederick Worth. El libro “La Maison Worth, 1854-1954” (Ed. La Bibliotheque des Arts) recorre su historia y la de sus herederos.

Si su nombre no suena francés es porque no lo es. El llamado ‘padre’ (explicación más adelante) de la ‘alta costura’, concepto francés y parisino por excelencia, había nacido en 1825, en Lincolnshire, Inglaterra, y tenía 20 años cuando llegó a París sin hablar una palabra de francés, con apenas una Biblia y cinco libras en el bolsillo. La única experiencia laboral con la que contaba era su paso como aprendiz en dos tiendas de ventas de textiles en Londres. Gagelin, un comercio similar en París, le daría su primera oportunidad.

Worth, estrella indiscutida de su época, era un diseñador innovador, que adaptó el intrincado vestido del siglo XIX a la vida de todos los días, al reducir el ancho de la crinolina (que impedía a las mujeres actividades tan básicas como, por ejemplo, pasar por las puertas) y acortar el dobladillo de la falda deportiva, una sugerencia de la emperatriz Eugenia, a quien le gustaban las largas caminatas.
Worth, estrella indiscutida de su época, era un diseñador innovador, que adaptó el intrincado vestido del siglo XIX a la vida de todos los días, al reducir el ancho de la crinolina (que impedía a las mujeres actividades tan básicas como, por ejemplo, pasar por las puertas) y acortar el dobladillo de la falda deportiva, una sugerencia de la emperatriz Eugenia, a quien le gustaban las largas caminatas.

En poco tiempo Worth se convirtió en el vendedor estrella de la firma y eventualmente se hizo cargo del nuevo departamento de moda de la tienda, donde se ofrecían a las clientas algunos modelos ya hechos. Sus diseños, muy novedosos para su época, obtuvieron premios en la Gran Exhibición de Londres (1851) y en la Exposición Universal de París (1855), lo que lo alentó a abrir su propio negocio, en 1858.

El momento no podía ser mejor. En 1852 las fuerzas políticas conservadoras en Francia habían restaurado la casa real y Napoleón III ocupaba el trono con el título de emperador. Los nuevos bulevares iluminados a gas y las nuevas vidrieras con amplios paneles de vidrio que se instalaban por centenas incitaban el consumo y la demanda de artículos de lujo alcanzó niveles que no se habían visto desde antes de la Revolución de 1789.

Emperatriz Eugenia. Retrato por Franz Xavier Winterthaler, 1862.
Emperatriz Eugenia. Retrato por Franz Xavier Winterthaler, 1862.

Pero sobre todo, debe señalarse la influencia de la emperatriz Eugenia, nacida Eugenia de Montijo, (1826-1920), apasionada de la moda y de las artes y figura icónica de la alta sociedad, que contribuyó en gran parte a ese apogeo así como al de Charles Frederick Worth.

Modisto de la emperatriz

La princesa de Metternich contaba en sus memorias que una noche, en 1860, la emperatriz Eugenia admiró un vestido de baile que Worth había creado para ella, le preguntó el nombre del modisto y al día siguiente lo convocó al palacio. A partir de entonces Worth se convirtió en el modisto oficial de la emperatriz y -para gran pesar de la princesa- sus precios se triplicaron de la noche a la mañana.

Worth proveía a la emperatriz de extravagantes vestidos de noche, ropa de corte y para uso privado y originales creaciones para los bailes de disfraces que la pareja imperial adoraba. El patronazgo de la emperatriz y de otras célebres clientas, como la emperatriz Sissi y la actriz Sarah Bernardt, dieron alas al modisto.

Emperatriz Elizabeth de Austra (Sissi)en vestido Worth, 1865.
Emperatriz Elizabeth de Austra (Sissi)en vestido Worth, 1865.

Worth, estrella indiscutida de su época, era un diseñador innovador, que adaptó el intrincado vestido del siglo XIX a la vida de todos los días, al reducir el ancho de la crinolina (que impedía a las mujeres actividades tan básicas como, por ejemplo, pasar por las puertas) y acortar el dobladillo de la falda deportiva, una sugerencia de la emperatriz Eugenia, a quien le gustaban las largas caminatas. Si bien el tobillo al descubierto fue una píldora dura de pasar, las mujeres de la alta sociedad terminaron adoptándola.

Su estrategia de marketing también era renovadora: Worth fue el primero en utilizar modelos en vivo para mostrar sus creaciones a las clientas, en coser una etiqueta con su nombre en la ropa, en establecer el sistema de dos colecciones anuales que luego adoptarían todas las casas de moda y en expandir el nombre de la casa a través de franquicias.

Baronesa Curzon, 1902, virreina de India, vestido de Jean Philippe Worth.
Baronesa Curzon, 1902, virreina de India, vestido de Jean Philippe Worth.

Asimismo, Worth cambió la dinámica de la relación modisto-clienta. Antes las modistas (en general mujeres) iban a la casa de la clienta y obedecían sus indicaciones. Worth exigía que fuera la clienta quien se desplazara a su salón de 7 Rue de la Paix (a excepción de la emperatriz, claro está). Y sobre todo, Worth fue el principal responsable de elevar el estatus de sastre a ‘couturier’, el dictador que determinaba qué color o forma sentaba mejor a la clienta o qué es lo que se usaba o estaba ‘depassé’. Durante el último cuarto del siglo XIX Charles Frederik Worth asumió sin complejos el rol de máximo árbitro de la elegancia.

Cornelius y Alicia Vanderbilt. Ella lleva un disfraz - el espíritu de la electricidad - diseñado por Worth.
Cornelius y Alicia Vanderbilt. Ella lleva un disfraz – el espíritu de la electricidad – diseñado por Worth.

Su gran talento para la autopromoción contribuyó a que se le tildara de ‘padre de la alta costura’. Incluso, como lo haría Karl Lagerfeld 150 años más tarde, él se inventó un look -sombrero, capa hasta los tobillos y pañuelo al cuello- que usó desde 1870 en adelante, haciendo su figura automáticamente identificable por todos.

La segunda generación Worth

Cuando Worth falleció, en 1895, a los 69 años, víctima de una neumonía, sus hijos Gaston-Lucien (1853-1924) y Jean-Philippe (1856-1926) asumieron la dirección de la casa, que contaba entonces con mil doscientos empleados.

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Jean-Philippe, dotado para las artes y la pintura y refinado coleccionista, quien heredó su genio estético, lo aplicó en el diseño de fabulosas telas y en sus magníficas terminaciones.

Asimismo, mientras Gaston -más serio y reservado- se ocupaba de los proveedores y de la gestión, Jean-Philippe, el más joven, a cargo de la dirección artística, era una estrella de la sociedad. Los primeros años del siglo XX fueron florecientes para la casa. Tras la desaparición de su fundador y bajo la dirección de sus hijos, la maison Worth continuó ejerciendo su rol de líder en la moda, por ejemplo al introducir la tendencia del japonismo y el orientalismo en la moda, que cambió totalmente la silueta de la mujer.

En 1910 fue el turno de Jacques y Jean-Charles, los hijos de Gaston, de tomar las riendas de la firma. Bajo su ímpetu, la maison Worth se aventuró en el mercado del perfume. La primera fragancia de la firma fue Dans la Nuit, con su frasco diseñado por el artista René Lalique, un fantástico éxito. Entre esa fecha y 1947 la casa lanzó más de veinte fragancias de los cuales el “Je Reviens” (1932) se convirtió en un best seller internacional. Fue entonces que los departamentos de perfumería y de la moda se separaron.

El libro “La Maison Worth, 1854-1954” (Ed. La Bibliotheque des Arts) recorre su historia y la de sus herederos.
El libro “La Maison Worth, 1854-1954” (Ed. La Bibliotheque des Arts) recorre su historia y la de sus herederos.

Como los binomios Worth probaron ser una fórmula exitosa, a Jacques y Jean-Charles les sucedieron Maurice y Roger, los hijos del primero. Pero en los años 50 la casa, que había sido adquirida por otra gran maison, Paquin, ya no pudo hacer frente a la creciente competencia.

En 1952 la influencia de la familia Worth terminó con el retiro definitivo de Jean-Charles (1881-1962), y en 1956 la casa dejó de hacer la costura. Luego de su cierre, los perfumes Worth fueron adquiridos por la Société Maurice Blanchet, tras lo cual pasaron por distintas manos. Hoy en día pertenecen al grupo Designer Parfums, una firma que se define como custodia de marcas históricas y que continúa produciendo sus perfumes. Una fórmula actualizada de Dans la Nuit salió a la venta en 2000 y otra de Je Reviens, en 2005.

Hoy en día el espíritu de la marca sigue presente a través de algunas fragancias, como un nostálgico souvenir de otros tiempos…