La Comensala

Der Konig

El local, en el estilo fuente de soda, es sencillo y cómodo, con televisores para ver noticias y partidos. Aunque tiene pizarras con sus especialidades, la primera sorpresa fue la carta: es muy ingeniosa.

  • Pilar Hurtado

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Fuimos con mi amiga Maca a trabajar a uno de esos Work Café del Banco Santander en La Reina, y luego ella, que vive en la comuna hace mucho, me dijo que probáramos esta sanguchería a pasos de allí. Así que, cuando nos dio hambre, enfilamos hacia Der Konig, que significa ‘el rey’ en alemán.

El local, en el estilo fuente de soda, es sencillo y cómodo, con televisores para ver noticias y partidos. Aunque tiene pizarras con sus especialidades, la primera sorpresa fue la carta: es muy ingeniosa, se tomaron su tiempo para pensar los nombres y descripciones de cada emparedado y ensalada, relacionándolos casi todos con la cultura germana, con mucho humor; estuvimos mucho rato divertidas leyéndola.

Boris Becker, Heidi Klum, Claudia Schiffer, Gutenberg y la Merkel, entre otros, tienen sus platos en este local de La Reina (incluso Der Konig busca ser ‘el rey’ de La Reina). Fiel a mi costumbre, y fanática de los crudos, quise probar el Gutenberg, que la carta ofrece “causará una muy buena impresión”.

Llegó un plato con una buena porción de carne molida, mezclada con mostaza con granos y también cubitos de pepinillo y alcaparras, acompañada con mayonesa casera, ají verde picado, cebolla morada en cubitos y tostadas que hubieran estado increíbles más tostadas y no tan paliduchas. El jugo de limón venía en otro pote redondo (es buena idea ponerlo en un jarrito para facilitar la maniobra).

La novedad de que viniera ya mezclada la mostaza y los pepinillos me gustó mucho, nunca me había tocado así y volvería por este rico crudo. Mi amiga se pidió el Conde Walter Bruce, sándwich de salmón, ricotta, alcaparras y rúcula, que sirvieron en pan amasado porque el ciabatta propuesto se había terminado. Lo probé y estaba bueno.

También probamos la ensalada Merkel, con base de hojas verdes, camarones -de buen tamaño y bastante cantidad- al merkén y queso rallado, más un aliño de mostaza y miel también en un pote que obstaculizaba su vaciado sobre el plato sin chorrearse.

La atención, considerando que había a esa hora solo tres mesas ocupadas, fue bastante lenta, si bien lo que comimos estaba bueno. En la noche, me contó mi amiga, hay más movimiento, pero no sé si haya más personal. En cualquier caso, me pareció un buen lugar para ir a tomarse una cerveza con un crudo, sin apuro.

Nota: 5,5

Consumo: Todo lo descrito + una mineral y una bebida $23.400.