Vida Sana

Todo sobre el sol

Este es un llamado cauteloso a disfrutar de los beneficios de la exposición solar pero SIEMPRE con los cuidados respectivos. Los positivos efectos de la estrella luminosa en la salud son concretos y los especialistas buscan concientizar a la gente a protegerse de manera responsable de la radiación y re-aprender acerca de sus virtudes. Reunimos en diez conceptos lo que debes tener en cuenta este verano.

  • Florencia Gioia

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  • La cantidad de protector solar

Existen buenos métodos para no olvidar cuál es la medida ideal para aplicar protector solar en el rostro y en el cuerpo. La doctora Stefanía Toso, dermatóloga de Clínica La Parva, recomienda uno muy fácil de recordar: “1 cucharadita de té para cara, cuello y orejas. Para cada brazo 1 cucharadita, para cada pierna 2 cucharaditas y para el tronco y la espalda 2 cucharaditas. Es decir, deberíamos cubrir el cuerpo entero con 7 cucharaditas de té. Esta cantidad nos asegura que nos estamos aplicando el factor de protección solar que aparece en nuestro protector solar”.

  • Frecuencia de aplicación

Es muy probable que a medida que avanza el día una olvide reaplicar filtro solar. Tal vez por estar en la oficina creas que no lo necesitas, pero la radiación indirecta también afecta la piel. “El protector solar que utilizamos en cremas generalmente tiene una duración de 4 horas. Cuando estamos expuestos al agua, transpiración o viento este dura menos en nuestra piel. Por lo que debemos esparcirlo frecuentemente en estas situaciones”, explica la doctora Toso. “Si hay sudoración o se está en agua muy salada o con químicos de la piscina hay que aplicarlo cada hora, y cada 2 horas en circunstancias normales”, recomienda María Olga Estrada, esteticista y directora de la clínica estética que lleva su nombre.

  • Factor apropiado para cada tipo de piel

Antes se solía decir que las personas de piel morena prácticamente no necesitaban protección y que las de piel más pálida no debieran siquiera exponerse al sol, pero cada tipo de piel debe usar un filtro apropiado. La doctora Carla Muñoz es dermatóloga de la Clínica Globalderm y nos da las siguientes recomendaciones: “Se debe aplicar idealmente 15 a 20 minutos antes de la exposición solar. El factor de protección para radiación UVB, que se mide como el FPS, debe ser sobre 30 para la mayoría de las pieles. Aquellos pacientes con piel blanca, pecosos, rubios o colorines y de ojos claros y quienes tienen antecedentes de cáncer de piel o melasma, deben usar FPS 50+”.

María Olga Estrada agrega información relevante: “El máximo de protección UVA/UVB es 30 en bloqueadores, contienen aditivos químicos para hacer la fórmula más cubritiva, lo que la vuelve más oclusiva e irritante. En el caso de las pantallas, pueden llegar hasta 50 y más ya que hoy existe una nueva formulación que se expresa, por ejemplo, en rotulaciones como SPF 30/PA+++. Es un descubrimiento japonés para protegernos del daño de la luz azul o la que se ve, que son multipantallas”. Esta rotulación es una nomenclatura japonesa, a más signos +, más protección frente radiación UVA.

  • Tiempo de exposición

Lo ideal es evitar la exposición solar activa, es decir, no ponerse a tomar sol. Cuando haya exposición solar porque estamos haciendo deporte al aire libre o caminando debemos siempre usar ropa que nos proteja y protector solar en aquellas partes del cuerpo que quedan expuestas. Para evitar déficit de vitamina D se deben exponer brazos o piernas 15 minutos 2 veces por semana. En caso de tener factores de riesgo de vitamina D se debe consultar a su médico para dar suplementos”, afirma la doctora Muñoz.

La cantidad de tiempo debe ser controlada y dependerá del tipo de piel y de las medidas de protección aplicadas que son recomendadas por especialistas, pero idealmente uno debiera exponerse a la luz solar periódicamente en horarios de menor radiación, es decir bien temprano en la mañana (antes del mediodía) o durante la tarde (después de las 16.00 horas).

  • Horarios de exposición

En Chile durante el verano los efectos de los rayos UVA y UVB están en su grado extremo. Por eso se debe evitar la exposición entre las 10.30 y las 16.30 hrs. La doctora Toso recomienda: “Si uno va a realizar actividades al aire libre basta con el uso de medidas físicas como son lentes de sol, gorros y ropa con protección solar acompañado de pantalla solar de forma frecuente y en la cantidad correcta. Es importante recalcar que si te esparces menos
cantidad no estás aplicando el factor que aparece en la botella o frasco, por lo tanto la protección solar es más baja”.

  • Beneficios de la vitamina D

Durante años hemos oído que no debemos estar al sol, a través de numerosas campañas de cuidado de la piel, pero estudios recientes demuestran que cierto grado de exposición en necesario e incluso beneficioso para la salud. Favorece la producción natural de vitamina D, encargada de regular estados de ánimo y la correcta absorción del calcio con la consecuente mineralización de los huesos, entre otras funciones.

Los alimentos que contienen naturalmente vitamina del complejo D son: leche entera, huevos y algunos pescados como atún, sardina o salmón, entre otros. Algunas dietas restrictivas provocan una disminución de esta vitamina y se recomienda, bajo estricta supervisión médica, suplementar este déficit. Si no se controla, este exceso puede provocar distintas afecciones óseas o incluso cálculos renales.

  • Bronceado= daño

Lo lamentamos por las amantes de los baños de sol prolongados, pero piel bronceada significa piel dañada. Así de simple y tajante. El tono dorado que se va desarrollando luego de la exposición paulatina al sol evidencia que la piel tuvo que adaptarse para contrarrestar el daño solar.

La doctora Carla Muñoz lo confirma: “Lo ideal es no tener bronceado, porque desde el punto de vista dermatológico nunca es saludable. Si para la paciente es imprescindible andar bronceada, debiera tomar sol fuera de las horas de más riesgos, que son aproximadamente desde las 11.00 a las 16.00 horas, usando protector solar sobre FPS 30, que además tenga protección UVA y para luz visible. Para las pieles muy claras o manchadas o con antecedentes de cáncer de piel la mejor opción sería usar productos cosméticos autobronceantes”.

Sin embargo, hay algunos alimentos o suplementos que podrían ayudar en la producción de melanina. “Yo sugiero consumir mucho jugo de zanahoria con un gajo de betarraga y jugo de pomelo, o simplemente tomar betacaroteno en grageas. Eso da un tono de base y se necesita poco sol”, propone María Olga Estrada.

  • La buena luz

La doctora Stefanía Toso, dermatóloga de Clínica La Parva, explica que en Chile cerca del 90% de la población que consulta a un especialista y se realiza los exámenes correspondientes tiene déficit de vitamina D. En términos médicos se debe suplementar con dieta o concentrados y en términos estéticos hay una terapia que se llama fotodinámica con luz día, que busca revertir el daño acumulado en la piel justamente con productos tópicos que se activan con la luz solar.

“Algunos pacientes no toleraban la luz artificial que se usa, por lo que se intentó probar con la exposición controlada en ciertos rangos de tiempo y a determinadas horas para que los productos hicieran efecto, y hemos tenido resultados muy positivos”, explica. Antes de probar cualquier tratamiento recomendamos consultar con un especialista que te guiará de manera responsable e informada.

  • Productos con un plus

Para la doctora Muñoz es importante nutrir e hidratar la piel luego de la exposición al sol: “Los ‘after sun’ hidratan la piel para evitar la descamación, con una consecuente pérdida de bronceado. Hay algunos que además tiene elementos que alivian la sensación de ardor de las quemaduras solares”. Las versiones en gel o crema son buenos aliados y complementos de una piel más hidratada. En cuanto a los aceleradores de bronceado, algunos especialistas no los recomiendan: “No olvidemos que el bronceado lleva a envejecimiento cutáneo y a la formación de cánceres de piel”, advierte la doctora Toso.

  • Cuidados complementarios 

Ya hablamos sobre las lociones faciales y corporales para cuidar la piel, pero no se deben olvidar el pelo y los ojos. Los anteojos de sol cuyos cristales protejan de los rayos UVA y UVB son fundamentales para la vista: así como en invierno el sol rebota en la nieve, en verano lo hace en la arena y el agua, afectando el globo ocular y los párpados. Sombreros, gorros o pañuelos, junto con productos cosméticos específicos con protección son un ‘must’ para cuidar la cabellera de la radiación, además del cuero cabelludo, al que frecuentemente olvidamos, sobre todo en la partidura, que es piel completamente expuesta.