La Comensala

Punta Balcones

Todos los comensales quedaron felices con la experiencia y la atención, y a mí me pareció, dentro de la oferta peruana clásica de la capital, un espacio agradable y una propuesta bastante correcta.

  • Pilar Hurtado

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Es un espacio enorme, por el que han pasado varios restaurantes -el que más recuerdo es el chino Wok House-, y ahora es un peruano que está en aquí desde hace unos meses. Tiene tres niveles, mesas con manteles blancos y cubierta café y sillas con tapiz blanco; algunas paredes pintadas de celeste y cuadros con motivos del vecino país, logrando un ambiente grato. También tiene una terraza exterior que mira a la avenida Vitacura.

Al fondo hay una barra y la música alegre de estilo tropical completa el panorama. Los garzones son colombianos y muy amables. Ese domingo fuimos a almorzar un grupo grande, suegra incluida, y nos ubicamos en el centro del salón. No había muchos comensales -era el día de la segunda vuelta electoral, por lo que no pudimos probar los cócteles- y nos recibieron con pan caliente y salsas de ajo y ají.

Entre los pedidos para compartir hubo de todo: partimos con un fresco cebiche clásico -rico y bien logrado-, una jalea mixta -mariscos fritos- que traía pulpo, pescado, calamar y yuca -esta última, un tubérculo que frito es crocante-, con buena salsa tártara, además de zarza criolla -cebolla y limón-, que estaba muy bien aliñada, y en este caso mezclaron con granos de choclo peruano.

También pedimos un rico y contundente pulpo al olivo. Entre los fondos (que demoraron su resto en llegar, aunque había poco público) pedimos un chupe de camarones -la clásica sopa de este crustáceo, con habas, arvejas y papas- bastante soso, yo diría que aguado. El arroz chaufa de mariscos estaba muy rico y a punto, buena la porción. Y un correcto lomo saltado con el sabor a fuego que se podría haber esperado porque en la cocina, en parte vidriada, se alcanzaba a ver el reflejo de las llamas mientras lo estaban preparando.

De postre probamos un suspiro limeño que era más manjar y casi nada de merengue, y unos picarones -masa frita con un agujero al centro- acompañados de miel. Todos los comensales quedaron felices con la experiencia y la atención, y a mí me pareció, dentro de la oferta peruana clásica de la capital, un espacio agradable y una propuesta bastante correcta.

Nota 5.8

Consumo: Todo lo descrito + 3 jugos y 3 bebidas: $93.700.