La Comensala

La Cascade

Todavía recuerdo el antiguo local de La Cascade, donde la mítica y ya fallecida Madame Ivette preparaba clásicos platos de la cocina francesa. Ya a comienzos de este siglo el restaurante se trasladó a BordeRío y ahí se encuentra hasta hoy, a cargo de los nietos de Madame. Maderas oscuras dan un aire solemne a […]

  • Pilar Hurtado

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Todavía recuerdo el antiguo local de La Cascade, donde la mítica y ya fallecida Madame Ivette preparaba clásicos platos de la cocina francesa. Ya a comienzos de este siglo el restaurante se trasladó a BordeRío y ahí se encuentra hasta hoy, a cargo de los nietos de Madame. Maderas oscuras dan un aire solemne a este comedor, mientras que la terraza del primer piso, cerrada con ventanales, es más informal, con lámparas rojas, techo con telas del mismo color y sillas estilo terraza parisina.

Es sobrio pero agradable y recuerda a los clásicos bistrós parisinos. El local es grande, pero ese jueves víspera de feriado solo había cinco mesas con comensales. Fuimos a almorzar con mi madre y nos atendió un garzón peruano que se las sabe por libro, conoce la carta de La Cascade al dedillo y ‘vende’ bien sus platos.

De la amplia carta, nosotras nos tentamos, era que no, con un escalopín de foie gras, servido sobre unas tostadas demasiado duras que al cortarlas se partían e intentaban echar el vuelo fuera del plato. Al lado, una ensaladita aliñada, peras acarameladas y una suerte de mermelada de frutos rojos. Como fondos, dos opciones bien diferentes: un clásico magret de pato (pechuga con su capa de grasa) sellado y rosado, en buen punto de cocción, servido con papas ‘rotas’, en trozos y fritas.

Yo probé la hamburguesa French Burger, con quesos mantecoso, cheddar y roquefort, lechuga tristemente lacia, cebolla acaramelada que podría haber tenido un poco de dulzor, buen pan y una salsa bearnesa sosa, un tanto aguada, además. Las papas fritas, eso sí, espectaculares en ambos platos, no en vano los gringos les llaman french fries.

Como postre, compartimos una mousse de chocolate, correcta, buen punto de dulzor, pero, otra vez, he comido mejores. La experiencia fue grata en este caso porque la atención fue muy cuidada, pero sentimos un poco de nostalgia por lo rico que nos parecía todo en aquellos años. Todo cambia, no solo los tiempos, sino también las cocinas y los comensales… Consumo: todo lo descrito + 1 copa de vino, 1 mineral y un café: $48.400.

Nota 5.4

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