Gastronomía

La Caleta 94

El plato estaba para chuparse los dedos, no solo por lo jugoso, sino por lo rico.

  • Pilar Hurtado

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En la parte de abajo del restaurante Squella, en el barrio Brasil, se ubica este otro local, más casual. El centro de atención es la piscina, donde esperan su turno langostas, ostras, almejas, choritos y otras delicias, que son la materia prima de la cocina para ambos espacios.

La Caleta 94 es un lugar pequeño, con mesas alargadas, bancas, manteles de hule con motivos marinos, tazones de fierro enlozado con los cubiertos y servilletas de papel sobre las mesas. Squella, arriba, es un restaurante más convencional, la diferencia son preparaciones un poco más elaboradas para el segundo piso, una carta de vinos más amplia y otros precios; los de abajo son más económicos.

La música es alegre y el ambiente, grato y muy relajado. Las especialidades del día están en pizarras y es menester partir por lo fresco: buenas ostras sacadas de la piscina, unas increíbles almejas al matico, que fueron de nuestras favoritas.

Antes de eso, una cerveza convertida en un trago especial, con el jugo de las ostras (eso me recordó unos ponches de erizos bebidos en la costa de Arauco hace años, y otro mucho más elegante, con las ostras desconchadas y champaña, en la casa de la gran Laura Tapia, también conocida como Soledad Martínez, la legendaria crítica de restaurantes hoy retirada).Seguimos probando unos ostiones que los peruanos llamarían ‘a la chalaca’, con cebollita picada y en este caso también pimiento, carnosos pero cuyo delicado sabor no aguanta otros con tanta personalidad.

El plato de fondo que compartimos fue el cangrejo reventado, servido en una suerte de paila de fierro hirviendo, con un caldito mortalmente bueno y pensado para comer con las manos, perfecto para ese ambiente relajado. El plato estaba para chuparse los dedos, no solo por lo jugoso, sino por lo rico. Como hay que ir partiendo y escarbando las jaibas, se propicia el compartir y se acaba toda etiqueta. Con este manso banquete no nos quedó espacio para probar ningún postre y sí muchas ganas de volver, especialmente por los precios y lo grato de la experiencia. Consumo: $33.100 todo lo descrito + un trago de la casa.

Nota 6.6

Ricardo Cumming 94, Santiago. Teléfono +56953633624