Columnas

Sorpresas nos da la vida

Nunca antes nos habíamos imaginado que a esa edad se podía ‘comenzar’ algo, cuando todo lo que nosotros asociamos tiene más que ver con ‘terminar’, con ‘cerrar’.

  • Carla Guelfenbein

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Llegué a la serie “Grace and Frankie” por mi hija. No imagino qué es lo que le llama la atención a ella (tiene 23 años), pero lo que es a mí, me parece interesante. No necesariamente por el tema -los dos maridos de las amigas les confiesan en el primer capítulo que están enamorados y que se van a casar- sino más bien por el hecho de que cuatro septuagenarios sean sus protagonistas.

Esta serie no es la única. Hace unos meses se estrenó la película “Nosotros en la noche”, con Jane Fonda y Robert Redford. Aquí, Addie, una viuda que vive sola hace décadas, le hace una visita sorpresa a su vecino Louis. A pesar de vivir en un pequeño pueblo y ser vecinos, apenas se conocen. Lo que le propone Addie a Louis en su visita es que pasen las noches juntos. No para tener sexo, sino que para paliar la soledad que arremete siempre con más fuerza por las noches. Se necesitan agallas para proponerle a un hombre algo así.

Otra película, filmada en el 2015, es “Te veré en mis sueños”, con Sam Elliot y Blythe Danner (madre de Gwyneth Paltrow), ambos en sus setenta. Una mujer, viuda por décadas, que vive en un cómodo letargo, sintiendo que el mundo no tiene más que proponerle, comienza a vivir una serie de circunstancias que la hacen despertar a la vida nuevamente.

Esta serie y estas películas se unen a una larga tradición de filmes que han hablado de la tercera edad. Pero lo que resulta interesante en ellas, es que la realidad que nos muestran está muy lejos de los dramas asociados a esta etapa. No nos hablan de la enfermedad, o por lo menos no constituye un tema central, tampoco nos hablan de la ausencia absoluta de futuro. Por el contrario, sus protagonistas son más bien personas que, habiendo cumplido con el mundo, con sus familias, con su trabajo, están prontas a iniciar una nueva etapa. Nunca antes nos habíamos imaginado que a esa edad se podía ‘comenzar’ algo, cuando todo lo que nosotros asociamos tiene más que ver con ‘terminar’ con ‘cerrar’.

A pesar de ser todos retratos de personas acomodadas (muy diferente es llegar a esa edad en la pobreza, como millones de hombres y mujeres en el mundo), nos presentan dilemas realistas, reacciones emocionales creíbles, donde no están exentos las dudas, el miedo y la finitud. Hay en todos ellos la noción del paso del tiempo, pero no de una forma trágica y sin salida, sino como un momento en que los prejuicios, las convenciones, las cientos de reglas que les impusieron y se impusieron para poder sobrevivir y surgir en una sociedad reglamentada ya no les sirven ni son necesarias. Y eso es por lejos lo más interesante. Así, los maridos de Frankie y Grace deciden por fin vivir abiertamente un amor que han ocultado por años, ellas a su vez se plantean otra forma de vida, también una nueva actividad: montan una empresa de consoladores para mujeres de su edad.

Es esperanzador saber que, si no la hemos conseguido, una gran cuota de libertad nos está esperando en el futuro, justamente en ese futuro al cual tanto le tememos.

La sociedad suele tener, por lo general, una visión negativa de la tercera edad. Se asocia con enfermedad, falta de ilusión o soledad, entre otros aspectos, pero más allá de mitos y prejuicios, es una etapa que cada persona vive de manera distinta y en la que también hay lugar para el amor, las sorpresas, la sabiduría, los deseos…

El cine muchas veces se encarga de contarnos historias que muestran estas facetas. Unas veces son reales, otras ficticias, pero siempre resultan una oportunidad para reflexionar, aprender y descubrir nuevos puntos de vista sobre la vejez. Estas películas son un buen ejemplo. ¿Te animas a verlas?