Entrevistas

Francisca Vargas: alimentación consciente en tiempos modernos

El ritmo de vida, los distintos roles que jugamos en la sociedad, la escasez de tiempo… varios son los factores que a muchas mujeres les impiden comenzar un estilo de vida más sano, aunque esté la intención. Esa realidad fue la que motivó a Francisca Vargas, psicóloga clínica, a crear Ayurverde, una plataforma que promueve hábitos saludables y perdurables en el tiempo.

  • Alejandra Villalobos

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“No logro comer bien”, “he probado miles de dietas y no bajo de peso”, “no tengo tiempo para estar cocinando saludable todos los días”. Frases como esas fueron las que hicieron que Francisca (31), psicóloga clínica y hoy health coaching, modificara el sistema de programas detox que hasta ese entonces utilizaba para promover un estilo de alimentación saludable en base a la Ayurveda (medicina tradicional India).

“Hábitos saludables para mujeres ocupadas” fue el nombre que le dio a su nuevo curso online que acaba de lanzar, y que tiene como propósito enseñar desde una mirada mucho más profunda y acabada la importancia de llevar un estilo de vida saludable. “Este año se me ocurrió preguntarles a diferentes personas que habían hecho el programa detox cómo estaban ahora, y pese a que en el momento que hicieron el tratamiento (que duraba 3 semanas) aseguraron sentirse mejor, la mayoría había vuelto a sus antiguos hábitos.

Fue así como empezaron a aparecer factores como el tiempo, la carrera profesional, la vida familiar y personal, etc., y me di cuenta de cómo los distintos roles que tenemos las mujeres ‘intervenían’ en este cambio”, cuenta, y agrega: “Entendí que ser ‘saludable’ no podía estar centrado netamente en la alimentación; primero que eso, había que conectarse con uno mismo y desde ahí podía surgir una alimentación sana, porque a la larga no tiene ningún sentido si uno anda estresada o neurótica, o si eso significa una exigencia o hace que te vayas sintiendo aislada porque no puedes participar de un cumpleaños, porque no puedes comer nada; al final es mucho más importante ir formando una relación saludable con uno mismo, y eso significaba abarcar más factores”.

‘La punta del iceberg’

Francisca nació en Llayllay, una localidad al norte de Santiago, y vivió toda su infancia muy apegada a la naturaleza, rodeada de cerros y animales. A los 14 años se fue a vivir a Santiago, y una vez terminado el colegio entró a estudiar psicología en la Pontificia Universidad Católica, lugar en el que después comenzó a trabajar como psicóloga clínica.

Y aunque todo iba bien en la parte profesional, vivía con colon, jaquecas y otros malestares que terminaban siempre en lo mismo: idas a diferentes doctores y recetas con remedios para tratar las dolencias. Y eso le empezó a llamar la atención, porque, de todas las veces que iba, nunca le preguntaban sus hábitos, alimentación u otros factores que pudieran estar provocando esos malestares.

Comenzó a investigar por su cuenta y en esa búsqueda se topó con la medicina ayurvédica. Fue, probó y notó cambios que le hicieron sentido. “El principio básico del Ayurveda es que no para todos es saludable lo mismo, dependerá del tipo de persona y la estación del año. Por lo tanto, es una medicina de mucho autoconocimiento, hay que ir viendo cómo reacciona tu cuerpo, vas probando”, explica Francisca.

Fueron tan positivos los cambios que se involucró cada vez más, hasta que el año pasado decidió ir a estudiar a Buenos Aires un posgrado en Ayurveda para profesionales de la salud. “Si bien acá hay cursos, lo que me gustó del programa de allá es que es una Ayurveda mucho más aplicable a la vida moderna. Ellos han hecho adaptaciones a nuestra cultura y realidades, y, por ejemplo, en vez de usar exclusivamente plantas propias de la India agregaron plantas latinoamericanas”, cuenta.

¿Cómo se logra en la práctica integrar este concepto más global de ‘vida saludable’ a la vida moderna? La clave es entender que uno necesita cuidarse para seguir funcionando. No podemos avanzar solo en los planos profesionales o personales sin cuidar de nosotras. Si quiero comprarme un auto, tengo que tener claro que para que funcione hay que echarle bencina. Con nosotras es lo mismo, tenemos que darnos ese tiempo. Todas esas frases que escuchamos “no logro comer bien”, “he hecho miles de dietas y no bajo de peso”, etc., son las que yo llamo “la punta del iceberg”, lo que hay bajo el agua es realmente lo importante: entender cuál es mi relación con el autocuidado, dejar de sentir que somos las últimas en la escala de prioridades, dejar de postergarnos. Tenemos que organizarnos, planificar el autocuidado al igual como uno planifica las reuniones o las horas al doctor.

¿Cómo funciona tu programa? “Hábitos saludables para mujeres ocupadas” es un sistema de health coaching online que incluye 8 sesiones con videos, tutoriales, recetarios, meditaciones y sesiones grupales semanales (tres personas máximo) por videollamada. La idea es abordar distintas áreas que tienen que ver con los hábitos. Hay módulos que tocan el autocuidado, otros la ansiedad, el manejo del tiempo, la alimentación, etc. En las videollamadas vamos viendo los avances, las dificultades que van apareciendo en la semana, cómo podemos ir aterrizando estas pautas ‘ideales’ a la vida real y cotidiana, vemos estrategias, etc.

Al final, es ir entrenando la toma de decisiones para que sean saludables, pero no desde la restricción. También tengo una página de Facebook que se llama “Mujeres que se cuidan”, donde hago transmisiones en vivo para tocar diferentes temas.

¿Cómo es la alimentación que propones? Me baso en los principios de la Ayurveda, que es una alimentación principalmente libre de procesados, con hartas frutas y verduras, legumbres, semillas, algunas carnes, etc. Es una alimentación fuera de la lógica de las calorías y más preocupada de la calidad de los productos. Y también hay muchas hierbas, especias y aceites.

¿Qué pasa cuando logramos hacer cambios en nuestras casas, pero al momento de salir a la calle todo se vuelve más difícil? Lo principal es entender que si no tienes algún problema de salud o alguna alergia alimentaria, puedes comer de todo. Si uno está con el chip ‘no puedo comer esto’, más ganas nos van a dar. Hay que pensar si realmente lo quiero hacer, y si es así, hacerlo sin culpas y sin estresarse, porque eso a la larga también es una toxina.

Tenemos que aprender a ‘jugar’ con la capacidad que tiene el cuerpo de digerir esos alimentos, porque sí puede, pero entendiendo que no es lo mejor para él, y que si un día elijo comer pizza con cerveza, puedo volver al otro día a mi rutina y ayudar al cuerpo a limpiarse.

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