Moda

Claudia Schiffer: 30 años de carrera

Modelo, musa, ícono, Claudia Schiffer es, a los 47 años, una figura legendaria en el mundo de la moda. Para celebrar sus tres décadas de trayectoria presenta un libro con sus fotos más bellas y el testimonio de modistos, fotógrafos y colegas.

  • Florencia Sañudo

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Todos coinciden en que Claudia Schiffer es única. Por su belleza, de más está decir, pero también por sus cualidades: responsable, puntual, organizada, reservada, educada. Ni siquiera en los 90, su época de actividad desenfrenada, cuando el mundo giraba a su alrededor y ella giraba alrededor del mundo, saltando de un avión a otro para desfiles, producciones, presentaciones y entrevistas, nunca se permitió un capricho, una respuesta irrespetuosa, una crisis de histeria. Jamás se drogó ni se emborrachó, nunca llegó tarde a una cita.

Los modistos la aman. Valentino la describe como “un ser humano muy dulce, siempre lista para sonreír o reír, para pasar un buen momento con sus amigos y su familia”. Domenico Dolce y Stefano Gabbana la recuerdan como “una Venus extraordinaria que deslumbraba por su belleza y su humanidad”.

Sus amigas la admiran. Cindy Crawford, ya una modelo establecida cuando Claudia hizo su aparición, recuerda que “tenía tal fuerza frente a la cámara que por momentos yo me preguntaba si quedaría algo de trabajo para el resto de nosotras…”; Naomi Campbell constata que a lo largo de los años siempre fue para ella una amiga “solidaria, leal y honesta”, y Helena Christensen habla de “su vulnerabilidad, que se evidencia en su trabajo y una belleza y sensibilidad de otro mundo”.

Los fotógrafos no la olvidan. Mario Testino evoca “su amabilidad, su buena educación” y su increíble capacidad de emanar una confiante sensualidad, “cuando en el fondo era y sigue siendo una chica tímida”; Steven Klein renuncia a definirla, “es inexplicable -dice-, la mujer más fascinante que jamás fotografié”; Donatella Versace recuerda a Richard Avedon fotografiándola para una campaña de Versace y murmurando “esta chica es un sueño”, y Ellen von Unwerth, autora del prefacio del libro y su amiga desde que la fotografió por primera vez cuando ella tenía 19 años, no duda en afirmar que “ella es parte de mi vida”.

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De patito feo a magnífico cisne

Claudia Schiffer nació el 25 de agosto de 1970 en Rheinberg, Alemania, un pequeño pueblo al norte de Duisburg. Los Schiffer, padre abogado, madre ama de casa y cuatro hijos (dos varones, dos mujeres), constituían una familia de clase relativamente acomodada.

Quien más adelante sería considerada la mujer más bella del mundo era una niña llena de complejos. “Tenía las piernas torcidas, el trasero salido y un paso vacilante, y en la escuela me llamaban ‘el pato’. Como resultado fui una niña tímida, retraída y me aterraba hablar con la gente”, recuerda en el libro. Su mundo de fantasía era su refugio, y en él ella era una exitosa modelo que triunfaba en París y demostraba a todos lo equivocados que estaban. Pero convencida de que su sueño nunca se haría realidad, planeaba seguir los pasos de su padre y estudiar derecho.

Hasta que una noche, cuando ella tenía 17 años, Michael Levaton, director de la agencia Metroplitan Models, la vio en una discoteca de Düsseldorf y le propuso si quería ser modelo. “Pensé que era un chiste y le pregunté si se refería a la amiga que estaba conmigo, pero él insistió en que era yo quien le interesaba. En mi interior pensé que se trataba de un gran error”.

Oh, no. Rápidamente Claudia se encontraba camino a París y un año más tarde era la portada de la edición alemana de la revista Elle, fotografiada por su compatriota Ellen von Unwerth. “Lo primero que vi era una saludable niña alemana, pero al fotografiarla me di cuenta de su increíble parecido con Brigitte Bardot y decidí explotar ese look”, recuerda la fotógrafa. Von Unwerth la fotografiaría poco después para la campaña de la marca de jeans Guess? explotando esa innegable similitud.

La campaña, con su mezcla de sex-appeal inocente y de glamour, fascinó al público y atrajo la atención de la industria, y fue el punto crucial que lanzó la carrera de Claudia y la convirtió en miembro del más exclusivo club de la época, el de las ‘supermodelos’.

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Claudia y las supermodelos

El club original estaba compuesto por cinco modelos: Cindy Crawford, Linda Evangelista, Naomi Campbell, Christy Turlington y Claudia. Para aquellos que no lo saben, la década del 90 fue la época del reinado de las supermodelos, un período en el que un puñado de modelos, al que también se sumarían Stephanie Seymour, Carla Bruni, Tatjana Patitz y unas pocas más, dominaban todas las portadas, las campañas, las primeras planas. “Me resultaba hilarante que me llamaran supermodelo. Yo trataba de ser Superman, pero en realidad era Clark Kent. No se trataba de mí, era el trabajo que hacía”, confidenciaba recientemente en el sitio Business of Fashion.

En todo caso, las supermodelos habían reemplazado a las actrices en el imaginario popular y no había ‘it girls’ ni ‘instagirls’ para hacerles sombra. “Me siento muy contenta de que en los años 90 no existieran las redes sociales. Hoy en día todo va demasiado rápido y se espera demasiado de una modelo, que no solo debe documentarlo todo sino también mostrar muchas otras facetas de su personalidad además de compartir la atención con it girls, actrices y cantantes. En nuestra época éramos nosotras quienes teníamos todas las portadas y todas las campañas”, recordaba en la edición francesa de Vogue.

Si las supermodelos fueron un fenómeno mundial, Claudia Schiffer lo fue aun más. Su nombre traspasó las fronteras, su imagen llegó a los rincones más alejados del planeta. Claudia, considerada por muchos como la mujer más bella del mundo, acopiaba portadas (más de mil, un récord confirmado por el Libro Guinness ), desfiles para los más grandes nombres como Versace, Chanel, Dior, Fendi, Dolce & Gabbana, Ralph Lauren, Louis Vuitton o Yves Saint Laurent, y campañas, entre (muchas) otras para Armani, Dolce & Gabbana, Guess?, Oscar de la Renta, Michael Kors, Bulgari, Chloé, Max Mara, Pepsi, Revlon y L’Oréal, marca de la que fue embajadora durante dieciséis años. En 1991, Karl Lagerfeld la nombró imagen de Chanel, rol que asumió durante cinco años, si bien muchas veces volvería a prestar su rostro para la marca.

Entre los dos compatriotas el amor perdura. “Cuando apareció en el panorama de la moda fue como la salida del sol, y el sol sigue brillando”, fue el mensaje que Lagerfeld aportó al libro. También fue el rostro de grandes cadenas como Mango o Accessorize, ocasión para la cual se hizo perforar las orejas en 2006, o para Opel, que en 1998 no dudó en pagarle casi 4 millones de dólares por una publicidad, un récord en la época.

Realista y prudente, con sus pies bien apoyados sobre la tierra y con un sentimiento de que “las cosas no iban a durar”, a la hora de firmar los contratos Claudia se hacía asistir por su padre, abogado, y por su agente, Aline Souliers. Y cuando hizo falta desprenderse un poco de sus redondeces se despidió de algunos kilos superfluos para adquirir una silueta más acorde a las exigencias de los tiempos y de la alta costura.

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Los amores de Claudia

Su vida sentimental apasionaba a la prensa. A su breve y nunca confirmada relación con Alberto de Mónaco le siguió una larga relación (seis años) con el mago David Copperfield y otra con Tim Jeffries, un playboy conocido por vivir de mujeres bellas y ricas como Elle Macpherson, Kylie Minogue o Inés Sastre (la fortuna de Claudia hoy se estima en 120 millones de dólares).

La mujer con quien soñaba medio planeta no parecía tener suerte en el amor o quizás carecía del mismo buen criterio con el que dirigía su carrera, hasta que por fin apareció quien sería el hombre de su vida, Mathew Vaughan. “Fue un flechazo, nos reconocimos como una sola persona. Yo trabajaba sin parar y, por primera vez, frené”, decía al semanario español Yo Dona. La boda tuvo lugar en Suffolk en mayo de 2002. La novia vestía en Valentino y entre los invitados estaban Madonna y su entonces marido Guy Ritchie, Boris Becker y Elton John. Rápidamente vendrían tres hijos, Casper en 2003, Clementine en 2004 y Cosima en 2010.

Desde entonces la top model nómade echó raíces en Inglaterra y adoptó con entusiasmo el english tea y las tostadas con marmite, una pasta a base de extracto de levadura que solo resulta apetecible a los ingleses. La familia, que vivía en un barrio londinense muy chic, decidió instalarse en la campiña, en Coldham Hall, cerca de Cambridge, en una espectacular mansión Tudor. “Cuando mis hijos comenzaron la escuela despertaban mucha atención y los paparazis los esperaban a la salida. Por eso decidimos instalarnos en la campiña, donde pueden llevar una vida más normal”, decía al Vogue francés.

Si desde entonces la familia ocupa gran parte de su tiempo, Claudia está muy lejos de estar inactiva profesionalmente. Su sentido práctico la empuja a los negocios: una línea de productos capilares para Schwarzkopf, una colección de prendas de cachemira que ella misma diseña, una línea de zapatos de taco altísimo para Aquazzura y, más recientemente, una paleta de cosméticos para Artdeco, una marca alemana.

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A pesar de haber participado en diecisiete cintas -entre ellas en “The Blackout”, de Abel Ferrara-, el trabajo de actriz, por el que, como muchas de sus colegas, se dejó tentar temporalmente, no logró terminar de seducirla. Hoy en día prefiere asistir a su marido, director y productor. “He rodado pocas películas. Siempre que actué fue por hacer un favor a algún amigo, pero personalmente prefiero trabajar en la sombra ayudando a Mathew”, decía recientemente a Yo Dona. Pero nunca se la verá sosteniendo proyectos en los que no cree o vendiendo su nombre por un cheque. “Creo que trabajé lo suficiente en mi vida. Ahora hago únicamente lo que me gusta con las personas que quiero”. Es así que figura como productora ejecutiva del último filme de su marido, “Kingsman: the Golden Circle”. Además, Claudia es embajadora de buena voluntad para Unicef desde 1997 y colabora regularmente con otras organizaciones humanitarias.

A sus 47 años, el modelaje quedó atrás, aunque de vez en cuando el mundo de la moda “requiere su presencia” insustituible. En 2012 volvió a posar para Guess? con ocasión del 30º aniversario de la marca. En 2014 protagonizó la campaña de otoño/invierno de Dolce & Gabbana y en 2016, la de primavera/verano de Balmain, que reunió a Claudia con Cindy y Naomi. Más recientemente participó en el desfile primavera/verano 2018 de Versace, para el que Donatella reunió a cinco supermodelos: Carla, Cindy, Helena, Naomi y Claudia, todas enfundadas en vestidos dorados, una excelente ocasión para las cinco amigas de recordar tiempos pasados. “Nuestros lazos y la conexión que compartimos siempre seguirán intactos”, dice.

En el libro Claudia asevera: “En los últimos treinta años me gané la reputación de ser algo como una ‘ice queen’: un poco fría, profesional, sin jamás dejarme ir ante una cámara (…), pero quiero decir que mi frialdad siempre fue una manera de hacer frente a mi timidez. Adoré cada minuto de ser modelo y me siento extremadamente agradecida con todos aquellos con quienes trabajé y todos aquellos que hicieron todo lo posible por ayudarme”. Como siempre, una auténtica lady.