Belleza

El hotel sanador de Avène

Las aguas de Avène fueron descubiertas en el siglo XVIII, y desde entonces son consideradas como ‘agua bendita’ por enfermos en busca de curas dermatológicas, mayoritariamente quienes sufren de dermatitis atópica y de psoriasis. Pensando en ellos es que el fundador de la marca, Pierre Fabre, antes de morir en 2013, encargó la construcción de un hotel de lujo para acoger a pacientes y a sus acompañantes. Mujer fue invitada a pasar unos días para conocer las instalaciones y gozar de los servicios y su entorno.

  • Andrea Eluchans, desde Avène

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Quizás el químico farmaceútico y empresario Pierre Fabre nunca imaginó que la estación termal que compró en un pueblito medieval al sur de Francia llamado Avène, en 1975, terminaría siendo una especie de paraíso terrenal para las casi tres mil personas que viajan todos los años en busca de las bondades de los tratamientos allí ofrecidos.

Hasta 2016, cuando se inauguró el magnífico hotel que recibe a los ‘curistas’ (como llaman a las personas que buscan sanarse de dermatitis atópica, psoriasis, quemaduras y otras enfermedades de la piel), el centro termal consistía en el Laboratorio del Agua, la fábrica donde se elaboran los productos que se distribuyen a todo el mundo, la clínica y las oficinas corporativas.

Pierre Fabre tomó la decisión de construir el hotel antes de morir, eligió al arquitecto y la arquitectura, pero no alcanzó a trabajar en la ambientación interior ni la decoración. Se dice que le pidió expresamente a su amigo arquitecto Roger Taillibert que el diseño del edificio expresara su amor por la naturaleza, aprovechando la luz del lugar y creando espacios que reflejaran su pasión por compartir con las demás personas.

Desde la entrada al hotel se respira un clima de armonía y paz. La calidez de la recepcionista y de las 40 personas que ahí trabajan, la altura y claridad de los espacios, la mezcla de texturas y la presencia de grandes plantas verdes  auguran una estadía placentera. Más todavía cuando los visitantes descubren que además cuenta con una rica cafetería/bar y una biblioteca con piano incluido.
Desde la entrada al hotel se respira un clima de armonía y paz. La calidez de la recepcionista y de las 40 personas que ahí trabajan, la altura y claridad de los espacios, la mezcla de texturas y la presencia de grandes plantas verdes auguran una estadía placentera. Más todavía cuando los visitantes descubren que además cuenta con una rica cafetería/bar y una biblioteca con piano incluido.

Él decía que este edificio sería una “nueva colina” en el valle de Avène, ese paraíso aislado que siempre quiso preservar. Sus curvas armoniosas y elegantes, la manera en que se integran al entorno del paisaje, la iluminación de los espacios comunes y de las habitaciones, cautivan a los visitantes. Un edificio ultramoderno, algo futurista, permite que estando adentro o afuera se vea la luz natural y se aprecie el paisaje. A ello contribuyen la transparencia de los materiales usados y la predominancia de espacios abiertos.

“Quienes trabajaron los espacios interiores buscaron la simplicidad, la pureza, la bondad y la generosidad que caracterizan la marca y los productos que elaboran, todos en base al agua termal y sin ningún tipo de manipulación. Los muebles, los colores, las fotografías, los objetos de decoración y los libros que se encuentran en el hotel están inspirados en esos mismos valores”, escribió Eric Ducournau, presidente y director general de Pierre Fabre Dermocosmética, en el libro que espera a cada visitante en su habitación.

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Considerando que hay personas que vienen de muy lejos en busca de tratamientos para la piel o simplemente a descubrir el mundo que hay en torno al Agua Termal Avène, el hotel fue diseñado para que cada persona se sienta como en su casa. “Al estar con nosotros unos días o tres semanas (tiempo que duran casi todos los tratamientos) vivirán una experiencia excepcional”, agrega Ducournau en el texto.

Como en general los pacientes van con acompañante, la idea es que se sientan a gusto, coman rico, admiren la maravilla del paisaje desde una imponente terraza en torno a una buena copa de champagne o vino, paseen por las miles de hectáreas con bosque nativo, añosos árboles y variedad de flores, o simplemente duerman una siesta en una cómoda cama con sábanas blancas de muchos hilos y con el sonido del silencio más profundo que ofrece el lugar.

Sanar lejos del mundanal ruido

El hotel fue diseñado para consumir la menor energía posible. Un edificio inteligente que aprovecha las ventajas de la luz del día, que tiene sensores que disminuyen el consumo interior cuando hay mucha luz exterior o cuando no perciben movimiento de personas, paneles solares para precalentar el agua y aire acondicionado programado para ‘refrescar’.

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El ascensor transparente prolonga la luminosidad del lugar. Como el edificio es curvo, las 60 habitaciones también lo son, y todas tienen vista panorámica al parque y terraza. Blancas, muy blancas y con las comodidades necesarias, comenzamos a vivir la filosofía de nuestros anfitriones: “Hacerlos sentir en casa, pero al mismo tiempo transportarlos a otro mundo, al mundo de Avène”.

En ese mundo un equipo de especialistas estuvo trabajando por tres semanas con dos niñas chilenas invitadas con sus madres a recibir cuidados por sus distintas dolencias. Antonia Bravo (7) padece de dermatitis atópica (enfermedad crónica de la piel) y llegó con una crisis severa. A las 3 semanas casi no quedaban rastros de erupciones y llagas. Madre e hija recuperaron la sonrisa.

Amanda Marcel (9) sufrió un accidente doméstico que le quemó el 50 por ciento del cuerpo. En Chile ha sido sometida a múltiples operaciones y le quedan otras tantas. Su tratamiento en Avène buscaba aumentar la elasticidad de su piel con el fin de que el crecimiento natural de la edad no le inmovilizara el cuello ni otras partes de su cuerpo.

“La mejoría de Antonia ha sido formidable, y Amanda está muy feliz porque mueve mejor su cuello, brazo y tórax”, nos dijo Christine Paul, doctora que estuvo a cargo del tratamiento de ambas pacientes.

Con la alegría de madres e hijas tuvimos nuestra última comida en el exquisito restaurante del hotel, donde una vez más fueron mimadas con sus comidas y bebidas preferidas. Al día siguiente todos volveríamos a nuestra realidad, muy lejos de este paraíso terrenal.