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¡Alto Kitsch! Balenciaga Resort 2018

El trabajo de Demna Gvasalia en Balenciaga podría definirse como ‘kitsch’ a la inversa: toma objetos de uso cotidiano, los más vulgares y corrientes, y los lleva a su máxima expresión en copias de altísima calidad y factura.

  • Mariano Toledo

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El kitsch es un movimiento artístico surgido entre los años 1930 y 1970, fundado bajo la influencia del gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich. Como nuevos ricos querían alcanzar el status de las élites, copiando sus hábitos culturales y sus objetos de arte.

El kitsch es el anti-arte, todo lo vulgar, feo y barato tiene lugar en esta estética irónica y engañosa. La copia de materiales genuinos por otros artificiales y la desmesura en el adorno definieron esta forma de arte y decoración.
El trabajo de Demna Gvasalia en Balenciaga podría definirse como ‘kitsch’, pero a la inversa.

Este diseñador toma los objetos de uso cotidiano, los más vulgares y corrientes, y los lleva a su máxima expresión en copias de altísima calidad y factura. ¿Un imán de refrigerador, un espejo retrovisor de automóvil, un racimo de uvas plásticas? El logro está en captar el espíritu y la simbología de estos objetos y llevarlos al código de lo extraordinario, he aquí de lo que todo el mundo habla: “el nuevo lujo”.

Veamos algunos looks de esta colección, que es una reedición de grandes éxitos.

  • El típico abrigo asimétrico con la abotonadura desplazada hacia el hombro, un gesto que resume cuán porfiado es Gvasalia. Observen los colores de los accesorios.

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  • Reedición de la falda ‘alfombra de automóvil’, el aspecto es de goma, pero les aseguro que están hechas del cuero más fino, con procesos de gofrado en bajorrelieve. El anillo de racimo de uvas y los zapatos envueltos en pañuelos, el nuevo kitsch.

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  • Fue Gvasalia en Vetements el que revivió la parka acolchada, y les aseguro que todo el mundo lo siguió. Siempre oversize, es como llevar un plumón encima. El bolso imita las bolsas de los mercados de recuerdos de las grandes capitales.

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  • ¿Una gran bufanda o un rectángulo de alfombra buclé con el logo de la marca? Otro invento que parte de un objeto tan cotidiano como limpiarse los zapatos en la puerta de entrada a casa. El vestido lila y los zapatos y cartera fucsia combinan con el verde de forma nueva e inquietante.

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  • El abrigo de piel de feria de las pulgas y la bolsa de recuerdo de Londres, auténtico postulado kitsch.

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  • Las pantis con zapato incluido, otro gol de Balenciaga. Los estampados discordantes, en fusiones inimaginables, otro sello del estilo más amado y odiado de esta década.

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