La Comensala

Etienne Marcel

El lugar, que cuenta con jardín y juegos para niños, es precioso, ambientado con madera y paredes listadas en blanco y azul, es muy tranquilo. Fue todo un descubrimiento con pastelería excepcional y muy buena relación precio-calidad.

  • Pilar Hurtado

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Como paso frecuentemente por la calle Luis Pasteur, me había llamado la atención la apertura de una juguetería llamada Pichintún, con vitrina a la calle, y al costado, un café. Por mi lado periodístico recibí muchos correos contándome de este nuevo lugar, invitándome, etc., pero no fui nunca. Hasta un viernes en que invité a almorzar a una amiga, en medio de las correrías de la semana que terminaba.

Yo llegué tarde y ella ya había pedido un sándwich de salmón llamado Iceberg, que devoraba feliz. Yo me tenté con una quiche lorraine de la vitrina, todo hecho ahí. La chica francesa que estaba tras el mostrador, a cargo del local y también atendiendo ese día, me lo trajo un rato después, bien caliente y servido con una ensalada de lechuga aliñada (como sugerencia, quedaría mundial si a la lechuga le suman otras hojas verdes completando un mix).

La quiche estaba buenísima, excelente masa, relleno justo a punto, con huevo, crema y tocino en buena proporción y conservando la textura; me encantó y volveré para repetírmela. Acompañé con un jugo Hulk, verde con pera, apio y jengibre, hecho ahí mismo.

Luego, mientras comíamos, la chica francesa se sentó en una de las mesas a trabajar con su computador, y nos dejó un poco olvidadas. Ok, no era la ‘garzona’, pero estaba desaprovechando la oportunidad de ofrecernos un postre de la variada vitrina. No importa, igual nosotros le pedimos café y tres cosillas ricas, riquísimas en verdad.

No optamos por los macarons, especialidad de la casa, sino por un eclair de chocolate naranja que estaba espectacular, muy rica la masa y el relleno, una crema con cascaritas de naranja confitadas y cubierto de chocolate, soñado. Se supone que eran solo para probarlos, pero nos comimos hasta la última miga también de una tartita de caramelo salado, exquisita, y de una cannelé, un quequito acanalado bien húmedo y relleno con una crema pastelera deliciosa. Acompañamos con café.

El lugar, que cuenta con jardín y juegos para niños, es precioso, ambientado con madera y paredes listadas en blanco y azul, es muy tranquilo. Fue todo un descubrimiento con pastelería excepcional y muy buena relación precio-calidad. Consumo: todo lo descrito $17.800.

Nota 6.5

Luis Pasteur 5441, Vitacura. Teléfono +56228130755