Moda

Los guardarropas que escriben la (otra) historia

Michael Jackson, ‘el Gitano’ Sandro, Hillary Clinton, Fidel Castro, Evo Morales y Mercedes Sosa. ¿Qué tienen en común estos personajes? Que al igual que todos quienes vivimos en sociedad, ellos también se autorrepresentaban (o autorrepresentan) a través de la vestimenta. Desde la rebeldía o la sumisión, gracias a la ropa y los accesorios, siempre -consciente o inconscientemente- estamos comunicando algo. Esa es una de las ideas que subyacen en el libro “Apuntes para un Diccionario de la Moda”, de la historiadora y columnista de revista Mujer Pía Montalva.

  • Verónica Marinao

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Aunque por años Sandro había cantado la optimista “Al final la vida sigue igual”, no hubo recuerdo ni melodía que ese 4 de enero de 2010 atenuara la pena de sus fans, quienes desconsoladas y entre lágrimas esperaron durante horas para entrar al Congreso Nacional argentino y decir adiós al ‘Gitano’. “Guardaron cierta compostura, conservando en el lugar apropiado los calzones que acostumbraban arrojarle en los conciertos. Tamaña devoción ha sido explicada a partir de una performance que en sus mejores épocas incluyó movimientos pélvicos, voz insinuante, mirada seductora, actitud romanticona, gestualidad desvergonzada y melodrama como telón de fondo.

Habría que agregar que en toda esta historia, la ropa del ‘Gitano’ ocupó un lugar protagónico (…) Es cierto que Sandro usaba camisas blancas y trajes oscuros en muchas de sus presentaciones, pero los vuelitos de referencia rococó que cubrían buena parte de su pecho resultaban profundamente femeninos. Potenciaba el vínculo con las mujeres precisamente porque compartía con ellas ciertos códigos estéticos”, analiza la historiadora Pía Montalva en “Apuntes para un Diccionario de la Moda” (Editorial Hueders, tienda.hueders.cl), libro que ya está a la venta.

Es un texto estructurado a modo de catálogo que va de la A a la Z, partiendo por palabras como ‘alpaca’, pasando por ‘fleco’ y ‘kimono’, entre otras, hasta llegar a ‘zapato’. Cada concepto va acompañado de un relato asociado a la definición en cuestión. Algunas de estas historias se publicaron hace años en la desaparecida versión impresa del diario La Nación y fueron reescritas o actualizadas, y otras son totalmente nuevas.

El capítulo dedicado a la alpaca, por ejemplo, se detiene en el Presidente de Bolivia, Evo Morales, y en “su negativa a adoptar al pie de la letra el canon occidental en materia de indumentaria”. El mandatario, explica Pía Montalva, rechaza algunos de “los símbolos burgueses de mayor relevancia en la historia del traje”, léase chaqueta con solapa y botonadura con pantalón de la misma tela, camisa blanca y corbata. “Al asumir su primer mandato, Morales solicita a su compatriota, la diseñadora Beatriz Canedo Patiño -formada en París, con una interesante trayectoria en Nueva York y fundadora de la marca Alpaca Design- un traje que lo conecte con sus raíces aimaras (…) El gesto de Evo es coherente con su deseo de refundar el país mediante acciones antiimperialistas y antineoliberales”, escribe Pía Montalva.

Hace unos meses la autora de “Morir un poco” y “Tejidos blandos” sufrió un accidente que la ha obligado a usar bastones y a vestirse de otra manera. Desde esa nueva realidad han surgido interrogantes acerca de su propia autorrepresentación y serán el punto de partida de su próxima investigación.

No siempre se logra una coherencia entre discurso y vestimenta, por cierto. De hecho las páginas dedicadas a la palabra ‘buzo’ analizan el look de los últimos años del ex líder cubano Fidel Castro, luego de dejar a su hermano Raúl en el poder. “Desde que Fidel Castro abandonó el gobierno sus apariciones públicas estuvieron condicionadas por la llegada de varias visitas ilustres que querían saludarlo, en su calidad de mito viviente. Pero el estatuto de mito no calzaba con los contemporáneos buzos adidas. Había algo errático en esta elección (…) el logo adidas, siempre a la vista, continuó malogrando todo intento de apropiación. Puso en evidencia la falta de lucidez del líder. Porque reemplazar el atuendo revolucionario por un buzo deportivo -aunque este integre el uniforme militar contemporáneo-, y dejarse seducir por una marca alemana, significó negarse a morir con las botas puestas”, asegura la historiadora.

Montalva cuenta también sobre la rigidez de las armaduras y los accesorios fetichistas que fueron llenando el clóset del rey del pop. “Jackson creció desde una condición de pequeño y delgado muñeco manipulable, desarticulado al son de moonwalk en “Billie Jean” (1983), hasta alcanzar la dimensión de estatua inerme. El monumento y la decadencia llegaron por añadidura”, escribe la historiadora.

Además recuerda la participación de Mercedes Sosa en el Festival de Cosquín de 1965, acompañada de un bombo, un hecho que desató la ira de Julio Mahárbiz, asesor de la comisión organizadora. “¿Quién es esa mina con esa pinta de sirvienta, qué hace acá?”, vociferó indignado. De este hecho evidentemente clasista Montalva salta más tarde a uno de tintes políticos; analiza el perfil masculino que Hillary Clinton dio a su look en sus campañas políticas, muy alejado de su otrora propuesta femenina en su época como primera dama.

También habla de la conciencia y de la sensibilidad estética del ex presidente Salvador Allende, porque, según Montalva, “paradójicamente parecía saber que podía permitirse transgredir las reglas sin poner en cuestión nada fundamental”. “Para potenciar su empatía con el pueblo, Allende vestía de sport. Un tosco y oscuro chaquetón lo acompañó en el sur de Chile, cuando visitó las comunidades mapuches (…) Durante la visita a Naciones Unidas, posiblemente uno de los momentos más solemnes de su vida pública, eligió un pañuelo blanco para adornar el vestón, quizá en señal de paz”, puntualiza la escritora.

A través de estos personajes hablas de la vestimenta como una forma de autorrepresentación. ¿Existe la posibilidad de que una persona equis no se autorrepresente o es imposible escapar a ello? Yo creo que es imposible escapar a la autorrepresentación, salvo talvez que estés privado de libertad, por ejemplo… por eso para este libro fue importante lo planteado en “Tejidos blandos” (su libro anterior, donde abordaba el vínculo entre la ropa de las víctimas y la represión del régimen militar de Pinochet).

Ahí se plantea que uno fractura su relato autobiográfico en la medida en que no tiene la posibilidad de autorrepresentarse, porque al hacerlo nosotros estamos visibilizando nuestra identidad hacia el otro; vivimos en comunidad, por lo tanto la forma en que nos presentamos hacia los demás es superrelevante en el establecimiento de los vínculos de todo tipo.

Es un texto estructurado a modo de catálogo que va de la A a la Z, partiendo por palabras como ‘alpaca’, pasando por ‘fleco’ y ‘kimono’, entre otras, hasta llegar a ‘zapato’. Cada concepto va acompañado de un relato asociado a la definición en cuestión. Algunas de estas historias se publicaron hace años en la desaparecida versión impresa del diario La Nación y fueron reescritas o actualizadas, y otras son totalmente nuevas.

Te lo pregunto porque mucha gente dice “no me interesa la moda” o “no me interesa lo que me pongo”, y en eso al parecer hay una pequeña mentira, porque aunque no te ‘interese’ igual estás comunicando algo. Claro, si no te interesa y tú te vistes con lo primero que sacaste de tu clóset, aunque tú no elijas nada y sean puras cosas regaladas, en algún momento las sacas y las escoges en relación a otros. Incluso en los casos de gente que usa uniforme, personaliza la indumentaria porque los cuerpos son diferentes e interactúan debajo de la indumentaria (…); siempre hay detalles que impiden la uniformidad, por último porque los cuerpos en las peores condiciones no reaccionan todos iguales, unos adelgazan más que otros, no sé, …Yo creo que la gente que dice que no le interesa la ropa o la forma de vestirse, por último puede comunicar caos o descuido, pero siempre va a comunicar algo, porque es superrelevante; la ropa es el único elemento de la cultura con el que nosotros tocamos una parte importante de nuestro cuerpo, entonces no es lo mismo ponerse una polera que tomar una taza con la mano, porque la porción del objeto que entra en contacto con el cuerpo es totalmente distinta y el tipo de contacto, también.

Un accidente, una nueva mirada y un proyecto

A mediados de julio, Pía Montalva tuvo un accidente camino a su trabajo y se fracturó la cadera, lo que la dejó un mes inmóvil y aun le significa el uso de bastón (en algún momento debió usar dos). Aunque la lesión no la dejará así para siempre, esta caída le hizo cambiar la forma de mirar su cuerpo. Por eso, en su nuevo libro, uno que recién está en pañales, ahondará en los cuerpos limitados a la hora de vestirse y entrevistará a personas de movilidad reducida para adentrarse en el tema.

“En los cuerpos vestidos siempre estoy buscando la forma de mirarlos, y una de las cosas que me interesan es explorar lo que ocurre con el cuerpo limitado, cuando tú sientes que de alguna manera es usurpado en el sentido de que las personas comienzan a decidir cosas que atañen a tu cuerpo, ya sea en un espacio público, en uno privado o en el espacio propiamente terapéutico.

Por otro lado, el hecho de permanecer inmóvil y no tener la capacidad de poder circular sin ayuda, en este caso de un bastón, te cambia la gestualidad, la manera de moverte y tu relación con el espacio; luego eso va a ser recuperable, pero no del todo recuperable porque igual hay un quiebre. Desde lo más intelectual siento que hay un quiebre de la conciencia de lo que puede ocurrir con tu cuerpo. Yo antes no tenía tanta conciencia.

También cómo cambia la postura corporal, porque cuando no te puedes mover a tus anchas tienes que modificar la forma de apoyar los pies, apoyarlos o no apoyarlos, dónde vas a cargar el peso, y todo eso impacta la ropa, no debes ponerte algo ajustado porque no puedes flectar la rodilla, o el hecho de no poder agacharme, (…) y también cambian las marcas que van quedando en la ropa porque tú te mueves de forma diferente”.

Y esto además confirma tu idea planteada también en el libro anterior, Tejidos Blandos, en el sentido de que la ropa siempre recoge historia. Claro, la ropa recoge historia, y también el otro tema que está desarrollado en el libro anterior tiene que ver con las limitaciones de espacio, porque acá también está vinculado al espacio, incluso al espacio de tu cama.

Yo estuve un mes inmóvil y veo que hay formas diferentes de ocupar ese espacio porque hay partes de tu cuerpo que no puedes apoyar, entonces también te cambia y te molesta el pijama, y a mí me interesa mucho esa mecánica y poder desarrollar eso (…) y también contrastarlo con el saber médico, porque esas son otras imposiciones de alguien que te dice ‘usted no se puede apoyar’.

Yo seguí todas las indicaciones de mi doctor porque no tenía ningún interés en que mi lesión se profundizara. Pero también hay un ejercicio fuerte en el aceptar que alguien está manejando tu cuerpo, porque te dice ‘usted se mueve, usted no se mueve, usted se mueve, usted no se mueve” o “no se siente derecho”.

El cuerpo, además, cambia con la postura por como una se sienta. Todavía no puedo sentarme normalmente y tengo que hacerlo como a una siempre le dicen que no se debe, que es un poquito echada, y eso cambia toda la parte anterior del cuerpo porque es lo que no usas (…).

¿Y tu clóset estaba preparado para este cambio? No, no estaba preparado, porque, por ejemplo, yo ahora necesito zapatos que me apoyen bien y que me permitan sentir cuánto peso cargo. Hoy solo me siento segura con zapatillas, y yo tengo casi puros vestidos y zapatos bajos y de suela plana como oxford o ballerinas, que sostienen poco el pie. Entonces son pocas las cosas que me sirven y yo no soy deportista, entonces no tengo muchos buzos en mi clóset…

La ropa cambió, tu forma de desplazarte también. Todo cambia. Como no tenía las manos libres, me ponía esas bolsitas de género como canguro y en la mañana cuando me levantaba a tomar desayuno colocaba las cosas adentro y me movía con los dos bastones y mi bolsa adelante (…) La fragilidad sicológica en la que uno queda con un accidente así es fuerte. Estás acostumbrada a ir a la oficina todos los días y es angustiante estar en esta situación que no te puedes mover, esos son efectos de los que uno normalmente no habla.

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