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Gorditas nos quieren

Los datos de los sitios de citas dicen que casi todos los hombres tratan de salir con mujeres delgadas, y esto, al parecer, tiene un solo objetivo: impresionar al resto del mundo.

  • Carolina Pulido

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Hace poco mi pareja me confesó que cuando me conoció le parecí demasiado flaca. Fue hace 3 años. La única vez que estuve demasiado flaca fue el 2000, y duró poco, pero según él yo me veía demacrada esa noche en que nos miramos por primera vez. El problema se solucionó rápidamente ya que unos meses después se habían manifestado en mi cuerpo los efectos de la buena mesa.

Hoy debo tener unos 5 kilos más que en esos días y a mí me molestan sobremanera. Pero para ser totalmente honesta, nunca han llegado a molestar tanto como para abandonar el placer de comer, una de mis actividades favoritas. Influye también que mi pareja opina que así estoy regia, algo totalmente inexplicable luego de verme en las fotos de cuerpo entero y sobre todo habiéndome conocido 10 años atrás. Pero es así.

Después de esa confesión sobre nuestro primer encuentro me topé con un artículo acerca de Seth Stephens-Davidowitz, un economista que se dedica a estudiar lo que nos dicen las búsquedas en línea sobre los deseos y preferencias de las personas. Para él, la única fuente de información fidedigna sobre cómo somos es Google y su conclusión es categórica: las personas mienten para ser más deseables. Hoy se sabe que cuando un sondeo se hace de manera personal hay menor probabilidad de que la gente diga la verdad.

E incluso en Internet, cuando hay cierto anonimato, los encuestados suelen exagerar. Y adivinen: una de las áreas en las que se mantienen más secretos es el sexo. Por ejemplo, el porno con mujeres pasaditas de peso es un hitazo en Google. ¿Te sorprende? A mí sí. Los datos de los sitios de citas dicen que casi todos los hombres tratan de salir con mujeres delgadas, y esto, al parecer, tiene un solo objetivo: impresionar al resto del mundo. Es decir que muchos hombres van en contra de sus deseos para conformarse con los paradigmas socialmente aceptados. Y no es que ellos sean mentirosos o increíblemente inseguros. Lo somos todos.

Hoy se sabe que tenemos menos sexo, somos más homosexuales y más perversos de lo que declaramos. También más avaros. Pero para mí lo más interesante fue el hallazgo de la calentura asociada al rollito de más. Quiere decir que la moda nunca debió imponer las modelos altas, espigadas, con pechugas mínimas y caderas huesudas. Debimos quedarnos en el ideal curvilíneo cincuentero.

Escéptica ante tamaña revelación, lancé la pregunta por Twitter. “Usted prefiere las mujeres flacas, entraditas en carnes o derechamente rellenitas?”. Obvio que no resultó. Varios se declararon a favor de la carne y alguna dosis de grasa, pero en general se inclinaron por respuestas políticamente correctas: “todas son bellas”, “ni mucho ni poco”, “que se gusten a sí mismas”.

Decidí seguir el consejo de varias mujeres de la red social que, muy interesadas en los resultados, me sugirieron que posteara una encuesta anónima. Y lo hice, con solo dos alternativas: A) Fibrosa. B) Blandita. Y sí, ganó la alternativa B con un 60% de los votos. Mi pareja diría que mi encuesta no tiene ninguna validez probabilística, por lo cual sería mejor ni mencionarla, pero como yo siempre le digo: esto no es un paper sino una columna de opinión. Y esta vez opino que nos hemos pasado de burras.

Ahora, cada vez que usted vea una imagen de esas modelos de pasarela imposibles de imitar, recuerde esto: ¿quién quiere un cuello largo y un abdomen marcado si tiene carne para agarrar, caderas que se mueven ondulantes y pechos generosos?