Moda

Carolina Cerutti, la diseñadora chilena que se abre camino en Europa

Hace seis años se fue de Chile para terminar sus estudios en Milán, donde conoció distintas facetas del fashion business. Escribe de moda en la página de Chiara Ferragni (The Blonde Salad) -con quien además diseñó una edición limitada- y hace un año se atrevió con Art Dealer -su marca de estilo vintage y confección italiana-, que lanzó en octubre su tercera colección.

  • Francisca Colussa

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A los 21 años Carolina Cerutti descubrió la que llama ‘su ciudad en el mundo’ cuando decidió terminar sus estudios de diseño de moda en el instituto Marangoni de Milán. “Al principio no tenía claro que quería diseñar ropa, por eso (después) me fui a Londres a un curso de verano en Saint Martins para diseñar zapatos y carteras”, cuenta Carolina (27).

Las coincidencias jugaron a su favor cuando una amiga -que trabajaba con uno de los socios de Chiara Ferragni Collection- la recomendó para el equipo de diseñadores de zapatos para The Blonde Salad (TBS), e-commerce y blog de la ‘it girl’ Chiara Ferragni, que al poco andar se transformó en una página de moda con más contenido que solamente los looks diarios de la fashionista y de pasó cambió un poco la carrera de Carolina al quedar a cargo de escribir los temas de moda del sitio, un giro que aceptó como una oportunidad.

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“Cuando estudié en Chile me di cuenta de que faltaba mucho, porque la única posibilidad que tenías (de desarrollarte) era tener tu propia marca o traer marcas de afuera y abrir tu negocio. Yo sabía que había algo más, pero desconocía qué, y en Milán comprendí que además de ser diseñadora, en la moda hay mil ramas. Puedes trabajar en el ‘fashion business’ como stylist, prop stylist, diseñadora de accesorios, especialista de telas… ¡hay una cantidad de cosas para hacer! Por eso me fui a Londres y después acepté ser ‘fashion editor’, porque se puede hacer de todo. Después me dediqué un poco al estilismo en el mundo de lujo y accesorios, y eso me ayudó a ver que lo creativo era lo mío”, dice.

¿Cómo han sido estos años trabajando en TBS? Ha sido una experiencia superbuena, aprendí otro lado de la moda que me gusta mucho. Prefiero la parte creativa, como lo que estoy desarrollando ahora, pero cuando hago los contenidos lo paso bien, me gusta proponer tendencias o hacer un poco de stylist y ayudar (a las personas) con ideas para vestirse. Es lindo también, porque hay mucha gente que no tiene idea qué usar si tiene una fiesta o una entrevista, por ejemplo.

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Art Dealer: inspiración retro con corazón italiano

Hace un año Carolina se fue a vivir a Barcelona, momento clave para desarrollar su marca de manera instintiva y usando los conocimientos y contactos adquiridos en Milán. “Fue difícil, pero me vine por amor. Llegó el minuto en que teníamos que trasladarnos porque la empresa de mi novio está basada aquí. (…) Tenía tiempo para hacer otra cosa y siempre soñé con crear mi propia marca, pero era de eso que uno dice ‘algún día pasará’. Y pensé ‘por qué no empezar ahora, puedo partir con algo chiquitito y que crezca lentamente’. ¡Me atreví y lo estoy haciendo!”. Así nació Art Dealer, “con un diseño especial y una identidad vintage pero reinterpretada en una clave más moderna, porque para mí el futuro es vintage”, define la diseñadora.

¿A qué te refieres con eso? Es importante, porque es la búsqueda de un producto más sostenible. Mi clienta es una mujer que prefiere ahorrar y comprarse un producto de calidad, que le va a durar mucho tiempo.

¿Qué tiene Art Dealer de Milán, Chile y Barcelona? De Milán tiene el glamour, las telas y la personalidad de la mujer italiana. De Barcelona tiene el ‘casual wear’, que lo incorporé en la nueva colección -lanzada en octubre-, y de Chile, el uso de materias primas de calidad, como la lana, que estará en varios trajes de la nueva línea y forman parte de este look casual que estoy incorporando, porque la mujer a la que vendo yo es supersofisticada, y para el mercado italiano, que es mi principal público de ventas, va perfecto, pero quiero incluir nuevos públicos como el de España, que es más casual en general.

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Fiel a su admiración por el país de la dolce vita, Carolina apostó por desarrollar la confección en Milán y Bérgamo, asumiendo costos que duplican los de España y cuadruplican los de Turquía.

¿Por qué tomar ese riesgo cuando se está emprendiendo? Porque la calidad no tiene comparación. Hice pruebas en España para comparar y el resultado final es distinto. Yo trabajo con telas delicadas y se veían los defectos de costura, entonces dije no, me quedo con Italia (…) El tipo que me hace los patrones también se los hace a Gucci, Saint Laurent, Stella McCartney, y yo puedo pasar tardes enteras con él y me cuenta las historias de cuando tuvo que vestir al presidente Kennedy… Uno piensa, son número uno en el mundo, tendrán otro sistema (más moderno) y nada, es él y sus hijos que trabajan de manera superartesanal. Ahí están el conocimiento y el poder que ellos tienen (en la industria).

¿Cómo es trabajar en moda en y para Italia? Es competitivo, pero tuve la oportunidad de ver cosas que jamás hubiera soñado. La posibilidad de entrar a los mejores desfiles, ir a las mejores fiestas, conocer modelos, diseñadores, aprender de los mejores… es superdifícil. Hay muchos diseñadores ¡y son genios!, pero si logras entrar, puedes despegar.

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Además de Italia, ¿qué otros lugares compran tu ropa? El 90% lo vendo a Italia, principalmente en el norte. Tengo un showroom en Milán y puntos de venta en París, Londres, Ginebra, Barcelona y Nueva York. En España vendo mucho más en Madrid, y las nuevas colecciones las quiero transar solo online para apostar por un mercado nuevo. Algo que llegue a todo el mundo, y me encantaría llegar a Sudamérica y a Chile, el problema es que está muy lejos y eso encarece mucho los envíos. Entonces tendría que tener la ropa física en alguna concept store.

¿Cómo ves la industria de la moda en Chile? Faltan marcas como la mía, pero hay varias lindas. Soy fan de Loraine Holmes, ella tiene ese toque un poco más sofisticado y representa a una mujer más ‘vestida’. Me pasa que en Chile la gente se viste poco; yo también soy fan de los jeans y los looks básicos, pero hay que hacerlos un poco más especiales. En Chile en general cuesta encontrar piezas de diseño, y no siento que falte la materia prima, porque cuando fui a buscar las lanas vi cosas increíbles. Lo que sí falta es la experiencia en costura, porque si necesitas que alguien te haga un vestido a medida puedes encontrar personas que logran un trabajo de calidad, pero no es negocio si necesitas hacer 100 abrigos, en ese caso no están las personas que lo hagan.

¿Qué aportaría tu marca a las chilenas? Allá la gente invierte cuando tiene un matrimonio, que es un vestido que vas a usar una vez y no te lo pones nunca más. Entonces lo que yo propongo es ‘vístete bien todos los días y dale un toque más sofisticado a las tenidas’.

¿Cómo proyectas el 2018? Me gustaría sumar nuevas categorías de productos como el knitwear, un mercado superdifícil porque no son los mismos productores (que los que desarrollan los patrones). También me gustaría tener accesorios -como zapatos y carteras- para desarrollar un total look, y en diciembre me encantaría hacer algo para introducir la marca a Chile y después lograr mantenerla en el tiempo.

Art Dealer Loves the Blonde Salad

Como parte de una iniciativa de The Blonde Salad para impulsar a nuevos diseñadores surgió la posibilidad de elaborar piezas de edición limitada junto a Chiara Ferragni. Se trató de dos vestidos que se desarrollaron en octubre del año pasado y chockers de seda lanzados en mayo de este año. Aún se pueden encontrar a través de www.artdealerjournal.com/shop/ o https://shop.theblondesalad.com/es_en/brands/art-dealer.html.