Entrevistas

Joyas con sentido

Hace dos años la publicista María José Aguirre (35) -quien hace poco había sido madre por segunda vez-, en la búsqueda de dar un nuevo sentido a su vida, renunció a su trabajo de diez años en una tienda de retail. Sin planearlo, esa decisión marcó el inicio de su proyecto María La Biyux, una marca de collares hechos a mano por internas del Centro Penitenciario Femenino de Santiago, quienes a través del tejido han encontrado un espacio de sanación.

  • Patricia Morales

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No fue una decisión fácil. Cuando María José renunció a su cargo de product manager en una tienda de retail donde llevaba casi diez años, tenía sentimientos encontrados. Por un lado, el miedo de dejar un trabajo seguro, con sueldo fijo y un contrato que le daba tranquilidad económica; por otro, la libertad y la sensación de escapar de una ‘jaula’ que la tuvo atrapada muchos años, los mismos en que nacieron sus dos hijas, hoy de 6 y 4 años. “Mi hija menor tenía 8 meses y sentía que no iba a ser capaz de bancarme por segunda vez la culpa de no estar presente, de dejar que la criara otra persona mientras yo trabajaba largas jornadas. Por eso renuncié, sin tener idea de lo que vendría”, recuerda.

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Comenzó a hacer asesorías estratégicas a marcas chicas de conocidas o amigas. Una de ellas no podía pagarle y le ofreció a cambio un curso de telar. “Me encantó la idea porque era algo distinto”, cuenta. De esta manera se acercó al tejido y encontró en él un espacio de sanación, casi como una terapia. “No es tan loco, hay estudios que dicen que cuando tejes activas las mismas neuronas que cuando haces yoga o meditas”, dice.

En los primeros telares que hizo, una de las cosas que llamaban la atención era la paleta de colores. “Se alejaba del telar clásico y se acercaba mucho más a una tela que perfectamente se podía usar en una prenda. Evidentemente había allí influencia de mis años trabajando en moda, siguiendo tendencias”, dice.

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Y agrega: “Empecé a mezclar telas, usaba mucho el terciopelo y lograba texturas que no te daba la lana… así aparecieron los primeros collares”. De esa forma, lo que en un comienzo sería un simple pasatiempo evolucionó con un nuevo sentido cuando María José se dio cuenta de que tejiendo podía ganarse la vida y que su experiencia de ‘armarse de nuevo’ le podría servir también a otros.

Rescate del tejido y a través de él

Su marca, María La Biyux, la creó hace dos años y hasta el momento todo ha funcionado de manera natural. “No soy diseñadora ni vengo del mundo textil duro, así que en esto ha habido mucho de exploración. Partió por un tema terapéutico, pero en el camino me di cuenta de que el resultado gustaba y necesité aumentar la producción”, cuenta. En ese momento se hizo cargo de una inquietud que venía desarrollando desde el comienzo del proyecto: aprovechar los beneficios de tejer para sanarse, repararse y armarse otra vez. Fue al Centro Penitenciario Femenino de Santiago y les planteó la idea de sumar a mujeres privadas de libertad a su proyecto.

¿Por qué pensaste en ellas? Hay un poco de empatía en la decisión. Yo me salí de mi antigua pega porque no era compatible con mi rol de madre y muchas de esas mujeres son madres también. Pensé en un comienzo que una buena idea sería que el pago fuera para sus hijos y que de alguna manera pudieran sentirse un poco más tranquilas con eso. Pero también hay un cuento con ellas mismas, como mujeres que se excedieron en los límites, enseñarles a contenerse, mejorar su autoestima, que se den cuenta de que son capaces de hacer algo, ser parte de un proyecto en el que tienen plazos y responsabilidades.

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¿Cómo ha sido este proceso? Tremendamente emocionante y gratificador. Se me paran los pelos cada vez que ellas me preguntan “¿por qué pensaste en nosotras?”, como si nadie lo hiciera. En la cárcel hay varias ofertas laborales, pero esto es más que eso, aquí hay un tema terapéutico y también una preocupación por ellas, por lo que sienten y lo que les está pasando. Al comienzo hicimos una capacitación de 40 horas. Durante un mes yo fui todos los días. Sabía perfectamente cuál de ellas era más metódica o más emocional. A través del tejido les empiezas a sacar el rollo y das espacio para que se muestren tal cual son, más allá de la razón por la que están en ese lugar.

¿Cuántas mujeres trabajan contigo? Hoy son solo cuatro, pero mi idea es ampliar el proyecto a otros centros penitenciarios, en regiones ojalá. Empezamos con seis, pero dos dejaron el proyecto porque no cumplieron con los plazos. La responsabilidad aquí es importante, porque la idea también es prepararlas para la reinserción laboral una vez que salgan.

¿Tu plan, entonces, es mantener siempre la producción hecha a mano? Sí, claro, es nuestra bajada de marca, ‘handmade necklaces’. Pero no solamente por un tema de marketing, es una convicción. Creo que la gente está empezando a valorar más las prendas que tienen una historia detrás. Cada uno de estos collares es único, porque lo hizo una persona con sus propias manos, con una conciencia, hasta con un campo energético que queda en él. María La Biyux no es solo una marca de accesorios, hay un cuento atrás que la sustenta, y cuando la gente lo conoce se enamora también de eso.

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Materia prima

Todos los collares se hacen con telas, algunas las compro acá y otras las traigo de otras partes. Algunas se usan en su estado natural y otras se tiñen para llegar a la paleta de colores deseada. El tejido es la base, luego se incorporan, dependiendo del modelo, monedas de cobre, plata, piedras, cuarzos, etc.