La Comensala

La Maestranza, Vitacura

Nos tocó esa tarde una atención impecable de parte de María Elena (según la boleta), y La Maestranza no defrauda, sigue siendo apuesta segura, aunque no probamos postres esta vez.

  • Pilar Hurtado

Compartir vía email

Hace rato que quería volver a esta sanguchería, antojada con algún emparedado con personalidad propia como los que aquí sirven. Invité a mi marido a almorzar y la idea le gustó. Adentro, se acercó a saludarnos el chef belga Mathieu Michel, que estaba con un grupo comiendo en otra mesa.

Para empezar, mi marido pidió una limonada especial sin azúcar y yo, cómo resistirlo, una sangría, con manzana y naranja, servida en un pato o jarrita de medio litro, con bombillas. Estaba bien dulce, pero me la rebajaron cuando lo pedí. Para comer pedimos unos anillos de cebolla, que conservan su forma gracias al pijama o chaqueta de batido y luego la fritura; los sirven con salsa BBQ y rica mayo, y estaban buenos.

Compartimos un crudo de vacuno La Maestranza, que aquí hacen con carne dizque cortada a cuchillo (a menos que la haya cortado un samurái con una katana, yo juraría que esta vez la pasaron un par de veces por la moledora, ya que era como un puré), viene con pocillos de cebolla morada, alcaparras, pepinillos y mostaza en granos, todo picado bien pequeño. El limón que acompaña es sutil y las tostadas son de pan artesanal grueso y crujiente; nos gustó bastante.

También probamos un Osso Lucco, emparedado de osobuco en pan ciabata casero, servido con mermelada de tomates, hojas verdes y media palta fileteada perfecta, además de coleslaw de repollo morado en potecito aparte. Estaba delicioso, solo un detalle: los amantes del osobuco amamos la médula, que yo pondría en potecillo al lado, bien caliente, para disfrutarla junto al sándwich. Nos tocó esa tarde una atención impecable de parte de María Elena (según la boleta), y La Maestranza no defrauda, sigue siendo apuesta segura, aunque no probamos postres esta vez.