La Comensala

Macerado, en Algarrobo

El lugar me gustó mucho, es bien relajado y playero, con terraza atrás y un lindo salón con techos altos, chimenea de piedra y ambientación con insinuaciones marinas en los colores celeste y verde agua de algunos detalles, con mucho blanco también.

  • Pilar Hurtado

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Una noche de viernes en que llovía en la costa llegamos a Algarrobo buscando algún lugar para comer. Las calles parecían desiertas, no se veía nada abierto ni menos con público. Recordé el Macerado, restaurante que tras 10 años en Casablanca abrió este verano sucursal en esta playa, y dimos vueltas hasta encontrarlo, ya que no está en la calle que da al mar. No fue difícil, pues la casa de noche se ve preciosamente iluminada y, para nuestra sorpresa, al parecer ahí estaba toda la gente del balneario. Bromeo, pero sí había bastantes comensales.

El lugar me gustó mucho, es bien relajado y playero, con terraza atrás y un lindo salón con techos altos, chimenea de piedra y ambientación con insinuaciones marinas en los colores celeste y verde agua de algunos detalles, con mucho blanco también. Sobre la mesa, piedras son los saleros.

La carta no ofrece solamente productos marinos, si bien nos inclinamos por estos. Antes de eso, mientras decidíamos qué tomar, el garzón que nos tocó insistía en que pidiéramos una botella de cierto vino aunque éramos dos y le explicamos que solo yo tomaría.

Finalmente pedí media botella de espumante de la carta y estuvo perfecto (no es agradable cuando te insisten tanto, ¿no?). En fin, la cosa es que compartimos como entrada unos locos tibios y muy blandos, de buen tamaño y generosa porción, servidos con unas papas, mayonesa y hojas frescas. Una versión 2.0 de los restaurantes costeros, con linda presentación. Lo mismo para un caldillo de vieja, en este caso sabrosísimo y que a mi marido le encantó, servido en una gran paila metálica con un soporte que la dejaba más alta.

Yo pedí una ensalada Algarrobo, de hojas verdes frescas -tienen un huerto ahí mismo- con anillos de cebolla y camarones, bastante rica. Mientras tanto, la gente a nuestro alrededor se veía animada y varios parecían conocidos de la casa, pues saludaban al personal. Después del tema de la botella de vino cambiaron a nuestro garzón, por lo que presumo que había alguien a cargo del salón atento a los detalles. No pedimos postre y en verdad me gustaron mucho el lugar, la comida y la calidad de la materia prima utilizada y la experiencia en general. Es decir, estoy lista para volver cuando pueda.

Nota 6.8

Las tinajas 2678, Algarrobo. Macerado.cl