Belleza

Cuando el champú seco se vuelve un enemigo

¿A quién no le ha pasado que por pereza o apuro se salta un lavado de pelo? Es para esos días que el champú seco se ha vuelto un infaltable, pues remueve el exceso de grasitud y da aspecto de limpio inmediatamente. Pero, ¿qué ocurre cuando se abusa de este producto? Aquí explicamos algunos de los peligros a los que te expones si lo usas todos los días.

  • Francisca Quirós M.

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Un salvavidas. Eso es el champú seco en días que por apuro o -admitámoslo- lata, no nos queremos lavar el pelo. Sus ventajas son muchas: elimina la grasitud visible del cuero cabelludo, da volumen y cuerpo a la raíz, ayuda a fijar peinados, etc. Pero los salvavidas no son para utilizarlos todos los días.

Porque no, el champú seco ¡no reemplaza un lavado! Es un arma práctica a la que acudir, pero nada más. María Pía Alaniz, educadora del instituto de belleza The Beauty Art Studio, explica que el champú seco “existe básicamente para mantener la durabilidad de un lavado previo y para casos específicos, como viajes, enfermedades o cuando se va al gimnasio y el cabello ya estaba limpio”. Lo que ocurre es que su función principal no es lavar, sino “neutralizar aromas y evitar el exceso de sebo, así como brindar volumen en algunos peinados”, cuenta María Pía.

Lo más importante es tener claro que no es para usarlo todos los días. Si se abusa de este producto, “puede provocar que el ‘polvillo’ tape los folículos, ocasionando progresivamente que el cabello se caiga”, dice la especialista.

Y eso no es todo. “Puede incluso engrasar más un cuero cabelludo, en el caso de aquellos que son secos, provocando así la tan odiada caspa. También puede reducir de manera considerable el brillo natural del pelo, dejándolo opaco”, agrega. ¿Y quién quiere un cabello con caspa y sin brillo? Nosotras, al menos, no.

En cuanto a la cantidad y frecuencia de su uso, es simple: ¡solo para emergencias! Ya que “por ningún motivo reemplaza a un champú tradicional, pues podemos provocar todos estos daños”, dice María Pía Alaniz. Claro como el agua.