Moda

Volver a las raíces, la revolución que viene

En la forma de criar, en lo que comemos y también en cómo nos vestimos, la hiperconectividad y homogeneización de un mundo completamente globalizado nos ha hecho valorar lo diferente, lo natural y apreciar nuevamente aquello que se fabrica artesanalmente. Es una transformación lenta, que en la moda comienza a tomar fuerza.

  • Patricia Morales

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Pensar en moda sin un contexto social y cultural es un sinsentido. Así como la moda se ve influenciada por hechos económicos, políticos, culturales y artísticos, la sociedad y el contexto en el que se encuentre también se ven influenciados por los preceptos de la moda. Así lo afirma el escritor francés Frédéric Monneyron en su libro “50 respuestas sobre moda” (2006), en el que dice que “el estudio del vestido es, sin embargo, capital para cualquiera que se interese por el comportamiento humano en su dimensión tanto sociológica como histórica”. Más allá de la frivolidad con la que se asocia y del cambio permanente que requiere para que la industria fashion siga funcionando, la moda forma parte de la cultura, la sociedad y sus procesos.

Silla Multitud, de los Hermanos Campana, hecha con muñecas de Esperanza.
Silla Multitud, de los Hermanos Campana, hecha con muñecas de Esperanza.

En los últimos años hemos visto cómo en un mundo altamente globalizado e hiperconectado, la diferenciación es una cualidad que se valora en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto que la moda no es la excepción. “Estamos en un momento en que es muy fácil conseguir tejidos del ‘fast fashion’, superhabituados a que todo el mundo esté vestido de la misma manera, más o menos con las mismas telas y marcas, por lo general con un tipo de vestimenta y materialidades que no hablan de nada, porque las narrativas son cada vez más homogéneas. En este contexto se da espacio a la posibilidad de que la gente tenga sensibilidades o conecte mejor con productos que tengan una historia propia y, en ese sentido, un textil hecho a mano, una madera tallada de manera artesanal o un cuero con un repujado, comienzan a tener un valor altamente diferencial”, explica la especialista en moda y directora de Raíz Diseño, Laura Novik.

Con ese nivel de homogeneización, marcas y diseñadores comienzan a apelar a su diálogo con las comunidades originarias para poder también embeberse de esa magia, de esa profundidad de la que ya la cultura contemporánea comienza a carecer por una lógica de producción masiva y globalizada.

Mano de obra, valor agregado

La alta costura, para ser considerada como tal, necesita de gremios de artesanos en sus procesos. En ese sentido, a diferencia de lo que ocurre con el prêt-à-porter, en este segmento exclusivo -y seguramente por ello sigue manteniendo este calificativo- la valorización por el trabajo hecho a mano nunca se ha perdido.

Aun así, hay firmas que se han encargado de hacerlo más evidente. Un ejemplo es la línea de carteras que Gucci lanzó el año pasado, “The Souvenir Collection”, en la que crearon un bordado típico de cada región para, además de darles un valor agregado a sus bolsos, reconocer el trabajo de las mujeres que han desarrollado por años esa técnica ancestral; o la colección que la primavera-verano del 2013 presentó Dolce & Gabbana, en la que revalorizaba el folclor, artesanía y bordados típicos de Sicilia.

Colección primavera-verano 2013 Dolce & Gabanna.
Colección primavera-verano 2013 Dolce & Gabanna.

Hermès es otra de las marcas que rescatan el valor del trabajo a mano a través de una relación permanente y recíproca con diversas comunidades indígenas. Sus reconocidos pañuelos son desarrollados en colaboración con museos mexicanos, en un trabajo muy serio y cuidadoso, casi de curatoría, manteniendo la conexión que hay entre la alta costura y un trabajo artesanal de altísima calidad. “Lo rescatable en su caso es que han sabido dialogar de manera muy honesta y seria con las comunidades, manteniendo una relación de mucho respeto”, dice Laura Novik.

Pañuelo Hermès (desarrollados en colaboración con museos mexicanos).
Pañuelo Hermès (desarrollados en colaboración con museos mexicanos).

En Latinoamérica también hay muchos diseñadores que trabajan en esa línea. Brasil es un buen ejemplo; allí, a partir de la década de los 90, surgieron grandes nombres que hablan de su país, como los hermanos Fernando y Humberto Campana. Ellos tienen colecciones en las que han incorporado todos los íconos de la cultura popular marginal brasileña; Carlos Miele es otro ejemplo, que hizo del fuxico (también conocido como patchwork brasileño) un ícono, trabajándolo con comunidades en las favelas de Río de Janeiro. “Este tipo de proyectos no solo rescatan esa iconografía popular, sino que, al mismo tiempo, se transforman en proyectos sociales y de lujo. La tienda de Carlos Miele está en Nueva York, en medio del distrito de lujo y junto a otras marcas reconocidas a nivel mundial”, cuenta la experta.

Una cartera de  “The Souvenir Collection” (2016), de Gucci.
Una cartera de “The Souvenir Collection” (2016), de Gucci.

En México también hay varios ejemplos que destacar, uno de ellos es la marca Pepen, de la diseñadora Valeria Rodríguez, que conserva el arte indígena mexicano a través de textilería del alto Chiapa; y en Perú, Meche Correa es un gran referente por su trabajo que revaloriza la textilería cuzqueña.

Comercio justo

Desde los años 70, la producción -desde la tecnología, hasta la ropa y el calzado, pasando por la silla donde nos sentamos o la taza en la que tomamos el café todas las mañanas- de la mayoría de los objetos con los que nos relacionamos a diario se hace en el Sudeste Asiático, China e India; ese es el epicentro donde se fabrica buena parte de lo que en el mundo se consume.

A pesar de ello siguen existiendo comunidades que han sido capaces de mantenerse en el tiempo, en las que el trabajo artesanal es parte intrínseca de su cultura, incluso de su día a día. “Los bordados y la textilería tienen directa relación con la forma de vida de cada comunidad, el diálogo que existe entre ellos y sus actividades cotidianas”, explica la antropóloga y directora de Arte Origen, Daniela Acuña-Lang. Y agrega: “Por eso es muy importante que esta tendencia a buscar lo diferente en el trabajo de estos artesanos se concrete en relaciones de respeto hacia las comunidades”.

Algo que se ha criticado mucho en el universo fashion es que algunas marcas han tomado referencias estéticas de alguna comunidad y recrean telas o bordados a partir de ahí. De eso no se trata la valorización. “Hay que investigar, visitar las comunidades indígenas, entrar en un diálogo, entender su cosmovisión, es casi como un estudio de campo antropológico”, dice Daniela.

Y agrega: “Es importante también llegar a un acuerdo de precio, tiene que haber una honestidad tremenda entre la mano de obra y la marca. Precio justo para el cliente y digno para el artesano, de eso se trata el comercio justo”.

Colección primavera-verano 2013 Dolce & Gabanna.
Colección primavera-verano 2013 Dolce & Gabanna.

El cable a tierra

Hace un tiempo, en la década de los 80 y 90, no nos imaginábamos el mundo sin marcas, todos queríamos tener prendas de las firmas de moda, y resultaba muy difícil pensar que veinte o treinta años después los objetos de deseo estarían muy alejados de esa -a estas alturas muy distinta- realidad.

Pues bien, hoy, a pesar de que seguimos rodeados de moda desechable, la tendencia de buscar prendas únicas, hechas a mano y que ojalá tengan una historia se ha transformado en un fenómeno mundial. “De a poco la gente empieza a privilegiar lo sustentable, lo que no daña el planeta, lo que se mantiene en el tiempo. De esta manera les puedes dar una segunda vida a telas que están llenas de historia; tomar un pedazo de un huipil guatemalteco y con él hacer un vestido u otra prenda que va a perdurar en el tiempo y que de por sí estará llena de historia y valor”, dice Daniela Acuña.

La diseñadora Chantal Bernsau acaba de diseñar un portacelular hecho de hilos de cobre, y para Laura Novik este es el objeto que resume de mejor manera esta tendencia. “Es un producto hecho por una latinoamericana, con un metal que sale de Chile, tejido por las propias manos de la diseñadora, para meter un objeto supercontemporáneo y tecnológico como un iPhone. Esta dualidad tiene que existir, porque en este contexto donde todo es rápido y desechable necesitamos tener un cable a tierra. No sé si el anhelo de volver a las raíces va a ser hipermasivo, pero más masivo que ahora, seguro”, sentencia.

Textilería mexicana del alto Chiapa.
Textilería mexicana del alto Chiapa.