Entrevistas

Antonia Zegers sin complejos

En mayo viajó a Cannes a presentar por primera vez la película “Los perros”, en la que es protagonista. Allí tuvo que enfrentarse a una de las alfombras rojas más glamorosas del mundo del espectáculo y relacionarse con un ‘mundillo’ que para muchos actores chilenos es la parte más frívola de su trabajo, aunque para ella solo se trata de un “complejo ridículo” que ya venció.

  • Patricia Morales

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Producción Ita Pavissich Maquillaje y pelo Vero Mónaco Fotos Jaime Arrau Asistente de fotos Rodrigo Cáceres Agradecimientos Tinto Boutique Hotel

La escena es la siguiente: alfombra roja de la inauguración del Festival de Cannes 2017 y en la fila para desfilar Pedro Almodóvar junto a Jessica Chastain primero, después la española Rossy de Palma, luego los chilenos Antonia Zegers, Alfredo Castro y Marcela Said (directora de la película “Los perros”, que se presenta en el festival); detrás de ellos Juliette Binoche y una larga lista de reconocidos nombres del cine mundial. “¡Qué estamos haciendo aquí!”, piensa Antonia, emocionada y agradecida de la experiencia que está viviendo. “Cuando entra Rossy de Palma con un vestido con un tajo hasta arriba, le ponen música española y ella empieza a vacilar, a bailarles a los periodistas, se sube la falda… ¡eso es lo que había que hacer!”, dice riendo.

Esa actitud, dice, forma parte de su visión sobre la faceta más glamorosa de su trabajo. “Las alfombras rojas son experiencias entretenidas y me gusta vivirlas en serio, no con esa parada de que es algo que me carga. La verdad es que me gusta, tiene que ver con mi profesión. Hay muchos personajes que se construyen desde la ropa que les pones, que no aparecen hasta que los vistes, y en este tipo de eventos, donde uno se viste como princesa, pasa algo parecido; aparece un cuerpo que probablemente no es con el que te mueves por la vida, que tiene que ver con la ropa, el maquillaje y el peinado que te hiciste, y en ese sentido es un juego muy bonito, yo lo paso bastante bien”, cuenta.

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¿Estabas nerviosa antes de pisar la alfombra roja? Lo que más nerviosa me tenía era que iba a ver la película por primera vez ahí en Cannes, eso me tenía muy recontra nerviosa. El resto es un juego, y con Alfredo (Castro) hemos ido a varias otras juntos y lo pasamos superbién.

¿Hay un protocolo establecido? Sí, todo está programado, hay un orden. Depende del festival, pero en el caso particular de Cannes te van llamando por micrófono cuando te toca entrar.

¿Hay público? No, solo fotógrafos, pero miles, por todos lados. Eso es bien impresionante porque son muchísimos.

¿Cómo te preparas para posar frente a todos esos flashes? Tiene que ver con lo que decía antes, con lo que pasa con el cuerpo cuando te pones cierta ropa, es parte de mi trabajo. Cuando, por ejemplo, usas un corsé aparece un cuerpo distinto que si te pones algo más suelto; con los zapatos o el peinado pasa lo mismo, es como una especie de personaje de ti mismo.

Los preparativos

Lo más natural posible, así Antonia define su estilo, aunque a veces reconoce que también le gusta jugar a ser la superprincesa. “En los premios Platino del año pasado (en los que este año además fue presentadora) me puse un vestido negro ¡con tules!, y feliz, lo pase increíble, me sentía completamente disfrazada, es un juego y me encantó hacerlo”. Esta vez, en Cannes, la invitación involucraba dos eventos con ‘dress code’ diferentes. El primero era la presentación de la película en “La semana de la crítica”, a las 4 p.m., en un ambiente un poco más relajado que una gala. En esa ocasión la actriz eligió una falda larga con transparencia y un top de la marca argentina María Cher, ambos en un elegante negro.

El otro evento era la alfombra roja que inaugura el festival, aquella que vemos por televisión, donde los grandes del cine se pasean muy elegantes. Esta vez Antonia también eligió el negro, pero en un vestido largo, de alta gala, con un solo hombro y un cinturón dorado que marcaba muy bien su figura, y cuyo origen prefiere no contar.
En ambos casos el look hasta el cuello iba pensado y armado en la maleta tal cual lo lució en la ciudad francesa, pero solo cuando se enfrentó a los maquilladores -que el festival pone para sus invitadas- se dio cuenta de que nunca pensó en ese ítem.

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¿Pero no ibas ni siquiera con una idea? Siempre cometo ese mismo error de no llevar la idea preparada. Llegué y un señor francés me pregunto “¿qué quieres?”, y yo no sabía que responder. Sé siempre que en maquillaje quiero poco, muy natural, pero en el pelo no tenía idea. Al final lo armamos juntos y quedé muy contenta con el resultado (en ambos casos un tomado, también muy natural).

¿Qué es lo que querías proyectar? Nunca me hice esa pregunta, nunca me la he hecho. Tenía una ocasión importante, el estreno de mi película, entonces básicamente busqué algo que me quedara bien y adecuado al contexto. No me gusta estar sobrevestida, me carga. No se me ocurre qué quería proyectar, simplemente quería cumplir la expectativa del momento que me estaba tocando vivir y sentirme cómoda y verme bien.

“Las alfombras rojas son experiencias entretenidas y me gusta vivirlas en serio, no con esa parada de que es algo que me carga. La verdad es que me gusta, tiene que ver con mi profesión”.

La ciudad del glamour

Cannes es una ciudad situada en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul y uno de los centros turísticos de la Riviera Francesa. Mundialmente conocida por ser la sede anual de su célebre festival europeo de cine internacional, esta localidad -muy tranquila el resto del año- revive con este evento y se transforma. “La escena general es alucinante. Llegan personas de todo el mundo, ves gente de gala caminando por las calles. Hay mucha vida nocturna”, cuenta Antonia.

¿Qué es lo que más te llamó la atención? Es muy delirante porque tiene una mezcla de mucho glamour con vida nocturna. Ves mujeres vestidas de gala caminando de noche con los zapatos en la mano, gente muy excéntrica. Este año además estaban asustados por los atentados, entonces había militares con metralletas al lado de personas vestidas muy elegantes, en medio de la efervescencia de la noche… muy estimulante todo, muy intenso.

¿Cuál es tu relación con el glamour? Cada día me acomoda más (ríe). Pero en serio, hay una tendencia a hacerle el quite, porque es frívolo. Pero a mí cada vez me pasa menos eso; al contrario, lo encuentro entretenido y siento que tengo suerte de poder vivirlo. Es un juego, y es mucho más entretenido jugar un juego con todo, que con una pata adentro y una afuera, como todos los juegos en la vida.

¿Lo disfrutas? Mucho. Es que además estas instancias no se tratan solo de eso, siempre vienen de la mano de un trabajo que uno viene a mostrar, y yo descanso en eso. No vengo porque me guste pasearme por una alfombra, no soy modelo, soy actriz y estoy llevando mi trabajo a otros lugares del mundo, y eso es muy emocionante, me hace sentir orgullosa, y si me puedo vestir de manera adecuada para estar ahí, pasarlo estupendo y que todo funcione orgánicamente, genial.

¿Siempre has pensado así? No, antes tal vez me complicaba más. A los actores en general nos cuesta relajarnos con ese tema, es un complejo superridículo, porque es un juego, la ropa no es mía, las joyas no son mías; yo me estoy poniendo todo esto para mostrar mi trabajo, y esa es la razón por la que camino por esa alfombra roja. Por eso también me lo tomo en serio y me gusta hacerlo bien. Cada día tengo menos complejos al respecto.

“A los actores en general nos cuesta relajarnos con ese tema, es un complejo superridículo, porque es un juego, la ropa no es mía, las joyas no son mías; yo me estoy poniendo todo esto para mostrar mi trabajo, y esa es la razón por la que camino por esa alfombra roja”.

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En el papel de Mariana

Así se llama el personaje que interpreta Antonia en la película “Los perros”. Una mujer de clase acomodada que tiene un padre muy poderoso y un marido trabajólico, ambos empecinados en que Mariana se embarace, pero al parecer ese cuerpo no quiere engendrar y por eso se somete a un largo tratamiento de fertilización in vitro. Está en eso cuando toma clases de equitación con un profesor y se empieza a sentir atraída por él, y en el camino en que crece esta atracción se entera de que es un excoronel en retiro procesado por un caso de derechos humanos.

“Es muy interesante la película, muy insolente y éticamente muy compleja, porque uno se pregunta ¿qué pasa si este hombre es un encanto?, ¿qué pasa si un extorturador es el único ser amable y que le entrega un poco de cariño a una mujer que vive en un sector social que la tiene completamente aplastada? La historia genera cruces éticos bien interesantes”, cuenta Antonia.