Belleza

Tu piel pide agua

El cuidado del cutis es fundamental durante todo el año, ya lo sabemos, pero en pleno invierno la dermis reclama mayor hidratación. Cuidados específicos como limpieza suave, usar productos más concentrados y protección solar son algunas de las recomendaciones de los especialistas.

  • Florencia Gioia

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Cuando afuera hace frío, no dan muchas ganas de tomar dos litros de agua helada al día, ¿verdad? Pero es justamente la ingesta disminuida de líquidos en combinación con la calefacción, las capas extras de ropa, el frío y la contaminación lo que provoca la deshidratación en invierno. Durante la noche se reseca la boca, durante el día se agrietan manos y labios, y el rostro se resiente sobrerreaccionando a los agentes externos, provocando rosácea, granitos o exceso de grasa.

Uno de los pasos fundamentales para comenzar una rutina de cuidado de la piel en esta época consiste en limpiar la piel con productos libres de jabón. Esto porque va eliminando la barrera lipídica (o de grasa) que protege la piel. Karen Espinoza, fundadora de la boutique wellness Zapatitos Rojos, explica: “Limpiar la piel antes de dormir y por la mañana es fundamental para que los poros no se tapen y la piel pueda absorber los productos que utilizamos. Las pieles alípicas o secas son en general las que más sufren porque casi no tienen grasa. Si bien la grasa molesta, es beneficiosa porque nos protege de la deshidratación, de la contaminación y del frío”.

El doctor Rodolfo Klein, dermatólogo, lo confirma: “En el invierno la sequedad de los ambientes por la calefacción provoca resequedad de la piel, y los alimentos calientes ayudan a una evaporación mayor de agua, pero también debemos considerar el frío y el viento. Estos últimos provocan una vasoconstricción de los capilares de la cara y manos principalmente, y nos produce una mayor resequedad”. ¿Cuáles son las pieles que requieren más atención? “Las que de por sí son deshidratadas, que tienen rosácea, la de las personas que trabajan mucho al aire libre o en oficinas muy calefaccionadas. Y también las de aquellos que se lavan mucho la cara con jabones no adecuados”, advierte el doctor Klein.

Entendido el primer paso de la limpieza. Lo que sigue después es hidratar, hidratar e hidratar. Dependiendo del tipo de piel (seca, normal, oleosa o mixta) se deben aplicar hidratantes o humectantes en crema, gel o serum. Estos últimos son los que más se sugieren para las pieles resentidas. La doctora Susana Ruiz-Tagle, dermatóloga del centro médico Skin Med, recomienda que después de cada limpieza se humecte la piel para así proteger y reparar la barrera cutánea que evita la entrada a la piel de gérmenes, químicos e incluso radiación UV. “Cuando hablamos de humectación significa optimizar el contenido de agua de la piel, lo que se puede lograr con productos más o menos oleosos. Existen humectantes para pieles secas y pieles grasas, la idea de que una piel con seborrea no necesita humectación es falsa”, sostiene la doctora.

El especialista Rodolfo Klein, en tanto, segura que los serum son productos más concentrados y ayudan en todo tipo de piel. “En caso de pieles muy secas podemos utilizar algunas cremas, pero se debe tener en cuenta que tengan buenas concentraciones de ácido hialurónico (al 1%). En pieles más grasas, pero deshidratadas, geles o lociones. Y también se pueden realizar hidrataciones en centros especializados y con profesionales capacitados, lo que ayuda a reparar los daños de la deshidratación”, explica.

Y el mito de que en invierno el sol no hace tanto daño es falso, falso. La radiación ultravioleta emitida por los rayos solares la capta la piel durante todo el año, por lo que aplicar filtro solar (factor 30 en personas sanas y 50 en quienes tienen alguna enfermedad) es indispensable para aumentar la barrera protectora de la piel y sumar un paso más a su cuidado. El doctor Klein recomienda que “la aplicación debe ser al menos veinte minutos antes de salir de casa y repetir cada 4 horas mínimo”.

Cuidados extra en la nieve

La cara es prácticamente el único lugar del cuerpo expuesto al sol cuando se está en la montaña en invierno. Así como el sol se refleja en la arena en el verano, la nieve es un espejo que hace rebotar los rayos ultravioleta. El dermatólogo Rodolfo Klein lo explica: “La radiación no solo llega de arriba, sino que se refleja en superficies blancas y lisas como la nieve, por lo que hay que ser más estrictos con la protección solar. Debemos repetir la aplicación más seguido, usar además lentes con protección UV y filtros físicos (pantallas o sport) que no se vayan rápido con el sudor. Al terminar la exposición se recomienda hacer tratamientos para aminorar el daño, con antioxidantes tópicos e hidrataciones”.