La Comensala

Oporto

El servicio fue amable pero con yayas como la del sifón. Para suerte de Oporto estaba lleno ese día. Ojalá puedan hacer ajustes para que las expectativas resulten superadas.

  • Pilar Hurtado

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La vuelta de Giancarlo Mazzarelli, a quien conocí en Puerto Fuy hace años, despertó mi curiosidad. Por ello que invité a almorzar a tres amigas al Oporto, donde ahora está cocinando este premiado chef, con la propuesta de un steakhouse. De partida hicieron cambios en la ambientación que no son de mi gusto pero seguramente serán el de más de alguien, como pintar una pared en tonos grises y plateados, con dibujos de columnas, gatos y perros, y asientos tapizados en terciopelo capitoné, todo con un toque bastante teatral.

Al revisar la carta, una de mis amigas quiso probar el menú. Las demás pedimos un trío de carnes y un eggroll de prietas para compartir antes de los fondos. El trío incluía tártaro, trocitos de wagyú con salsa de anguila y un carpaccio. Debo decir que no me gustan las trilogías, porque se mezclan los jugos de las preparaciones y, finalmente, los sabores, y esta no era la excepción. Las prietas venían envueltas en una masa que podría haber sido más delgada, en fuente que traía también trozos de chorizo clavados en pinchos verticales. Esta llamativa puesta en escena se repitió en los vegetales baby grillados -y cargaditos al aceite- que acompañaban la entraña, deliciosa y a punto.

Otra pidió un ojo de bife con papas al horno y crema ácida. La carne estaba también a punto y sabrosa. Las papas las sirven quemadas por fuera y terminadas con crema ácida desde un sifón. La crema no salió del sifón, y el mozo prometió volver con el aparato, pero no regresó. La amiga del menú fue la que mejor atinó: buen precio y buena oferta. Partía con una linda ensalada con trocitos de mollejas y pétalos de flores, luego un asado de tira con puré de cebolla (un pelín aguado) y, de postre, trío de sorbetes.

Todo lo acompañamos con un carmenere Arboleda que estaba buenísimo. Como postre, las demás compartimos churros y crème brûlée, donde la idea era untar estas frituras invernales en el postre francés, chanchada al cubo. La degustación de chocolate, con un brownie con helado y un canoli de chocolate blanco como puntos centrales, nos pareció más pretenciosa que deliciosa. Debo decir que quedé decepcionada, ya que la teatralidad del restaurante y de la presentación de los platos, al igual que sus precios, hacían crecer las expectativas que esta vez no se vieron satisfechas. El servicio fue amable pero con yayas como la del sifón. Para suerte de Oporto estaba lleno ese día. Ojalá puedan hacer ajustes para que las expectativas resulten superadas.

Consumo: Menú $12.900 (entrada, fondo y postre). Entraña americana $13.900 + vegetales baby $3.900.

Nota: 5.2

Isidora Goyenechea 3477 local 101, Las Condes.
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