Entrevistas

La grandeza de los padres

Los padres no suelen recibir homenajes tan vehementes como los que celebran a las madres. Sin embargo, los lazos universales que unen a los hijos con sus progenitores abarcan un sinfín de sentimientos como el amor, la disciplina, la responsabilidad, la diversión, la vergüenza, la admiración, la tristeza y la alegría. La periodista neozelandesa Kirsten Matthew recientemente publicó un libro que refleja en textos e imágenes la íntima relación entre hijos y padres, famosos y anónimos.

  • Florencia Sañudo

Compartir vía email

¿Qué no se ha dicho -o se dice- sobre una madre? Que hay una sola, por cierto. Que su amor es total e incondicional; que nos dio el mejor regalo: la vida; que todo se lo debemos a ella y que es la palabra más hermosa en cualquier idioma.

De acuerdo. Pero, y ¿el padre? Obviamente, no el padre cruel ni el padre ausente, que abandona a los suyos, que tantas veces se cita en biografías y en literatura, sino el padre de todos los días, el que enseña a patear la pelota a su niño, el que se deja encantar por las historias de su pequeña, el que transmite a sus hijos, varones y mujeres, valores de vida, a veces con intención y conciencia, otras de manera inadvertida, a través de sus propias actitudes.

Los padres también merecen un homenaje. Es lo que es el libro The Greatness of Dads (La grandeza de los papás) (Chronicle Books), de la periodista neozelandesa Kirsten Matthew, donde, junto con conmovedoras fotos que reflejan la íntima relación entre hijos y padres, presenta el testimonio de hijos e hijas, famosos y desconocidos, que en una frase o en un texto, a través de una anécdota o de un recuerdo, describen la poderosa relación que les une a sus padres, la influencia que estos han ejercido en su vida y, en muchos casos, la admiración que les profesan.

La carta abierta de Barack Obama a sus hijas, antes de su ascensión a la presidencia en 2009, en la que les explicaba “desde que ustedes dos llegaron a mi vida con toda su curiosidad y magia y esas sonrisas, siempre lograron llenar mi corazón y alegrar mi día. De repente, todos los grandes planes que tenía para mí ya no parecían tan importantes”. O, de manera menos lírica, la escritora Sarah Brown que recuerda que su padre le enseñó a batear, el nombre de cada parte del motor y a jamás responder a un chico que le tocara la bocina desde su auto.

tema-10-2

Fugaces pinceladas

Kirsten Matthew tuvo la idea, junto a su amigo Marc Ellis, de “celebrar a los padres de todo el mundo de una manera interesante” y decidió hacer un libro “que evocara los altos, los bajos y todo lo que hay en el medio acerca de tener y ser un padre”. A partir de allí comenzó una maratón de varios meses de entrevistas en persona, por Skype o por teléfono. “En seis meses el libro estaba ya casi escrito y también reunidas las citas, cartas y textos ya existentes. Luego, tres meses para ilustrarlo”, nos cuenta.

Si las preguntas eran idénticas para todos los que participaron en el proyecto, Matthew pudo constatar rápidamente que sus respuestas variaban según dónde habían crecido las personas y, sobre todo, a qué generación pertenecían. El actor James Caan, de 77 años, encarna muy bien esta brecha generacional cuando dice: “Nunca vi a mi padre llorar. Mi hijo me vio llorar. Mi padre nunca me dijo que me amaba. Yo le dije a Scott que lo amaba cada dos minutos”.

Algunos de los recuerdos se detienen en un momento, en un gesto, como una fugaz y tierna pincelada. Como la escritora Mary Karr, que evoca los paseos por la Minnesota rural junto a su padre, en su camioneta, y como, si bien ella ya hace tiempo que es adulta, él aún tiene el reflejo de extender su brazo para protegerla antes de una frenada abrupta. O Iggy Pop, que rememora el momento preciso en que decidió ser cantante, cuando él, sentado en el asiento de atrás del auto escucha a su padre, al volante, acompañar a viva voz a Frank Sinatra que canta Joven de Corazón por la radio. Y la imagen, también en un auto, que recuerda la autora Margaret Mason de su padre, escuchando una y otra vez la cinta de los Grandes Éxitos de Jim Croce y silbando las melodías – “era un excelente silbador”- y cómo al llegar a casa, ya de noche, “fingía estar dormida para que me llevara adentro en sus brazos”.

‘Cuando tenía doce años y empecé a usar labial mi padre me preguntó: “¿Tienes puesto maquillaje?”. Y yo le contesté: “Tú tienes más maquillaje que yo”’. Georgia May Jagger de su padre, Mick Jagger.

Otros testimonios son particularmente emotivos y hablan de las enseñanzas que dejaron algunos padres. Una carta de Joseph Kennedy a su hijo John, de 17 años, cuando este estaba en un internado, donde lo insta a dar lo mejor de sí mismo. “No espero demasiado y no estaré desilusionado si no resultas un genio, pero creo que puedes ser un ciudadano valioso, con buen juicio y comprensión”, le señala. La carta abierta de Barack Obama a sus hijas, antes de su ascensión a la presidencia en 2009, en la que les explicaba “desde que ustedes dos llegaron a mi vida con toda su curiosidad y magia y esas sonrisas, siempre lograron llenar mi corazón y alegrar mi día. De repente, todos los grandes planes que tenía para mí ya no parecían tan importantes”. O de manera menos lírica, la escritora Sarah Brown que recuerda que su padre le enseñó a batear, el nombre de cada parte del motor y a jamás responder a un chico que le tocara la bocina desde su auto. “Más valía que el chico se presentara en la puerta”, dice.

Matthew afirma que no quería hacer un libro “sensiblero”, sino uno que celebrara a los padres de una manera realista, matizada, en un lenguaje cotidiano. “La relación de cada persona con su padre es complicada, y es así como debe ser, pues ese es el sentido y la esencia de la naturaleza de los lazos que nos unen con nuestros padres”, concluye.

The Greatness of Dads, de Kristen Matthew (Chronicle Books).

Seis preguntas a la autora

¿Qué tan importante es la figura paterna en nuestra cultura occidental? ¿Cómo se compara con la de la madre, colectivamente sublimada? Creo que la madre tiende a ser la relación primaria universal para una criatura. Pero la figura del padre es importante en todas las culturas y en cada familia. Creo que todo el mundo necesita saber de quién y de dónde viene, y de un padre que le ayude a comprender cómo comportarse y qué esperar de las otras personas cuando crecen. Como dice el proverbio, “el padre es el primer héroe del hijo y el primer amor de la hija”.

La figura del padre ¿adquiere más importancia cuando se llega a la edad adulta? No creo que sea así. Pienso que lo que cambia es lo que necesitamos de esa presencia. Cuando yo era joven necesitaba que mi padre me protegiera, me alimentara y me demostrara que se me quería y se me amaba. Ahora mi padre y yo somos iguales y acudo a él para consejos, amistad, conversación y amor.

¿Cuáles son las características más entrañables que las personas tienden a recordar y apreciar de su padre? Eso varía, dependiendo de la dinámica de cada familia, el tipo de personalidad del padre y muchas otras cosas. Yo personalmente aprecio el gran intelecto de mi padre, su sentido del humor, su apertura y su lealtad. Son las mismas cualidades que aprecia mi madre, la familia extendida y sus amigos, pues son parte de su personalidad más que de su rol. Pero en general las personas a las que entrevisté dijeron apreciar su fiabilidad, su consistencia y su amor incondicional. Creo que es el mejor principio de vida para cualquier niño.

autora-2

Kristen Matthews, autora de The Greatness of Dads

¿Difieren los recuerdos de su padre entre hijas e hijos? Creo que los hijos tienden a modelar su comportamiento sobre cómo era su padre cuando ellos estaban creciendo. Las hijas usan las cosas que vieron hacer a su padre para fundamentar las decisiones que toman a la hora de elegir al hombre que compartirá su vida. Pero, de todas formas, los rasgos que muestra un padre son de igual importancia para hijos e hijas.

¿Cree que las relaciones más abiertas, casuales e íntimas entre padre e hijo, que son más bien la norma hoy en día, producen un tipo de ser humano diferente? Sí, absolutamente. Yo siempre pude hablar con mi padre de casi todo, pero, creciendo en los 70, tenía muchos amigos cuyos padres eran figuras muchos más remotas y autoritarias. Los chicos de hoy tienen padres que participan mucho más, que comparten todas las responsabilidades y decisiones con la madre y pasan más tiempo con sus hijos que nunca antes. Eso es algo muy bueno y enriquecedor. Y creo que es tan importante para los niños como para las niñas.

¿Qué es lo más importante que aprendió de su padre? ¡Tantas cosas! Es difícil sintetizarlas en una. De él aprendí a cuestionar la autoridad, a leer todo el tiempo y como él no dejaba de repetir que “las chicas pueden hacer cualquier cosa”. Me enseñó a nunca irme primero de una fiesta, a amar a las personas por lo que son, a tratar a los amigos como familia y a ser leal hasta el final. Él ha sido, sin duda, quien más contribuyó a mi éxito como adulto en mi carrera, mis relaciones y mi habilidad para pararme sobre mis dos pies y ser una mujer productiva, con confianza en sí misma.