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Eyal Meyer

Pese a que no tuvo prácticamente ningún día de descanso entre el final de las grabaciones de Preciosa, de Canal 13, y el comienzo de La Colombiana, de TVN, el actor de 31 años dice estar feliz de haberse embarcado en este nuevo proyecto. Hoy, además de interpretar a Igor Ramírez, sigue fiel a sus clases de kalaripayattu, arte marcial indio que practica desde hace 11 años.

  • Alejandra Villalobos

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Foto Jaime Palma

Fueron varias las señales que hicieron que Eyal decidiera subirse “al barco de La Colombiana”. “Yo venía de terminar las grabaciones de Preciosas y apareció esta invitación en el momento perfecto, tanto por el personaje como por el proyecto, y por esa importancia que tiene para nosotros los actores de mantener una continuidad”, dice, y agrega: “Todo ha sido muy fluido, tanto por el elenco, donde he podido conocer colegas maravillosos, como por el equipo técnico de primer nivel. Estamos todos bien alineados en entregar un producto de calidad que encante nuevamente a la audiencia de este horario, y eso ha generado un muy buen ambiente de trabajo. Además ha sido una muy buena experiencia para seguir desarrollándome actoralmente, así que estoy muy contento de esta oportunidad”, cuenta el actor.

Hoy da vida a Igor Ramírez, un simpático taxista que está enamorado de “la colombiana” (Elizabeth Minotta). En sus palabras, Igor es un hombre de muy buen corazón, cercano y que es capaz de relacionarse con todo el mundo, características que siente que comparte con él. “Me considero una persona bien sociable, muy libre de juicios, y en ese sentido me siento muy conectado con Igor, y bueno, creo que también tengo buen corazón, creo…” (ríe). Para preparar su personaje se metió de lleno en el mundo de los taxistas, porque “a pesar de que las personas no son sus profesiones, sí las condicionan”, dice.

Y en esa búsqueda se encontró con que, claro, son personas que pasan mucho tiempo sentados, pero que se relacionan con mucha gente, entonces tienen una ductilidad muy grande. “Por ahí fui armando mi personaje, traté de que fuera bien cercano. Ha sido muy bonito porque Igor me ha permitido conectarme con otro abanico emocional y ha sido un lindo desafío ver cómo llevar esas emociones a la escena para hacerlas creíbles”, dice.

En cuanto a la exposición y la “etiqueta de galán”, Eyal prefiere irse con calma. “Voy paso a paso, porque en el caso de las teleseries el nivel de exposición es muy fuerte, pero al final uno sigue siendo el mismo, y ese es mi cable a tierra, yo sigo haciendo mi pega nomás, y voy de a poco aprendiendo a relacionarme con esas consecuencias que genera esa exposición”, explica.

“Para mí lo más importante es la versatilidad, que uno se pueda mover por diferentes abanicos con la mayor verdad posible, y no encasillarme en estas etiquetas. En esta pega es superfácil desenfocarte, porque puede generar muchos cambios rápidos en tu vida, pero yo trato de no enganchar con eso, voy paso a paso y con la mayor flexibilidad posible con lo que la vida me va ofreciendo”, sentencia.

Además de las grabaciones, Eyal arrienda un espacio para practicar kalaripayattu tres veces a la semana junto a un grupo. “Tengo hartas ganas de volver a India, porque la idea es seguir avanzando, esta es una disciplina que tiene muchas etapas de desarrollo”.