Entrevistas

Felipe Tamayo

Reparte su tiempo entre los pedidos de su pastelería Cabro Cocina y la comunidad que ha construido en torno a ella, donde tiene más de cinco mil seguidores que semanalmente esperan sus recetas. “Siempre he tenido una filosofía colaborativa y soy superconsciente de que no estoy solo en esto, por eso intento darles el tiempo que se merecen a ambos proyectos”, dice.

  • Patricia Morales

Compartir vía email

Foto: Jaime Palma

Cuando Felipe (27) salió del colegio estudiar cocina no era el boom que es hoy, por eso no se atrevió a dar el paso y se matriculó en odontología. “En mi familia hay muchos profesionales del área de la salud, y elegí algo que fuese conocido, pero al poco tiempo estudiando me di cuenta de que algo no cuajaba”, cuenta. Era tan evidente que su elección no había sido la correcta que sus compañeros bromeaban con que iba a tener que poner una pastelería con una clínica en el segundo piso, “haciendo las caries abajo y arreglándolas arriba”, recuerda riendo. Finalmente eliminó el segundo piso de sus planes y se inscribió en Culinary para hacerse cargo de su pasión.

Desde la escuela le interesó más la cocina dulce que la salada (en términos laborales, porque en lo personal le tienta mucho más un barros luco que un brownie), y empezó a hacer tortas a pedido. “Me encargaban las amigas de mi mamá o algunas conocidas, y cuando pasaban el dato decían ‘conozco un cabro que hace tortas superricas’”, cuenta. Así nació cabrococina.cl, una pastelería virtual donde Felipe, además de vender sus productos a pedido, ha creado una comunidad con más de cinco mil seguidores en Instagram que semanalmente esperan sus recetas. “Siempre he tenido una filosofía colaborativa, la comunidad bloguera ha sido muy buena onda conmigo, por eso no me interesa esconder mis recetas; al contrario, pienso que para mis clientes sería una lata que toda mi comunicación sea vender y vender, así que es parte del marketing de la marca armar comunidad en torno a algo un poquito más grande”.

Rica, simple y bonita

Estos tres conceptos están plasmados en cada una de las preparaciones de este joven chef y además los lleva -literalmente- tatuados en su brazo izquierdo. “Muchos me preguntan por qué no me tatué Cabro Cocina, por ejemplo, y es porque más allá de la marca que tenga, la filosofía de cualquier proyecto que emprenda va a ser este. Una cocina donde todo es rico, que además entre por la vista y, muy importante también, que sea fácil de hacer para que quienes me sigan puedan prepararlas. En mi blog nunca vas a encontrar una receta con 57 pasos o con ingredientes ‘raros’. A veces tengo pesadillas con que la gente me llama y me dice que algo no le resultó, pero siempre estoy disponible para responder dudas. Voy conversando con la gente y me encanta que me hagan sugerencias, porque como yo estudié a veces paso por alto conceptos culinarios que para alguien que no es del rubro no son evidentes.

¿Tienes planes de internacionalizar tu carrera? Más adelante. Por el minuto tengo muchas ganas de viajar, pero para comer más que para trabajar. Me encanta probar, toda la vida he sido goloso y encuentro que así uno va entrenando el paladar, se aprende mucho. Cualquier buen cocinero en el mundo ya tiene un libro que te puedes comprar, hay tanto conocimiento disponible, que solo hay que estar dispuesto a absorberlo.

Su blog y cuenta de Instagram @cabrococina son los canales de venta y comunicación, y donde Felipe semanalmente va compartiendo recetas y recibiendo pedidos.