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Faja

En los 50, los trajes de cóctel estilo New Look incorporan anchas y trabajadas fajas para acentuar la cintura de avispa en boga.

  • Pía Montalva

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Foto: Roksanda, Primavera-verano, 2017.

Accesorio que se lleva ceñido alrededor de la cintura con fines decorativos o funcionales. Se compone de una pieza de tela de largo y ancho variables, cuyas dimensiones, diferentes en cada caso, determinan el modo como va emplazada, los pliegues y amarras que la fijan, otorgándole gran atractivo visual, y la cantidad de tela que cuelga, por lo general, en uno o ambos costados.

Origen

La faja es, posiblemente, uno de los complementos más antiguos y recurrentes en la historia de la vestimenta. Su simpleza y versatilidad contribuyen a que pueblos muy distantes entre sí elaboren sus propias versiones de la misma. En Egipto, alrededor del siglo XII a. C., los hombres y las mujeres pertenecientes a la élite gobernante utilizan coloridas fajas, adornadas con flecos y borlas, sobre los taparrabos plegados, las túnicas transparentes y las ajustadas faldas con tirantes. En Japón, en cambio, más de veinticinco siglos después, la adopción del kimono chino impone el uso de un elemento que permita cerrarlo y mantenerlo en orden, una vez que se han cruzado las piezas delanteras, una sobre otra. El obi, profusamente decorado, marca el talle. Esta faja mide entre cuatro y cinco metros, en el caso de las mujeres, y alcanza hasta 35 cm de alto. La forma de enrollarla y anudarla define la jerarquía social de la portadora, la edad y la actividad que desempeña. Asimismo, los tipos de obi varían acorde a la estación del año o la ocasión.

Tendencia

Las fajas ingresan a las tendencias de la moda femenina occidental a fines del siglo XVIII. Al comienzo se trata de anchas cintas que se ajustan y aseguran gracias a un camafeo o broche. Más adelante, la Revolución Francesa pone de moda variantes en seda roja, atadas bajo el busto, contrastando con la delicadeza de las túnicas blancas de estilo grecorromano. Hacia 1857 las elegantes exhiben vestidos monocromáticos ajustados en el torso cuyas faldas, en extremo voluminosas, se estructuran a partir de capas de volantes. Una ceñida faja de un color diferente, que pende sobre el frente, incrementa las diferencias de tamaño entre las zonas superior e inferior de la indumentaria. En las primeras décadas del XX la faja, presente en blusas y vestidos, facilita la constitución de la nueva silueta. Señala con claridad el talle alto y aporta simultáneamente sujeción al busto, liberado de la presión del corsé.