Moda

El estilo Bardot

Fue, para millones, la mujer más bella del mundo. En su época de gloria bastaba que ella luciera un color, un motivo, un peinado o un accesorio para que instantáneamente se pusiera de moda. El libro “Brigitte Bardot: My Life in Fashion” (Ed. Flammarion) analiza por qué su estilo sigue teniendo actualidad.

  • Florencia Sañudo

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En nuestros días, con el superávit de modelos, actrices, cantantes e it girls que alimentan constantemente el amplísimo espectro de las redes sociales, es difícil comprender que hace cincuenta años apenas un puñado de hermosas mujeres atraía toda la atención de los medios: Elizabeth Taylor, Sofía Loren, Marilyn Monroe, Brigitte Bardot… Todas ellas, por cierto, eran bellísimas, sexis, sensuales.

Sin embargo, si todas eran preciados objetos de las fantasías masculinas, Brigitte tenía algo más: ella creó un estilo. Uno que simplemente no había existido antes, un estilo icónico que aún perdura y que sigue siendo asociado con la imagen de BB. Basta simplemente observar fotos de Claudia Schiffer, Gisele Bündchen, Amy Winehouse, Pamela Anderson, Kate Moss, Frida Gustavsson, Georgia May Jagger o Lara Stone y constatar cómo cada una de ellas, en algún momento, se ha apropiado de algún elemento (o más) de su inconfundible look.

En 1960, con su célebre peinado ‘choucroute’.

“Viví como quise”

Brigitte siempre fue moderna, aun si en los primeros años de su vida fue una niña juiciosa que obedecía dócilmente las órdenes de sus padres. En 1949, a los 15 años, cuando aún soñaba con ser bailarina profesional, dio sus primeros pasos como modelo en la revista ELLE (su madre era amiga de la directora), donde rápidamente se convirtió en la ‘mascota’ de la redacción. Entonces modelaba vestidos formales, por no decir pacatos, y era la imagen misma de la niña de buena familia. Pero fue gracias a esas fotos de moda que llamó la atención de los directores de cine que le ofrecieron sus primeros roles. Por cierto, ninguna de sus primeras apariciones merece ser recordada, pero fue en uno de esos rodajes que encontró a su primer gran amor, un joven actor, Roger Vadim, con quien se casaría al cumplir 18 años.

En realidad, el público recién tomó conciencia de ella en el Festival de Cannes de 1953, al que asistió con la intención de conseguir financistas para la película que había escrito su marido. Y no pasó inadvertida. Todo el mundo hablaba de la desconocida cuyo sex appeal eclipsaba a Sofia Loren y Gina Lollobrigida, y los flashes de los fotógrafos se desencadenaron sobre la jovencita de piernas eternas y minúsculo bikini (fue una de las primeras en usarlo). Brigitte encontró la celebridad y los capitalistas para el filme. Pero fue sin duda su decisión de teñirse de rubia como lo requería el personaje de Popea en La Amante de Nerón, filme al que se había comprometido previamente, que cambió para siempre la percepción que se tenía de ella. Morena era encantadora, rubia era magnífica.

Y Dios Creó a la Mujer hizo sensación en todo el mundo, desencadenando pasiones y ataques, y transformó su vida, convirtiéndola de un día para otro en una leyenda del cine. A su contenido erótico, provocador para la época, se sumó el escándalo de su romance con su coprotagonista Jean-LouisTrintignant, que puso fin a los matrimonios de ambos. Asimilada al personaje, una joven libre de todo sentimiento de culpabilidad, la bella actriz de 22 años se convirtió, casi a pesar de ella, en el emblema de la emancipación de las mujeres, de la liberación sexual, una responsabilidad de la que se desentiende. “Yo no tengo nada que ver con esas batallas. Simplemente viví como quise… y sigo haciéndolo”, admitía recientemente. Pero como escribiría en su autobiografía, debido a ese filme su imagen quedaría para siempre “asociada al escándalo, la inmoralidad, el pecado”…

Melena despeinada y ballerinas

Curiosamente, a Brigitte nunca le interesó la moda y mucho menos imponerla. Si al principio de su carrera vistió modelos de alta costura (particularmente Balmain, pero también Chanel, Dior y Givenchy), ahora afirma que siempre los detestó pues “en ellos sentía que pretendía ser alguien que no era, dura y formal”. En esa época hasta se la podía ver usando abrigos de piel. Un error de juventud. “No me daba cuenta, no sabía lo que me estaba poniendo encima. Cuando me enteré del proceso que implicaba, me dio náuseas”, dice.

Pero nunca lucía mejor que cuando se vestía como a ella realmente le gustaba. Melena rubia larga y despeinada o recogida a la sans façon, los ojos enmarcados con una gruesa línea de eyeliner negro, la boca pulposa. En cuanto a su ropa, siempre muy ajustada y muy sexi: shorts, jeans, t-shirts, pantalones pescadores, grandes escotes con sus hombros descubiertos, faldas muy angostas o muy anchas… En los años 50 lanzó la moda de los vestidos en tela vichy y las ballerinas, así como más adelante adoptaría la minifalda y las botas mosqueteras. Los directores con los que trabajaba eran conscientes de que nadie como ella sabía sublimar su propio físico y en muchas de sus películas usaba su propia vestimenta. Para La Verdad, de Georges Clouzot, compró la ropa en Monoprix, una tienda muy popular. “Ropa común que iba bien con mi personaje, que no tenía una moneda. En realidad siempre usé la moda de la calle”, dice. Pero ¡ah!, ¿quien podía combinar un sencillo pantalón pescador con una camiseta marinera como ella?

El look BB reinó durante dos décadas y devino en el más copiado del mundo, pero ella afirma que siempre fue espontáneo, jamás calculado. “Yo me vestía y me peinaba según mi deseo del momento. Solamente hacía lo que quería hacer”. Justamente, ¿su célebre peinado ‘choucroute’? “No podía hacer bien mi rodete, se me caían las mechas por todos lados y decidí dejarlas así”. ¿Su maquillaje? “Detestaba maquillarme”. ¿El estilo vichy? “Pasaba frente a la vidriera de la tienda de Jaques Esterel y vi un adorable vestido en estampado vichy, lo usé para mi boda (con Jaques Charrier, NDLR) y sin querer desaté una ola”. ¿Las ballerinas?

Las ballerinas son un capítulo aparte. En efecto, poco antes del comienzo del rodaje de Y Dios Creó a la Mujer, BB, formada en el Conservatorio de Danza de París, le encargó a su proveedora de zapatillas de puntas, Rose Repetto, un calzado para la ciudad, cómodo para caminar y para bailar, liviano y que dejara ver la base de los dedos. En resumen, una zapatilla de ballet para la vida diaria. Lo que resultó de esta idea es parte de la historia del cine y parte de la historia del calzado: el éxito fulgurante del filme, que lanzó a BB como sex symbol, debe tanto al guión como a su falda entreabierta que dejaba ver sus piernas longilíneas y sus sensuales ballerinas, que subrayaban el ambiguo perfil de la adolescente, sexi y a la vez aún niña. Las jóvenes de la época las adoraron y el modelo Cendrillon (Cenicienta), como lo había bautizado Rose Repetto, se convirtió en un fenómeno comercial y un fabuloso éxito para la marca. Brigitte, por su parte, no se separó nunca más de ellas. Más aun, si nunca fue fiel a los hombres de su vida lo fue con sus ballerinas, que la acompañaron tanto en las calles de París o de Saint Tropez, como en sus películas, desde Y Dios Creó a la Mujer hasta La Muñeca y el Bruto”, uno de los últimos, en 1970.

En La Muñeca y el Bruto, 1970.

BB y sus admiradores

El libro compila los comentarios de todos aquellos que quedaron fascinados con su belleza, de Marisa Berenson (“ella inspiró a toda una generación”) a Woody Allen (“siempre será la mujer más bella del mundo”), de Pamela Anderson (“muchas veces la imité”) a Andy Warhol (“una de las primeras mujeres realmente modernas”), entre otros, y de intelectuales como Simone de Beauvoir, Marguerite Yourcenar o el admirativo Jean Cocteau, quien afirmaba: “El destino la puso en el lugar exacto en que el sueño se junta con la realidad”. Los fotógrafos decían que era imposible hacer una mala foto de ella. “No tiene un mal ángulo, solo tenemos que apretar el disparador y ella ilumina la cámara”.

La última parte es un recorrido a través de fotos en los años 70, en los vestidos hippies que su amigo Jean Bouquin, propietario de una tienda en Saint Tropez, hacía para ella. “Él inventó una moda extravagante, que llamábamos hippie, que yo usaba con enorme alegría y que fue parte de mi imagen durante muchos años y que ahora encuentro en todas las revistas de moda”, recuerda Brigitte.

En esos años ella ya no soportaba más la atención de los medios ni ponerse en la piel de personajes. Los últimos filmes de su carrera fueron La Muñeca y el Bruto, El Bulevar del Ron, Las Petroleras (junto a Claudia Cardinale). Luego de “L’Histoire très bonne et très joyeuse de Colinot trousse-chemise” (título sin traducción), de 1973, a los 39 años, Brigitte Bardot se retiró definitivamente del cine. “Me vi reflejada en un espejo y ya no era lo que había sido”, explicaría en su autobiografía, además “no podía seguir haciendo cine tras haber descubierto la enorme angustia de los animales”. La defensa de los derechos de los animales sigue ocupando su vida.