Fetiche

Masculino femenino

Estilo de vestir que reúne en una sola apariencia elementos provenientes de códigos indumentarios propios de la cultura occidental, inscritos en diferentes épocas y tradicionalmente asociados a cada sexo. Incluye un repertorio de prendas, accesorios, telas y detalles decorativos, además de sus respectivas normas de uso.

  • Pía Montalva

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ORIGEN. Las primeras manifestaciones de esta síntesis vestimentaria se remontan al siglo XVII, momento en que un número todavía muy reducido de mujeres adopta piezas del guardarropa masculino con el objeto de pasar desapercibidas en los espacios públicos o practicar algún deporte al aire libre. Calzones, jubones, capas, botas de montar y sombreros de gran tamaño contribuyen al ocultamiento de las identidades. Hacia fines del XVIII, por el contrario, las reglas se flexibilizan. Sobre trajes de brocado en tonos pastel, floreados o a rayas, provistos de adornos blancos de hilo y encaje emplazados alrededor del escote y los puños, las elegantes llevan un redingote oscuro, de inspiración militar. El resultado de esta superposición establece un evidente limite visual entre las capas de ropa. Permite distinguir con claridad lo propio de cada sexo. La tendencia se extrema a comienzos del siglo XIX. El vestido camisa de muselina -liviano y semitransparente- incrementa el contraste con la prenda de abrigo -pesada y gruesa-, exponiendo ciertas significaciones opuestas, vinculadas a los estereotipos de género.

En la actualidad el estilo masculino-femenino refiere a un orden de género flexible respecto de los roles sociales.

TENDENCIA. Alrededor de 1885, la introducción del trotteur o traje de viaje confeccionado por Redfern, con técnicas de sastrería, anuncia un quiebre de gran envergadura. Este tipo de conjunto articula equilibradamente una levita y una falda. Divide el cuerpo en dos segmentos equivalentes. Sin embargo, la instalación definitiva del estilo masculino-femenino se produce en 1966 ligada a las propuestas de Yves Saint Laurent. El costurero presenta un esmoquin -integrado por un pantalón recto y una chaqueta de botonadura simple- que completa con una delicada blusa blanca -cuya pechera suma varias hileras de volantes ubicadas verticalmente-, una faja de seda y un rosetón de idéntico material en reemplazo de la emblemática pajarita. A partir de los 90 dicho estilo se diversifica en lo relativo a estructuras, estéticas, tejidos, complementos, adornos y combinatorias posibles.