Entrevistas

Mariana Derderian: “la maternidad es sin juzgar”

Bajo el hashtag #CadaUnoLoHaceComoPuede, la actriz manifiesta su idea de que cada madre lo hace lo mejor posible, con las posibilidades que tiene. Hoy está esperando a su segundo hijo, que nacerá en julio, sintiéndose nuevamente primeriza. Con harto humor y honestidad nos cuenta cuáles son sus miedos y cómo espera enfrentar la crianza de dos.

  • Alejandra Villalobos

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Producción Male Chahín Fotos Nicolás Abalo Maquillaje y pelo Carmen Botinelli Agradecimientos Casa La Tercera y Madremía

La hija mayor de Mariana y el periodista Francisco Aravena, Leticia, tiene un año y medio. Mariana hoy está de siete meses esperando la llegada de Pedro, y cuando le preguntamos si esto fue planeado, no titubeó: “Sí, fue superconsciente”. Aunque asume que tuvieron un pequeño error de cálculos, porque cuando tomaron la decisión Leticia tenía un año, y pensaron que entre el tiempo que les podía tomar quedarse embarazada, más los nueve meses del embarazo, Leticia ya iba a estar más grande y un poco más independiente. “Corte, me quedé esperando guagua al tiro, la Leticia tiene un año siete meses y es lo más guagua que hay. Ahora me imagino con dos y no tengo idea cómo lo voy a hacer para dormir, para lavarme el pelo, para darles comida… de nuevo me siento primeriza. Si por último el que viene hubiese sido mujer, ya tendría un camino recorrido, pero ¡es hombre!, entonces es un mundo totalmente nuevo. Creo que va a ser un año bien difícil, de harta pega, voy a necesitar mucho equilibrio, paciencia y entendimiento. Pero vamos a estar construyendo un 2020 muy bueno”, dice entre risas.

Mamá ‘millennial’

La actriz se declara una enamorada de su profesión, por lo mismo planeó tanto este período. “Cuando a uno le gusta su trabajo es difícil bajarse del carro. Por eso me di esta ventana, para armar mi familia, porque es fácil embarcarse en proyectos nuevos, siempre hay algo interesante que hacer, siempre el proyecto que viene es estimulante, es un desafío, entonces me daba terror que se me pasara el tiempo, y después mirar para atrás y decir ‘chuta, no lo hice’. Y era superprobable, porque me gusta mucho mi pega, lo paso bien, me divierte, me desafía, aprendo, me rodeo de gente increíble, entonces si ya decidía parar prefería hacer ‘la pega de una’”, dice.

Esa misma pasión fue la que la motivó para que durante su posnatal creara su canal de YouTube, Mamariana. “La maternidad es maravillosa y uno puede rayarse. A mi quizás me pasó al principio, pero después de algunos meses igual empecé a echar de menos la pega, por eso comencé a tomar pequeños proyectos, como web series, o algún proyecto con alguna marca, pero todo digital, toda una mamá millennial” (ríe). Y fue justamente en ese período en que nació su canal de YouTube. “Todo empezó con los videos de Instagram. Al principio se podían subir unos de 15 segundos, pero me quedaba corta. Después se alargó a un minuto, pero ya tenía ganas de hacer cápsulas más largas, entonces ahí chao, decidí irme a YouTube. Ahí comencé a hablar de ciertos temas de la maternidad, y me empecé a motivar, incluso como buena actriz empecé a libretearlos, pero después dije no, esto tiene que ser espontáneo”.

Hoy ¿cómo funciona tu canal, cuáles son los temas y los tiempos? La regla más básica del youtuber es subir un video semanal. Yo trato, pero no siempre puedo porque no tengo todo el tiempo que quisiera. Tengo una lista enorme con temas que quiero tocar. Y hoy es sobre maternidad, pero en el futuro puede mutar, porque yo no soy solo mamá. Me gustaría hablar de la vida misma, de lo cotidiano, pero siempre desde la comedia, la idea es reírse un poco de esto.

O sea, no vendes la maternidad como algo perfecto… Nooo, o sea, te despiertas vomitada, desde ahí para adelante, qué más te puedo decir. La maternidad de comercial no existe, y es entretenido ir contándolo con humor. Me encanta tener mi canal de YouTube, tener mi propia línea editorial, hablar de lo que quiera y cuando quiera. Es entretenido porque hay mucho feedback, entonces dices, ‘no estoy sola’. Y se ha armado una comunidad bien chora, con mamás de todo tipo y con experiencias distintas, y uno se enriquece montones, puedes sacar ideas o definitivamente decir ‘esto no lo voy a hacer’. Al final es una retroalimentación de madres primerizas que estamos bien perdidas.

¿Eres de pedir ayuda, de recurrir a tu mamá, por ejemplo? Sí, totalmente, para todo. Y también recurro a muchas amigas, aunque sus guaguas tengan un mes más que la mía, pero ya tienen más experiencia. Y también acudo mucho a mi hermana que tiene un año más que yo y tiene tres hijos, uno de seis, uno de cuatro y una que tiene tres meses más que la Leticia y que son superyuntas y las juntamos mucho. Y también llamo mucho al pediatra (ríe). Al principio era de las que pensaban ‘no me voy a transformar en esa mamá que llama por todo al pediatra’; ahora no, ya perdí ese miedo a ser la mamá aprensiva, o loca, si me voy a equivocar prefiero mil veces que sea para ese lado.


¿O sea, tratar de no caer en ese tipo de estereotipos? Sí, al principio traté de podérmela. Pero es difícil y uno es muy inexperto. Y lo que también traté, que no me duró nada, fue seguir mi vida como antes. Pensaba, está bien, soy mamá, entiendo que hay una modificación, pero yo quiero seguir viendo a mis amigas, tener un cafecito de vez en cuando, seguir haciendo mi vida, y la verdad es que es más difícil de lo que pensé, porque uno ya no es la prioridad; de hecho, pasé a un plano tan lejano o que no sé ni cuál es, ahora es como ‘acuérdate de no abandonarte’ (ríe).

En casi todas tus publicaciones utilizas el hashtag #CadaUnoLoHaceComoPuede, ¿por qué? Es que soy una convencida de que es así, que cada una lo hace como puede y con lo que tiene. Siento que todas las mamás lo hacen lo mejor posible, con las herramientas que tienen y según sus escalas de valores o lo que tú consideres que es sano o mejor para tus hijos. Creo que con el único consejo, de los miles que me llegaron -sin que los pidiera, por cierto-, me quedé con uno: mamá feliz, hijo feliz. Si a ti te hace sentido que tu hijo vea televisión, entonces hazlo. Si crees que es mejor que coma comida orgánica, también. Si quieres darle pechuga 10 años o si quieres darle solo tres, perfecto. Si se te cortó la leche, está todo bien si vas a la farmacia a comprarle un tarro. Siento que la maternidad es sin juzgar. A mí, por ejemplo, la lactancia me costó ene. Mi guagua bajó de peso de todo el gasto energético que hacía para poder tomar leche, entonces ahí hubo todo un proceso, obviamente yo quería darle pechuga, pero me metí a ver qué decía la Organización Mundial de la Salud, que recomendaban darle 6 meses, y dije Ok, perfecto, pero reconozco que no lo pasé tan bien, y al principio tenía mucha presión por ese ‘deber ser’, pero después me liberé.

¿Tu parto fue normal? Sí, normal y con anestesia. Yo llegué a la clínica superlista, y casi poseída gritando ¡morfinaaaa! Y cuando llegó el anestesista solo le decía ‘te amo’.

¿Qué es lo que más te ha gustado de la maternidad, y lo que más te ha costado? La parte linda es demasiado linda y es superdifícil de definir y describir. Solo puedo decir que es tan linda que hace que uno quiera tener otro hijo. Y creo que la parte más difícil, porque hay varias, es que uno se desconoce, porque todo es nuevo. Ahora, por ejemplo, encuentro que mi mamá es perfecta, quiero ser como ella, la miro y me dan ganas de decirle “perdón, gracias, te amo”. Es que cambia todo, la perspectiva del mundo, de la sociedad, estás más pendiente de lo que pasa, hacia dónde va el país, qué es lo que te gustaría para tu hijo, lo que no. No sé, yo pienso como a la antigua, o sea nada de lo que tengo y lo que estoy construyendo es desechable; pienso como mi abuelita, que vamos a morir todos juntos y que vamos a sobrellevar todos los problemas juntos, por eso creo que es superimportante tener relaciones sólidas y bien construidas.

¿Y Francisco ha sido un buen partner? Increíble. Siento que tengo una suerte infinita, me he encontrado con un lado de Francisco que ni él conocía, pero que ha sido para enamorarme más. Todos los puntos de encuentro y de roces se ponen a prueba cuando uno tiene un hijo. Creo que nuestro secreto ha sido decir, ‘Ok, esto es nuevo, esto es difícil, conversémoslo todo’, y nos ha funcionado superbién. Y la verdad es que naturalmente, más allá del mundo en común que tenemos, cada uno ha buscado sus espacios con Leticia.

Y tú, ¿cómo eres de mamá? Soy sumamente cariñosa, de hecho tengo que concentrarme mucho para no ser tan consentidora. Mi hermana de repente me dice ‘hey, bájale la pluma a esa niñita’, y es cierto, no quiero que mi hija se transforme en un pequeño monstruito. Pero me cuesta; ella, por ejemplo, come arriba mío siempre y tiene una silla para comer que está virgen. Y sé que es porque yo se lo he permitido… pero es que reconozco que a mí me cuesta, no puedo verla llorar, por eso es tan fundida.

Mamá sin culpas

Mariana ha subido lo mismo en 7 meses de lo que subió con Leticia en todo el embarazo, 17 kg. Pero el tema no le complica. “Tengo mucha fuerza de voluntad, y con el primero me recuperé superrápido. Ahora, dicen que con el segundo cuesta más, porque el cuerpo ya está más acostumbrado, las paredes ya cachan que es un embarazo, entonces dicen ‘chao, no vamos a dar la pelea’, así que vamos a ver qué pasa…” (ríe). Pero lo que tiene claro es que no quiere pasar este, su último embarazo -“porque hasta aquí llegamos”, dice-, privándose. “Si a las 12 de la noche me dan ganas de comer helado de manjar, lo voy a comer. De más hay mujeres que suben solo 8 kg, que le encantan las lentejas y que tienen antojo de lechuga, fantástico. Pero yo no. Pienso en hamburguesas, en ñoquis, en helados… y no es que lo piense, sino que siento que mi cuerpo lo necesita, y quiero ser supermatea y obediente con él (ríe). No, pero en serio, tengo toda la vida para volver a mi peso, para volver a entrar en mi ropa, está todo bien, no me complica el tema.

¿Pero siempre te has cuidado? Toda mi vida. O sea, yo no tengo esa suerte de comer todo lo que quiero y no engordar, no tengo esa genética. De hecho, las envidio profundamente, creo que son una raza maldita, porque yo cuando estoy flaca es porque me lo merezco, es porque detrás de eso hay sacrificio, hay una privación, hay trabajo y hay hambre (ríe).