Vida Sana

Madres del 2017: a mí manera

Cuando una mujer está informada es libre y capaz de sacar su sabiduría innata, dejarse llevar por el poder de su cuerpo para encontrar la mejor manera de parir, amamantar y criar. Así es la maternidad hoy, una experiencia personal y colectiva donde cada una cría como mejor puede.

  • Patricia Morales

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Hablar de cómo ha cambiado la maternidad en nuestro país durante las últimas décadas inevitablemente nos lleva a repasar los cambios que ha experimentado el rol de la mujer en la sociedad, su lucha por la igualdad jurídica y política y por el acceso paritario al mercado laboral. Fue en la primera mitad del siglo XX cuando se creó el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, el que, apoyado en las primeras generaciones de mujeres que accedieron a estudios superiores y también en mujeres trabajadoras, facilitó la participación femenina en el ámbito público y al mismo tiempo visibilizó demandas como la protección de la maternidad obrera -preocupación por la asistencia del parto, respeto al período de lactancia y el cuidado de los hijos- para el creciente segmento de trabajadoras en el país.

Este fue uno de los primeros indicios de lo que sería hasta hoy, pleno siglo XXI, la gran problemática de las mujeres, cómo combinar trabajo y maternidad. La psicóloga infanto-juvenil Varinia Signorelli, quien además trabaja con mujeres puérperas y es creadora del blog supermadre.net, explica que es justamente el ingreso masivo de la mujer al trabajo el primer gran cambio en la forma de criar que tenían las chilenas. “Antes las mujeres se acompañaban en este proceso, en un acto mucho más mamífero; tal como si fueran manadas, amigas, hermanas y abuelas estaban presentes, se acompañaban en la etapa posparto. La dinámica que se da en la mayoría de los trabajos es totalmente opuesta, en ese ámbito predominan el individualismo y la competitividad, y al meternos en ese lenguaje perdemos el otro que es más natural”, dice.

Los principales afectados con esta situación, además de la mujer, son los niños. La psicóloga clínica Leslie Power explica: “El trabajo está hecho con leyes masculinas que no consideran los ritmos reproductivos de las mujeres, que se tienen que adaptar a estas leyes dejando a sus hijos al cuidado de terceros, muchos de ellos institucionalizados tempranamente (en jardines y salas cuna), lo que podría influir al momento de generar un vínculo enriquecedor y de protección hacia el menor”.

Criar en la sociedad de la información

En el sitio web eligeeducar.cl hacen referencia a una nota del Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard que dice que “las primeras experiencias en la arquitectura del cerebro hacen que los primeros años de vida (de 0 a seis años) sea un período de grandes oportunidades y gran vulnerabilidad para el desarrollo del cerebro“. Se ha descubierto, por ejemplo, que la región orbitaria frontal del cerebro, encargada del manejo del estrés, se desarrolla con mayor velocidad en esta etapa y que por tanto lo que suceda allí dejará una marca en el desarrollo cerebral del bebé. “La ausencia de una figura adulta que contenga a los niños en una situación de inestabilidad emocional aumenta las hormonas del estrés, como el cortisol, y su cerebro no es capaz de metabolizarlo”, explica Varinia. Y agrega: “Este tipo de información en la época de nuestras abuelas, incluso madres, no se conocía o al menos no masivamente. Con el conocimiento del funcionamiento cerebral se da un nuevo giro en la forma de criar”.

Si a esto le sumamos el aumento del acceso a internet y la masificación de las redes sociales, nos encontramos con madres que a diario están bombardeadas de información sobre crianza. “Las redes han ocupado el lugar de lo que antiguamente era la plaza pública en el ámbito de la educación. Han hecho que las mujeres se puedan educar con fuentes científicas acerca del poder de su cuerpo y busquen maneras más sanas -para ellas y para sus hijos- de parir, amamantar y criar”, explica Leslie Power. Sin ir más lejos, en nuestro país cada vez son más las madres que deciden educarse e informarse en torno a la filosofía del nacimiento y muchas de ellas optan por el parto natural -sin grandes intervenciones médicas- como la mejor alternativa. “Cuando una mujer está informada es capaz de rescatar su sabiduría innata y elegir lo que más le conviene al momento de parir, amamantar y criar”, afirma la matrona Pascale Pagoda, quien además es Diplomada en Apego Seguro de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica.

Asimismo han entendido la importancia de estar acompañadas. El peor enemigo de la crianza es la soledad, por eso son tan importantes las redes, los círculos de mujeres, estar en contacto con otras. El año pasado el diario argentino El Clarín publicó un artículo titulado ‘El boom de las tribus de madres’, donde la psicóloga docente de la cátedra de niños y adolescentes Ivana Raschkovan explicaba esta tendencia argumentando que “salir al encuentro de otras mamás, escuchar las experiencias de otras mujeres que ya han atravesado o están transitando las mismas vivencias afectivas, que comparten sus consejos, sus miserias y sus miedos, brinda un marco de sostén y referencia emocional que muchas veces sobrepasa la contención que puede brindar una pareja”. Por algo en la historia de la humanidad las madres nunca criaron solas, la experiencia se transmitía por generaciones, que es lo que muestra esta tendencia, la necesidad de volver a aquello que perdimos cuando comenzamos a ganar otros espacios en la sociedad, un reencuentro con nuestro lado mamífero.

Cada una hace lo mejor que puede

El exceso de información también tiene un lado B, porque si bien hay muchos artículos de médicos o especialistas que entregan informes científicos sobre distintos ámbitos de la crianza, también han surgido muchos blogs o sitios donde madres cuentan sus experiencias personales, que inevitablemente derivan en odiosas comparaciones y juicios. Por lo general a la mujer se le exige mucho, en vez de protegerla y permitirle que ocupe el ciento por ciento de su tiempo en su hijo recién nacido. “Hay que dejar de idealizar la maternidad, porque mientras más se idealiza, más solas nos quedamos. Se da por entendido que somos ídolas y no lo somos”, dice Leslie Power. Y agrega: “Yo como psicóloga clínica tengo el deber de explicarles a las madres con las que trabajo, por ejemplo, que la leche materna es el mejor alimento para un recién nacido porque así se ha comprobado científicamente, pero si una madre decide no dar pecho, ni yo ni nadie la puede juzgar”.
Hace un par de años era más frecuente leer calificativos de buena o mala madre por seguir una u otra corriente de crianza. Hoy cada vez son más los sitios que abogan por una maternidad sin comparaciones ni exigencias, que no pretenden imponer verdades ni dar lecciones, sino que simplemente quieren compartir su experiencia con otras madres. “Cada uno vive la maternidad como puede y no conozco a ninguna mujer que encuentre que todo es color de rosa. Por eso es importante visibilizar nuestras experiencias, buenas y malas, para que cuando a otras les pase, no piensen que son malas madres”, dice Varinia Signorelli.

El blog lamaternal.com lo define de muy buena manera. “La maternidad es una experiencia personal y al mismo tiempo colectiva: personal porque se vive de una manera única, privada e incomparable. Y colectiva, porque es a través de redes que la vivencia de una maternidad feliz se hace más sostenible y sustentable”. Sin juicios y con mucha compañía.